El CSIC, ha hecho público un informe que resume el conocimiento científico sobre la Covid-19 y los proyectos de investigación en marcha y aunque pueda resultar un ladrillo a la hora de leer, por el carácter académico y extensión del informe, es un punto de referencia de conocimiento científico a tener en cuenta para que todos, expertos oficiales incluidos.

Recientemente, Antonio Zapatero ha sido entrevistado en esRadio, y lo cierto es que el CSIC le contradice bastante. Empecemos revisando alguno de los puntos.

La vuelta al colegio es segura

Afirma el viceconsejero, haciendo referencia a las medidas tomadas, algunas más folclóricas que efectivas como la limpieza de las aulas, obviando qué va a hacer con la ventilación, cómo va a garantizar que el colegio y de paso todos los demás edificios de la CAM van a garantizar que la ventilación cumple con los criterios de la REHVA para que la probabilidad de que se produzca un contagio, no vaya más allá de lo inevitable. Ver esta infografía que resume muy bien la guía.

El CSIC, en su informe, deja claro que la probabilidad de contagiarse en el interior de un edificio es 20 veces superior. La canciller alemana, Ángela Merkel, ha puesto como prioridad para este curso político los edificios públicos, lo que evidencia el riesgo no mitigado que encierran en su interior las aulas.

Aunque Moncloa, en un ejercicio de esquizofrenia, afirme que la transmisión por aerosol no es relevante en su página web:

¿Cómo protegerse y proteger a los demás?

De acuerdo con los conocimientos científicos disponibles, la transmisión se produce por contacto directo con las secreciones respiratorias de una persona enferma. Su contagiosidad depende de la cantidad del virus en las vías respiratorias del transmisor. Estas secreciones pueden infectar a otra persona si entran en contacto con su nariz, sus ojos o su boca. Existe transmisión de la infección a partir de casos asintomáticos o casos en fase pre-sintomática. Se considera poco probable la transmisión por el aire a distancias mayores de 2 metros.

El mismo gobierno, a través del IDAE, perteneciente al pomposo Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, presidido por la vicepresidencia cuata del gobierno, Teresa Ribera, afirma lo contrario en la guía titulada MECANISMOS DE TRANSMISIÓN DEL SARS-CoV-2

Transmisión aérea: La transmisión aérea por aerosoles (gotas pequeñas, micro gotas menores de 5 micras) se produce por partículas que permanecen suspendidas en el aire durante un tiempo variable, a una distancia mayor de 2 metros y especialmente en lugares cerrados con ventilación escasa. Estos aerosoles pueden generarse a partir de la evaporación de gotas mayores y también cuando se habla o se respira.

Es decir, aunque Moncloa lo niegue, su ministerio afirma que la transmisión aérea existe, señalando la relevancia de la ventilación y que el virus se puede transmitir a más de dos metros durante más de tres horas, apuntillando el CSIC, que la contagiosidad es 20 veces superior en el interior que en el exterior, lo que nos permite concluir, sin mucho margen para el error que las aulas, por cuestiones de ventilación, y concentración de niños son lugares de alto riesgo de contagio por coronavirus, desmintiendo así el mensaje oficial de que no son lugares de riesgo. Se bajaría mucho ese riesgo si se combatiera con ventilación la causa de mayor probabilidad de contagio, aspecto que no parecen garantizar, a juzgar por la propio propaganda oficial. 

Nos ha hablado de los rastreadores

Ha contado que van a contratar más rastreadores, como si eso garantizara algo. Lo importante, como el CSIC señala, es hablar de tiempos de respuesta del rastreo al que el CSIC hace referencia fijando en 1 día. También tendrían que mencionar qué porcentaje mínimo de contactos contagiados a detectar que no debería ser menor del 80%. Sobre eso hay un silencio oficial, sepulcral. Los expertos gubernamentales prefieren hablar de recursos más que de resultados, algo típico de la mentalidad burocrática, funcionarial, lo que conduce al derroche económico y a la ineficacia.

Impedir las reuniones sociales

Es una de las medidas de las que nos informa el viceconsejero y, de nuevo, no distingue entre reuniones en exteriores e interiores, donde el CSIC, nos habla de que la probabilidad de contagio en interiores es 20 veces superior que en exteriores.

Parece cada vez más claro que los super-contagios son mucho más probables en interiores que en exteriores, tal como apunta el CSIC con ese factor de 20. Esto encaja con la distribución de los contagios no es uniforme. Sabemos que cada persona, con inmunidad nula, contagia entre 2 y 3 personas de media. Todo parece indicar que el 70% de los contagiados ¡no contagia a nadie! Que el 10% contagia al 80% y que el 20% contagiaría a otro 20%. Teniendo en cuenta esto y combinando con el factor de 20, tendríamos que un 10% de personas contagia 20 veces más que el otro 20%. La pregunta es obvia:

¿Qué pasa si ese factor de veinte que se contagia más en interiores que en exteriores, lo redujeramos a 1, como si estuviéramos en la calle?

Si suponemos un número de reproducción básico de 3 que da lugar a un crecimiento explosivo de los contagios, con unos sencillos cálculos vemos que lo reduciríamos a 0.4, muy por debajo de 1, lo que llevaría a una mitigación de los contagios superior a lo que tuvimos durante el confinamiento.

Es decir, bajaríamos del 3 al 0.4 el valor del número reproductivo básico, con la caída en picado de la curva de contagios

¿Qué nos impide tomarnos el tema de la ventilación en serio, tal como hace Ángela Merkel?

Test rápidos

Aquí todos parecen coincidir en la importancia de los tests rápidos y baratos, para poder hacer tests masivos. Parece algo lógico que nadie cuestiona. Quizás sólo se cuestione cuánto se puede sacrificar de precisión en beneficio de la rapidez y, en esto, el criterio médico y el de la mitigación de los contagios, no coinciden.

Lo que todos están ignorando, quizás porque no tengan un simulador como el que he desarrollado, es el llamativo efecto en la reducción de contagios que tiene la combinación de cribado masivos con el rastreo digital con un 80% de prevalencia y un tiempo inferior de respuesta de dos días.

Veamos. Este es el gráfico de la evolución del contagio en España si no se hubiera hecho nada

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Como se puede ver, en unos cuatro meses se hubiera acabado y habríamos tenido un pico tan enorme que hubiera provocado muchísimos más muertos.

Si hubiéramos hecho un buen rastreo (detección del 80% de los contagiados por los contagios detectados y con una respuesta de 2 días o menos) hubiéramos tenido un buen control, aunque con más incidencia que con el confinamiento total, tal como se puede ver en la siguiente figura

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La línea gris, marca el número de contactos contagiados aislados por el sistema de rastreo. El pico es de unos 30 mil.

En la figura, cuando bajan los contagios, al final de la curva, he quitado los rastreos con lo que se puede observar un ensanchamiento de la curva. El final hubiera llegado pasados 6 meses.

¿Qué pasa si sólo se hubieran hecho tests masivos?. Lo vemos en la siguiente figura.

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Sólo he puesto la parte inicial porque, al igual que ocurría con la evolución libre, los contagios se disparaban y sus efectos, que he remarcado en círculos rojos, apenas se aprecian. Si se observa con detalle, se puede apreciar que el efecto de cada cribado es un ligero desplazamiento (de unos dos días) en la curva.

Lo que es sorprendente es el resultado que se obtiene si combinamos las dos estrategias anteriores: la de tests masivos y rastreo digital eficaz. El resultado no tiene nada que ver con ninguno de los anteriores. Ver el siguiente gráfico.

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Con esta técnica la respuesta al control de contagios resulta espectacular.

He dejado que los contagios descontrolados hasta llegar a la cifra alcanzada en los primeros días de marzo.

A continuación, sin mascarillas, sin confinamientos, sin cierre de edificios ni de escuelas, es decir, con todo igual, pero haciendo el rastreo digital combinado con los tests serológicos, he obtenido ese resultado tan espectacular, con el que los contagios se mantienen muy por debajo de lo que ocurrió durante el confinamiento.

¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué funciona tan bien?

Muy sencillo, aunque resulte poco intuitivo. Cuando hacemos los tests y aislamos los positivos, se produce una pequeña bajada de los contagiados como ocurría con los tests, pero dos días después al aislar los contactos de los contagiados, se ve un fuertísimo pico de esos contactos aislados (color gris) que supera en mucho a los que se detectan diariamente y es entonces cuando se produce la caída vertiginosa de contagios que se observa en las curvas naranjas (contagiados), para volver a subir como antes. A este fenómeno se le llama sinergia: el rastreo digital combinado con el cribado de tests, se combinan para ofrecer un resultado muy superior al que se obtiene por separado.

En la primera parte del gráfico, con el cribado semanal, prácticamente se reduce a cero los contagios, por lo que he dejado que evolucione sin cribado, sólo con el rastreo, hasta que se alcanza los 200 mil contagiados acumulados (reales), curva naranja continua. Como se puede observar, baja el número de contagiados hasta que vuelve a subir hasta que después de unas dos semanas, se vuelve a alcanzar esa cifra y volvemos a hacer el cribado, con nueva bajada espectacular de contagiados que vuelve a subir para caer de nuevo, cada vez más tarde que la anterior y, lo hace tanto, que retiro el rastreo (curva gris cae a cero) y se vuelve a dispararse el número de contagiados (último pico). Para frenarlo, reactivo los rastreos y hago otro cribado con tests, cayendo de nuevo de forma espectacular los contagiados, tanto que al quitar de nuevo el rastreo digital, la pandemia remite definitivamente, después de año y medio, sin haber cerrado la economía, sin confinamientos, sin restricciones de contactos, sin mascarillas, sólo con rastreo digital eficaz factible y tests masivos, mantenemos los contagios controlados hasta conseguir la inmunidad de rebaño acabando así con la pandemia.

La tecnología digital y los tests, por sí solos, pueden controlar la evolución de la pandemia, algo que nuestros políticos parecen no poder entender por cuestiones relacionadas con su capacidad mental para analizar aspectos que son innovadores. Estoy seguro de que para la próxima pandemia, si tarda más de cien años, ya lo harán. Lo triste es que hoy se puede hacer mitigando muchísimo los efectos adversos de la pandemia, pero los rasgos intelectuales de nuestros políticos, lo impide.

 

Unidad política. Pide la ayuda de todos

El viceconsejero hace una llamada sobre la unidad, como si ésta fuera un bien por sí mismo. Estaremos de acuerdo que ir hacia la ruina todos unidos, no es necesariamente bueno, más bien lo contrario. A mí me gustaría que en Madrid se hiciera todo bien, aunque el resto de España se empeñara en hacerlo fatalmente mal. Seguro que a los que viven en otras comunidades, preferirían que fuese al revés. En cualquier caso, si tenemos diferentes estrategias y unas funcionan mejor que otras, los que lo hacen peor, siempre podrían imitar a los que lo hacen mejor; aunque el narcisismo político no parece facilitar la imitación de los que lo hacen mejor.

Habla de expertos en medicina, olvidándose de otras disciplinas de la ciencia que tanto han aportado en tiempos pasados cuando la medicina estaba mucho peor que ahora.

Donde la medicina no llega, otras disciplinas de la ciencia pueden ayudar y mucho con soluciones alternativas, siendo el estudio estadístico de los datos de contagios, una disciplina que ha ayudado y puede ayudar muchísimo. Un caso claro es el avance en la lucha contra el cólera. Se pensaba que las personas se contagiaban por el aire, hasta que a un estadístico se le ocurrió hacer un mapa de los sitios donde se producían los contagios hasta que se dio cuenta de que todos giraban en torno a un pozo. Este hallazgo hizo que los médicos se dieran cuenta de que se transmitía a través del agua, lo que ayudó a luchar contra esa enfermedad mucho más eficazmente, incluyendo las tareas de limpieza y depuración de aguas que empezaron a realizarse con carácter preventivo a raíz del descubrimiento.

Hoy, nuestro gobierno ha demostrado que tenemos problemas hasta para contar, lo que no es una tarea trivial si se hace con los dedos, papel y lápiz, pero que es mucho más eficaz y eficiente si se hace con métodos digitales, pero aquí nos encontramos, no con una barrera, sino con  el muro del analfabetismo digital de nuestros políticos y funcionarios, como ya veremos.

Nos dice el CSIC:

¿Estamos suficientemente preparados, como sociedad, para la llegada de una nueva epidemiología, más digital y tecnológica, que implique una transformación radical hacia un modelo de innovación abierta en salud pública?

Me gustaría saber si el viceconsejero cuenta con expertos digitales (no me valen analfabetos digitales decorativos), con ingenieros expertos en climatización y ventilación o con expertos en dinámicas de sistemas. No veo ni un ápice de ciencia relacionada con estas disciplinas ni en los infinitos mensajes ni en las medidas que proponen, evidenciando, eso sí, graves carencias que se traducen en un perjuicio innecesario infligido a los españoles en términos económicos y sanitarios.

 

Los niños se infectan menos y transmiten menos…

El viceconsejero nos ha dado unas líneas de comportamiento de la contagiosidad infantil claras, pero que no coincide con lo que dice el CSIC. Básicamente el CSIC, lo que dice es que hay informaciones contradictorias y, por lo poco que he podido comprobar, efectivamente hay de todo.

Todo esta confusión está relacionada con el conocimiento parcial en constante evolución, que tenemos de los detalles de la pandemia que son muchos y que intento sintetizar a continuación.

 

Modelo dinámico de contagio

De modo resumido podemos enumerar:

  • El número reproductivo básico (número de contagios secundarios que parten de un mismo contagiado) varía, sin medidas de contención, entre 2 y 3 de media
  • También se habla de super-contagios, de personas que contagian a cien o más, como el famoso coreano que fue visitando varios bares en una zona “socialmente sensible”. De hecho, el caso de la carnicería alemana que todos oímos, se sobrepasaron los 2 mil contagios y estaban relacionados con el aire acondicionado y la falta de ventilación del interior de la planta. Este fenómeno se ha repetido mucho, no sólo en carnicerías sino en centros de procesamiento de alimentos, prisiones, bares, etc.
  • El virus se transmite por gotitas de saliva que se producen al respirar, hablar, cantar, toser o estornudar transmitiendo una carga viral que depende de cuál de esas formas se trate. También se transmite por aerosol, que se va extendiendo por el habitáculo en el interior o se diluye en el exterior, siendo en el interior donde ocurre la mayor probabilidad de contagio, dando lugar a los super-contagios que se pueden producir incluso después de que el contagiador haya abandonado el local, ya que el virus permanece hasta tres horas en el aerosol
  • Por ese motivo, en interiores mal ventilados, la probabilidad de contagiarse se multiplica por 20 (no se incrementa en un 20%, no) Es decir que en el interior, tienes 20 papeletas para contagiarte, por cada una que tienes de contagiarte en la calle, donde no te contagiarás si no te acercas a nadie menos de dos metros durante quince minutos o más
  • El virus no es tan contagioso como percibimos. Decíamos que el número reproductivo básico está entre 2 y 3, pero no se distribuye homogéneamente. Se habla de que el 70% de los contagiados no contagia a nadie, que el 10% contagia al 80% y que el otro 20% contagia al 20%
  • El virus no daña a los infectados, por sí mismo. El cuerpo humano es capaz de acabar con él en unas dos semanas. El daño es provocado por la reacción de nuestro sistema inmune, motivo por el cual no afecta a los menores; lo que parece una paradoja, pues estamos acostumbrados a que sean los niños los más vulnerables ante infecciones por la inmadurez de su sistema inmune. Esa inmadurez, en el caso del COVID, beneficia al niño, pues al no presentar las reacciones de los mayores, se libra de sus efectos. Un reciente estudio español, ha llegado a la conclusión de que, sólo un niño de cada tres, ha contagiado a sus padres, lo que se puede explicar con la hipótesis de que el 70% de las personas no contagian, es decir, que sólo el 30% contagian. El 30% de 3, es casi 1, lo que confirmaría esa hipótesis aplicable a todos, mayores y menores. Si a alguien le resulta extraño lo dicho, piénsese que este virus proviene de los murciélagos a los que resulta benigno, lo que es muy habitual.
  • Los virus de la gripe que viven en animales, mutan con frecuencia y al saltar al ser humano no es reconocido totalmente por nuestro sistema inmune, lo que nos provoca una enfermedad que suele resultar menos grave. El problema es cuando dos virus, de los muchos que tienen las aves, combinan sus ARN para generar un nuevo virus que al saltar al ser humano, no es reconocido por su sistema inmune por lo que se vuelve mucho más dañino que en el caso de simples mutaciones. Pero para que se lleguev a producir una epidemia, es necesario que se transmita entre humanos, midiéndose su contagiosidad por el número reproductivo básico R0 del que ya hemos hablado.
  • El efecto de la pandemia, depende tanto del virus, como de nuestra reacción contra ese virus, no sólo a nivel celular sino social. El hombre viviendo en comunidad se hace mucho más susceptible a este tipo de pandemias que el que vivía en pequeñas comunidades. El aislamiento dificulta el contagio, la socialización la aumenta

Teniendo en cuenta todo esto, cabe preguntarse por qué nuestros expertos en la gestión del COVID-19 están ignorando la importancia en el control de la pandemia de los contagios en interiores mal ventilados, dejando sin atender la ventilación de interiores y por qué prescinden de la digitalización para identificar a los contactos de contagiados, garantizar el aislamiento de los contagiados, estudiar la casuística de los contagios y divulgar en formato digital (JSON, XML) todos esos datos, utilizando el MQTT, para tenerlos disponibles en tiempo real; despreciando así la inmensa ayuda gratuita que los expertos en tecnología digital podrían ofrecer si se dispusiera libremente de esa información digital, ahora inexistente, utilizando infraestructuras gratuitas que ya existen como GitHub. ¿A qué esperan para hacerlo?

Caso aplicado a un autobús.

A pesar de lo dicho, si nos vamos a la página web de Moncloa nos encontramos unas cuantas líneas dedicadas al COVID-19, para que no se pueda negar la preocupación de Sánchez por la protección de la salud de los españoles. En esa entrada nos encontramos con el siguiente texto:

¿Cómo protegerse y proteger a los demás?

De acuerdo con los conocimientos científicos disponibles, la transmisión se produce por contacto directo con las secreciones respiratorias de una persona enferma. Su contagiosidad depende de la cantidad del virus en las vías respiratorias del transmisor. Estas secreciones pueden infectar a otra persona si entran en contacto con su nariz, sus ojos o su boca. Existe transmisión de la infección a partir de casos asintomáticos o casos en fase pre-sintomática. Se considera poco probable la transmisión por el aire a distancias mayores de 2 metros.

De esa creencia, tan profunda como inexacta, calificada erróneamente como conocimiento científico, derivan protocolos de actuación concreta, como el que el gobierno tiene previsto para el transporte. En ese protocolo vemos el siguiente gráfico de como aislar los contactos de contagiados en un autobús. En esa norma se afirma, erróneamente, que ¡sólo hay que considerar como contacto de riesgo a las personas que están a menos de dos metros!

Esto es lo que se ve en el manual burocrático gubernamental, sobre los contactos de riesgo en un autobús.

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Sólo importa los que están a dos metros y, para que los muy burócratas lo entiendan mejor, les ponen dos círculos para que sepan diferenciar entre los dos metros medidos alrededor de un contagiado que esté en la ventanilla, de los dos metros medidos alrededor de otro contagiado que esté en el pasillo. De esta forma, si alguien se contagia a más de dos metros, ni se trata, ni se estudia, ni se aprende; fieles al espíritu de Sánchez.

La ciencia, en cambio, no se basa en el seguimiento de manuales ni de protocolos burocráticos ni en la palabra del líder, que generan creencias fundamentalistas compartidas, inmutables, reforzadas por arengas continuas en los medios de comunicación, imitando así a criminales de otra época que, por decoro, mejor ni nombrar. La ciencia se basa en el estudio y revisión continua de lo aprendido, así como en el rigor del método científico basado en la observación y análisis compartido de lo observado. En la siguiente figura, podemos comprobar que, en este otro caso de contagio en autobús, las cosas no son como la pintan los burócratas pseudo-expertos de Sanchez.

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Vemos que se contagiaron 23 personas, de las que sólo ocho o nueve estaban a menos de dos metros. Por otro lado, vemos también que entre 8 y 11, que estaban a menos de 2 metros, no se contagiaron ¿Por qué?

Por el efecto aerosol que se pone de manifiesto en sitios cerrados con mala ventilación como ya hemos visto. Si el autobús hubiera ido sin capota, quizás se hubiera contagiado alguno de los que estaban más cerca del contagiado, sólo esos. Esto evidencia por qué es el interior el lugar donde más se produce los super-contagios y por qué resulta capital enfocarse en garantizar la ventilación de todos los interiores utilizables por el público.

Pero hay más. En el siguiente autobús, se contagió una persona que entró 30 minutos después de que el portador se fuese. Otra evidencia más del efecto aerosol que el autobús descapotado no hubiera sufrido.

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Este caso evidencia el motivo por el que nuestros burócratas no resultan nada eficaces en la lucha contra el COVID-19, no sólo porque pasan por alto situaciones que, por pereza intelectual, les resulta más cómodo no contemplar, sino porque carecen del verdadero espíritu científico tan necesario, que les permitiría una aproximación mucho más científica, para luchar contra la pandemia estableciendo medidas eficaces que reduzcan los contagios que se producen en el interior del metro, autobús, tren, edificios, etc., qué son tan simples como la de garantizar la ventilación, pero que no por simples y baratas resultan menos eficaces.

La información en tiempo real y el conocimiento derivado del estudio de todos, así como las medidas a tomar están ahí; pero esa pereza intelectual burócrata, también conocida como inercia administrativa, se convierte en una auténtica amenaza contra la salud y el bienestar económico de los sufridos ciudadanos.

 

Indigencia digital, demencia humana

Aunque el ser humano tiene una fuerte atracción por la estabilidad, lo cierto es que la vida es cambio y evolución, y esa perversa atracción por la estabilidad nos impide la eficaz respuesta a la pandemia; todo ello, sin darnos cuenta de que la verdadera estabilidad sólo se consigue en el cementerio.

No obstante no se puede decir que todas las personas reaccionen de igual forma ante la innovación, hay de todo, y los estudiosos del tema lo han sintetizado en una curva que es muy clara.

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Hay personas que tienen un espíritu innovador y nos ayudan a avanzar en la incorporación de la tecnología digital, son los que aparecen a la izquierda y hay personas que van a la cola en innovación, que son escépticos y que no ven mayor utilidad en un smartphone avanzado que la que ve en un ladrillo; son los que aparecen a la derecha.

Una sociedad necesita de todos los perfiles, y es responsabilidad de esa sociedad, usarlos de la forma más útil posible. Lo que es una aberración es que aquellos que deberían de liderarnos en la lucha contra la pandemia del COVID-19, se encuentren en el grupo de los escépticos, porque son los más incapaces de todos en aprovechar las nuevas tecnologías en nuestro beneficio. Desgraciadamente veo en ese grupo al ministro Illa, al motorista Fernando Simón, al viceconsejero de la CAM D. Antonio Zapatero, a los políticos y a todos los altos cargos de la Administración, incluida la secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, Carmen Artigas, a la que han puesto al frente del proyecto del Radar Covid lo que resulta especialmente llamativo, pues parece como si, el que la ha puesto al frente del proyecto, pretendiera garantizar su fracaso.

Si todo esto les puede parecer un poco extremo, que no radical, déjenme que reproduzca un párrafo del CSIC, sobre este tema (Páginas 25 y 26):

¿Estamos suficientemente preparados, como sociedad, para la llegada de una nueva epidemiología, más digital y tecnológica, que implique una transformación radical hacia un modelo de innovación abierta en salud pública?

... la barrera más importante no es la tecnológica sino la humana. El problema de muchas aplicaciones (incluidas las de rastreo) es que, para ser efectivas deben ser casi ubicuas. Se caracterizan por fuertes “efectos de red”, lo que significa que su valor para cualquier usuario depende de cuántas otras personas descarguen la aplicación y la usen regularmente. Si solo una pequeña proporción de personas con las que un usuario entra en contacto está utilizando la aplicación, la aplicación no tiene valor o incluso es dañina: las indicaciones de la aplicación serán muy inexactas e incluso podrían infundir una falsa sensación de seguridad. Algunos han estimado que para que las aplicaciones de rastreo de contactos detengan el contagio, la adopción debería ser al menos el 60% de la población

Lo cierto es que no puedo estar más deacuerdo, y lamento que la Secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, Carmen Artigas, no se alfabetice digitalmente tomando nota ¿Recuerdan lo que decía del 20% de personas que debían bajarse la aplicación? Si pones al frente de un proyecto a una indigente digital, es imposible que salga bien.

En cualquier caso, todos parecen olvidar lo que el propio CSIC confirma que la mayoría de los contagios se producen en interiores. Lamentablemente, la aplicación no está preparada para esa eventualidad pues hay contagios que se producen a mayor distancia de dos metros, lo que la aplicación no detecta; mucho menos, los que se producen un tiempo después de que el contagiador se haya ido del local.

¿Se puede hacer peor el rastreo?

Obviamente no, porque tiene poco de digital y mucho de descerebramiento y de burocracia paralizante, que sólo se centran en el número de rastreadores, olvidando lo relevante: el número de contagiados detectados de entre los contactos del contagiado y del tiempo que transcurre entre el momento en el que aparece un sospechoso y el momento en que su contacto contagiado es puesto en aislamiento.

El rastreo tiene otra función importante: generar datos digitales de contactos entre contagiados y lugares donde se produce el contagio, para poder estudiar la casuística y responder a preguntas como ¿Cuál es la distribución de contagios? ¿Cómo se correlaciona con los bares, restaurantes, botellones, autobuses, trenes, aviones, colegios?

Para esto, los datos digitales son vitales y más vital, si cabe, es su formato digital. ¿Hay alguna norma que obligue a ponerlos en un formato digital Alberto y estándar, como JSON o XML, para distribuirlos digitalmente ¿Hay alguna norma que contemple la arquitectura como el MQTT, para poner a disposición de los ciudadanos, en tiempo real, esos datos que no saben ni recoger?

Toda una desidia digital, es lo que estamos viviendo y esto no parece que le preocupe a ningún dirigente. Toda una indigencia digital en tiempos en la que, esos indigentes digitales se llenan la boca hablando de la transformación digital, cuando lo urgente sería una transformación de sus mentes burócratas que padecen indigencia o atrofia digital y poder así avanzar sin el freno que ejercen los políticos.

Conclusión

Estamos haciendo una gestión muy mediocre de la identificación y seguimiento de los contagiados de la pandemia. El personal sanitario está haciendo muy bien su trabajo médico, pero los dirigentes se están olvidando de otras ramas de la ciencia que, a falta de respuesta médica efectiva, son tan importantes como la medicina, como son la ingeniería en dinámica de sistemas, ventilación y tecnología digital; pese a lo cual, han sido y están siendo ignoradas.

Como dice el CSIC, hay  dos aspectos que se está haciendo fatal: gestión de la ventilación de todos los edificios y el uso de la tecnología digital para usar en el rastreo de forma eficaz y recopilar datos digitales, para poder estudiar las causas más relevantes de los contagios y poder dar luz al escenario del contagio de forma que permita la mejor toma de decisiones.

Además el CSIC, lanza una inquietante pregunta: ¿Estamos suficientemente preparados, como sociedad, para la llegada de una nueva epidemiología, más digital y tecnológica, que implique una transformación radical hacia un modelo de innovación abierta en salud pública?

Autobuses, metro, colegios, centros oficiales, son centros de contagio ignorados, lo que estamos pagando muy caro.

Veo a la mentalidad del político como nuestro mayor obstáculo para luchar eficazmente contra esta pandemia y poder mitigar sus efectos negativos. La pasividad del ciudadano, tolerando esa pasividad, es su mejor cómplice.