Reiterar datos que, a estas alturas de la pandemia, confirmen que las personas mayores está siendo uno de los colectivos más afectados por la Covid-19 es una obviedad porque las cifras hablan por sí solas. En todo caso, el análisis de cómo la pandemia ha impactado sobre las personas mayores va más allá de un triste número elevado de fallecimientos, pues la Covid-19 ha sacado a la luz numerosas cuestiones a tener en cuenta de cara a brindar a los senior la atención que precisan.  
 
Ante esta realidad, la formación de los profesionales que atienden a los mayores es una de las materias sine qua non para garantizar un cuidado de calidad. Conscientes de esta necesidad, desde el Ineava, centro de rehabilitación neurológica avanzada, se han puesto en marcha formaciones destinadas a este sector, como es el Curso ‘Acompañamiento a las personas mayores en residencias’ que se está desarrollando en estos momentos.
 
El director del Ineava, José María Rey, explica a entremayores que esta formación “tiene un doble objetivo: por un lado, ayudar a los profesionales que trabajan con mayores, a  interpretar y enfrentarse de una manera adaptativa a la complicada situación que ha generado la pandemia de Covid; y, por otro lado, proporcionar a esos mismos profesionales, herramientas que les permitan realizar un acompañamiento emocional a las personas mayores que cuidan”.
 
Precisamente, Rey comenta que desde el centro tienen claro, y más en un momento como el actual, que “la formación es la única manera posible para hacer avanzar un sector, incorporar y difundir nuevas ideas, nuevas técnicas y métodos de trabajo”. Y añade que “una vez hayamos decidido los cambios a introducir en la manera que atendemos a nuestros mayores, habrá que utilizar la formación de los profesionales,como palanca fundamental para implantar esos cambios a una velocidad razonable y con una determinada calidad”. 
 
Estefanía Martín, secretaria de la Asociación Española de Psicogerontología, y la psicóloga experta en duelo del Instituto Regenera, Vera Santos, son las encargadas de impartir esta formación en la que, como ellas explican, es preciso profundizar.
 
En el contexto actual, comenta Estefanía Martín, “una de las peores consecuencias para algunas personas mayores es el dolor por la pérdida de algún ser querido durante este tiempo de pandemia (pareja, hijos, hermanos, compañeros de residencia, etcétera). También las secuelas por la enfermedad pueden estar vivenciándose como un auténtico duelo”.
 
Por otra parte, la experta detalla que “el alargamiento del confinamiento vivido en las residencias, en términos generales, está afectando a todas las dimensiones: a nivel físico (disminución de funciones motoras, carencia de vitamina D, problemas de sueño, empeoramiento de sus afecciones previas…); a nivel social (reducción de contactos sociales, merma del apoyo de las familias, perdida de roles, soledad…); y a nivel cognitivo-emocional (declive de las funciones cognitivas por falta de estimulación en especial en las personas con algún deterioro previo; desorientación ante los cambios de rutinas, hábitos o espacios; trastornos obsesivos e hipocondriacos; miedos, tristeza, desmotivación vital, indefensión, etcétera)”.
 
CAPACIDAD DE ACEPTACIÓN
El hecho, por lo tanto, de no poder ver a sus familiares –algo que empieza a cambiar con el avance de la vacunación– y el largo confinamiento al que se han enfrentado los mayores institucionalizados les han afectado enormemente pero, sin embargo, a lo largo de estos meses, los expertos han querido poner de manifiesto la gran capacidad de resiliencia y adaptación de este colectivo ante unas circunstancias tan adversas.
 
“Su capacidad para tolerar y regular sus emociones está, en general, más entrenada que las personas que pertenecemos a otros grupos de menor edad. El tiempo y la experiencia de vida son una fuente de entrenamiento para fortalecer nuestro músculo emocional. Las vivencias sociales e históricas que vivieron como generación les ha posicionado, cada uno a su manera, a vivir estados emocionales difíciles y dolorosos”, argumenta Vera Santos.
 
 “Ellos pueden hacernos de espejo: lucharon, sufrieron, vivieron y hoy están aquí, viviendo la crisis. Algunos con mucho dolor, otros en calma y en paz, otros señalándonos que todo irá bien. Pero todos ellos nos dicen, de una manera u otra, que todo pasa y que todo es transitable. El dolor se transita caminándolo y poniendo consciencia en él. Es, entonces, cuando puede emerger la capacidad de resiliencia, la capacidad de aceptación e integración de la realidad”. 
 
Coincide en ello su compañera, que expone que “debemos alegar que las personas de edad suelen tener una buena capacidad de adaptación a los cambios, son la generación que ha pasado de vivir sin luz a manejar televisiones y teléfonos inteligentes. Además, por la mayor vivencia de experiencias, su capacidad de resiliencia ha sido entrenada, y han pasado inevitablemente por duelos ante sus pérdidas previas”.
 
Martín y Santos expresan, en esta entrevista, que el acompañamiento es esencial y necesario en las residencias, pues afrontar una situación como esta puede ayudar a los mayores a prevenir otros trastornos como, por ejemplo, el estrés, los cuadros de ansiedad, la agitación, el aislamiento emocional o, incluso, la depresión.
 
“Soy consciente –declara Santos– de que a veces hacer esto es imposible en muchas residencias, ya que los recursos humanos y organizativos existentes en la actualidad son incompatibles con lo que sugiero. Me consta que los profesionales de la residencia están sufriendo, en general, tanto o más que las personas mayores. El impacto psicológico para ellos y sus duelos también hemos de hacerlos visibles. Y también deben ser atendidos y debidamente acompañados”.