Ya empieza AstraZeneca con las suyas. Sus consuetudinarios horrores vacuneros. A un participante en los ensayos clínicos ya le han cascado una mielitis transversa. Como está mandado. Pues nada, no consintamos el terror vacunero. Ni presente ni futuro.

Inseguras y peligrosas

Las vacunas son muy inseguras, eso en el mejor de los casos. En el peor, poseen gravísimos efectos adversos que van mucho más allá de los admitidos oficialmente. Además existen otros muchos más, pero que nunca se han estudiado. Y más vale que la peña se empape antes  de que nuestras autoridades terroristas, condicionadas y engrasadas y ungidas por FARMAFIA, comiencen a obligar a los ciudadanos a vacunarse para decenas de falsos virus patógenos y, lo que es mucho más preocupante, se haga lo mismo con bebés y niños cuando aún tienen un sistema inmune bisoño.

Gravísimos efectos secundarios

Demos comienzo con las denominadas enfermedades autoinmunes originadas por la vacunas. Las vacunas, muy peligrosas. Especialmente las vacunas virales -atenuadas o vivas- y las nuevas vacunas de ácido nucleico recombinante - como las que quieren utilizar en la vacuna contra el inexistente Sars-CoV-2 - porque tienen el potencial de forjar virus virulentos por recombinación y los propios ácidos nucleicos recombinantes ocasionar una dolencia autoinmune. La celebérrima anafilaxis, un dispositivo universal contra la entrada de sustancias que no pueden desaparecer de la sangre. Y, obviamente, las vacunas incrementan espectacularmente la contingencia de sufrir una anafilaxis cuando se le chutan en sangre “anómalas” proteínas.

Un recordatorio. Todas - todas- las vacunas se hallan emponzoñadas con cantidades potencialmente perniciosas de metales y otras sustancias orgánicas tóxicas vinculadas a todo tipo de cánceres y enfermedades autoinmunes. Cualquier análisis de alguna vacuna nos muestra lo sabido. Restos de aluminio, mercurio, plata, bismuto, tungsteno, oro, platino, hierro y cromo -a veces mezclado con hierro y níquel- así como glóbulos rojos de procedencia humana o animal y nanopartículas ( ¿ nanochips futuros?) de elementos inorgánicos jamás declaradas en los prospectos. Eso por no hablar de la utilización de líneas celulares de fetos abortados.

Diabetes, cánceres, alergias, retrasos mentales...

Vacunas relacionadas con la posibilidad de padecer diabetes. Vacunas y sus vínculos con multitud de cánceres. El aluminio, por ejemplo, permite el despliegue de variadas tipologías asociadas con el cáncer. Puede, específicamente, provocar alteraciones genómicas y propagación inconveniente de las células epiteliales. Mamarias, por ejemplo. ¿No les parece excesivo el número de tumores mamarios que se dan en la actualidad? Aparte de otros factores, ¿descartamos las tenebrosas vacunas? ¿Y la gran profusión actual de alergias? ¿Y la sobreabundancia de poliédricas e inexplicadas esterilidades, tanto masculinas como femeninas?

O los profundos daños neurológicos que causa. Por ejemplo, la encefalomielitis diseminada aguda posterior a la vacunación se ha asociado ya con varias vacunas; como la de la rabia, la difteria-tétanos-polio, la viruela, el sarampión, las paperas, la rubéola, la encefalitis B japonesa, la tosferina, la influenza y la hepatitis B, menoscabos cerebrales misceláneos, desbarajustes mitocondriales y demencias varias, tipo Alzheimer. O la narcolepsia. O la cataplexia (pérdida del control muscular). También severas dificultades de aprendizaje y, por supuesto, el grandísimo poro abierto del autismo y su nexo con la triple vírica (vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola). Más de cien estudios certifican la estrecha relación entre vacunación y autismo. Tan solo FAMAFIA- y su miríada de sobornados- niegan tamaña evidencia.

El neurocientífico Andrew Moulden -hoy despreciado, obvio- que falleció de forma tan inesperada como sospechosa en 2013 a los 49 años- aseveraba que todas las vacunas producen en mayor o menor medida modificaciones del flujo sanguíneo -unas inmediatas, otras retardadas, algunas agudas, otras crónicas- que pueden terminar induciendo daños muy graves. En el cerebro (hemorragia intercerebral), en los huesos (huesos frágiles), en el tronco cerebral (muerte súbita del lactante al perderse el control automático de la respiración, meningitis, encefalopatías o Síndrome de West), en las vías motoras (parálisis, Síndrome de Guillem Barré, convulsiones…), en órganos internos (colitis, colon irritable, fibromialgia, fatiga crónica, trastornos psiquiátricos…) y los llamados trastornos del espectro autista – otra vez el autismo-, perturbaciones en el aprendizaje y Síndrome de Asperger en bebés y niños. Vaya, vaya.

Y la muerte

Según documento confidencial de uno de los machos alfa de FARMAFIA, GlaxoSmithKline, filtrado en su día, entre octubre de 2009 y octubre de 2011, murieron 36 bebés tras tomar la vacuna 6 en 1 de Infanrix Hexa (difteria, haemophilus influenza B, pertussis, poliomielitis, tétanos y hepatitis B) teniendo además 37 “muertes súbitas” y 1.742 consencuencias desfavorables, 500 de ellas muy graves. La vacuna posee toxoides de difteria, tétanos y pertussis, poliovirus de varios tipos, proteína HbsAg procedente – temblor- de ingeniería genética, aluminio y formaldehído.

Incluso los corrompidos Centros para el Control de las Enfermedades (CDC) yanquis comprobaron también la relación entre las vacunas y el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL). Y eso por no hablar de las vacunas contra la gripe común. El 60% de las personas de 65 o más años que se vacunan contra la gripe ponen en jaque su vida. Seriamente.

Desconsolada coda

Pues nada, sepa lo que se chutan. O le que les chutan a sus hijos. Casi treinta vacunas a los críos antes de su primer año de vida. ¿Pero imaginan remotamente lo que están permitiendo? En fin.