A estas importantes preguntas vamos a dar respuesta en las líneas que siguen.

Enfermedad de inadaptación, el «stress» puede ser debido lo mismo al éxito que al fracaso, a la alegría o a la pena, a todo acontecimiento de la vida personal o social a la que el organismo da una respuesta inadecuada. La causa es distinta, pero el resultado es el mismo.

Las exigencias cotidianas de la vida socio-profesional y las dificultades para adaptarse a ellas amenazan nuestra salud física y psíquica, disminuyendo nuestra capacidad de decisión, nuestra efectividad y acierto en el trabajo y aun perjudicando seriamente nuestras relaciones profesionales y familiares.

La seguridad de los suyos y la seguridad de sus colaboradores depende muchas veces de su estado anímico para una acertada decisión.

Un estado de hiperactivación («stress») es, asimismo, la causa de muchos accidentes de tráfico. Enfermedad de las civilizaciones modernas, debida a una demanda excesiva de adaptación, el «stress» se convierte en una de las primeras causas de mortalidad, de morbilidad y de agotamiento del organismo. El origen del infarto de miocardio, de la hipertensión arterial, de la úlcera de estómago, de la depresión nerviosa, de la fatiga, de dolores de cabeza, de muchas otras alteraciones psicosomáticas e incluso del cáncer, no es extraño al estado de «stress» crónico.

  

Pero el hombre, que ha creado un entorno y un estilo de vida que es, muy frecuentemente, caldo de cultivo del «stress», es capaz también de poner los remedios adecuados. Efectivamente, podemos adquirir conciencia de nosotros mismos, podemos aprender a controlarnos. Por medio de las modernas y revolucionarias técnicas de «biofeedback» podemos dominar el «stress» y sus manifestaciones. Este método nos enseña a adquirir conciencia de las actividades fisiológicas de nuestro cuerpo que normalmente escapan al control voluntario. Nos convertiremos así en nuestro propio terapeuta. 

En lo sucesivo, el hombre puede controlar lo que le parecía que se escapaba a todo control, como la tensión, la temperatura de la piel e incluso los latidos del corazón. El hombre es dueño de sí mismo. 

¿Qué es el «stress»? 

El término «stress» alude a la respuesta o reacción de emergencia emitida por el organismo en situaciones de alarma o peligro. Más concretamente, «stress» es la respuesta no específica del organismo a toda demanda que se le haga. 

Esta definición del padre del «stress» y máxima autoridad mundial en el tema, el profesor Hans Selye, significa que cualquier demanda, sea la que sea, física, psicológica o emocional, buena o mala, provoca una respuesta biológica del organismo idéntica y estereotipada. Esta respuesta es mensurable y corresponde a unas secreciones hormonales responsables de nuestras reacciones al «stress», somáticas (referidas al cuerpo), funcionales y orgánicas.

Experimentar tensión o «stress» y los trastornos relacionados con el «stress» constituye en la actualidad una de las principales causas que contribuyen a aumentar los trastornos físicos y mentales.

El buen «stress» y el mal «stress»

Sin embargo, en realidad, una vida sin «stress» no sería vida. El buen «stress» (o «eustress») es todo aquello que causa placer, todo lo que se quiere o que se acepta hacer en armonía con uno mismo, con su medio ambiente y con su propia capacidad de adaptación.

El mal «stress» o («distress») es todo aquello que disgusta, todo cuanto se hace a pesar nuestro, en contradicción con uno mismo, su medio ambiente y que sobrepasa su propia capacidad de adaptación. Es éste el «stress» del que vamos a hablar aquí.

¿Cómo controlar el «distress»? El «distress» está no tanto en lo que nos ocurre sino en cómo nosotros reaccionamos ante lo que nos ocurre.

 ¿Se ha preguntado usted cómo serían las cosas si nuestra mente funcionara a un rendimiento óptimo? ¿Sería capaz de tomar mejores decisiones? ¿Sería más productivo en su trabajo?

¿Sería más feliz?

«Stress» agudo y «stress» crónico

El «stress» agudo corresponde a una agresión frecuentemente violenta, física o psicoemocional, pero limitada en el tiempo. Por ejemplo, una exposición brutal y breve a un frío intenso, una fuerte emoción, etcétera. La respuesta del organismo es también inmediata, violenta o intensa. Es una respuesta de supervivencia.

 El «stress» crónico corresponde a agresiones violentas o, con más frecuencia, moderadas, pero repetidas y próximas en el tiempo, exigiendo al organismo una adaptación frecuente. Es la suma de pequeños «stress» que constituyen a la larga una dosis total excesiva y que sobrepasa el umbral de resistencia.

En los dos casos, la respuesta del organismo se hace en el plano físico, psíquico y, evidentemente, en el biológico, repercutiendo a nivel de los diferentes metabolismos y del equilibrio bioquímico.

 

CONTINUARÁ...