Invierno demográfico. Ya lo advertía hace décadas el Profesor Piédrola. Más de nueve millones de personas mayores en nuestro país y de ellos casi tres millones mayores de ochenta. El envejecimiento del envejecimiento como se ha venido a denominar. Y frente a este reto demográfico las residencias de mayores cumpliendo con esa labor sociosanitaria que es atender y cuidar a nuestros mayores dependientes.

En este ambiente turbulento que es el día a día del coronavirus, las Residencias de Mayores se han convertido en portada de los titulares de prensa con tristes noticias que me resisto a cuantificar en este artículo. No por olvido o por resignación, si no por la rabia contenida frente a ese enemigo invisible y mortal que es el coronavirus y contra otro visible pero igualmente letal que está resultando ser el Gobierno de España.

Y digo esto porque el hecho de que nuestro país tenga la tasa de mortalidad más alta del mundo de coronavirus, tendrá que ver sin duda alguna con el elevado número de mayores fallecidos y con la acción o inacción de quien tiene la obligación de tutelar y promover el bienestar y la vida de nuestros mayores. Para algo existen el Ministerio de Sanidad y el de Derechos Sociales.

Su inacción, justificada y basada en un análisis manipulado de la realidad epidemiológica fue, como sabemos, la estrategia durante semanas. La quietud sabiendo desde el inicio de la vulnerabilidad de las personas mayores fue la respuesta a nuestros mayores por parte del Gobierno. El olvido de los miles de mayores usuarios de las residencias la consecuencia. El triste resultado todos lo sabemos.

A los tres meses de irrumpir la pandemia en nuestro país, el Ministro de Sanidad se ve obligado a dictar una Orden, un modelo de notificación de casos, que permita conocer los infectados y fallecidos por coronavirus en todo el territorio nacional. Por tanto, a fecha de hoy desconoce la realidad de la pandemia de coronavirus en nuestro país. Es decir, todas las medidas preventivas han sido tomadas desde la improvisación, lo que explica el drama que estamos padeciendo. Cualquier plan que nos quieran vender referente a un futuro desconfinamiento es, a fecha de hoy incierto y por lo tanto un riesgo que pone en peligro la recuperación de la normalidad. Para colmo los ministros de Sanidad y Portavoz(a) han justificado este desconocimiento de la realidad haciendo gala de una torpeza tan manifiesta que cuesta pensar que sea accidental.

Como se desconocía la realidad, no se optimizó el confinamiento de nuestros mayores en sus Residencias como estrategia de protección permitiendo por el contrario que éste se convirtiera en su peor y más letal aliado. No se puso el foco, la atención, en nuestros dependientes. No se hizo lo posible y lo imposible para que el coronavirus no entrara en ellas.

Tuvimos que esperar al estado de alarma para que se limitara la entrada de visitas a las residencias, medida de salud pública que hubiera contribuido sin duda a evitar que uno de cada tres mayores fallecidos viviera en una Residencia.

Se nos tendría que justificar porque estos Centros, sociosanitarios por definición, no recibieron apoyo sanitario externo, asistencial y preventivista inmediato, quedando la responsabilidad de afrontar la crisis sobre los profesionales del Centro a sabiendas de sus limitaciones.

La tardanza en intervenir fue tan grotesca que cuando la UME recibió la orden de desinfectar los Centros todos sabemos el penoso panorama que encontraron.

Lo único que no hace falta explicar, porque lo estamos viendo, es el por qué no se doto de equipos de protección a los trabajadores de las Residencias, de la información adecuada y de test de detección cuando era la prioridad inmediata para reducir la mortalidad por coronavirus. Todos sabemos por qué y por eso la Fiscalía debería de investigar, no sólo a determinadas residencias, acción que si se hace con criterio y sobre todo con independencia es incluso exigible. Sería higiénico, democráticamente hablando, que esta misma Fiscalía actuara también frente al propio Gobierno, aunque solo sea para darle la oportunidad o, mejor dicho, para obligarle a dar explicaciones ante la Justicia.

De momento, en el ambiente flotan demasiadas preguntas, demasiadas cosas hechas tarde y mal y muy pocas y vagas explicaciones frente a tanto despropósito. Por lo técnico podría explicarlo como una consecuencia de la dualidad de Ministerios. El de Sanidad por un lado y el de Derechos Sociales por otro, lo que impide abordar globalmente los problemas de salud y los sociales desoyendo el principio básico de que todo problema de salud comparte un problema social y viceversa.

Pero la realidad no se explica con este argumento, aunque debería tenerse en consideración. La realidad es que una nefasta gestión ha convertido a los mayores en general y a los que viven en Residencias en particular, en los ciudadanos más indefensos. Y con ello ha quedado patente que para el gobierno de España los mayores no pasan de ser números.

Y termino el articulo con el dolor por nuestros mayores que ya no están y lleno de rabia porque nuestra Patria tenga la desgracia de que esta crisis haya caído en manos de un mediocre aficionado a las tesis doctorales y de un perroflauta con coleta a la postre ministro de Derechos Sociales al que ni se le ve ni se le espera y que ha preferido promover ideológicamente un ingreso mínimo clientelar antes que dejarse la piel protegiendo la vida de miles de mayores.

Dr. Carlos Navarro Arribas

Inspector Médico

Médico Titular de Sanidad Exterior