La Dra. María Sáinz Martín es especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y Presidenta de ADEPS/FUNDADEPS (www.fundadeps.org). En esta extensa entrevista nos cuenta desde sus conocimientos y experiencia todo lo relativo a la pandemia.

Hace un año nadie podía imaginar que una pandemia afectase a toda la humanidad y condicionase tanto la vida de todo el mundo. ¿Se puede decir que ha cogido a la humanidad por sorpresa?

La humanidad conocía muy bien a través de las personas dedicadas a la ciencia, muchos profesionales y gente informada, que avisaban a través de los medios de comunicación especializados. También informaban los medios masivos de la comunicación y las redes globales, que estaban sucediéndose epidemias que afectaban a las personas con cierta frecuencia y en distintas partes del mundo.

Alertaban de las heridas producidas en el medio ambiente, en las grandes explotaciones ganaderas y en la deforestación de la Tierra. La contaminación del aire por los vehículos a motor y combustión industrial con energías fósiles, del ruido de las concentraciones humanas, los desechos de residuos y vertederos descontrolados de las basuras en los campos, en algunos mares o ríos, el sobre calentamiento de la Tierra y un largo etcétera de las actividades humanas urbanas, rurales e industriales nos iban dando señales. Pero las respuestas solo eran pequeñas tiritas en el único planeta con vida humana que conozcamos, como nos señala el gran dibujante Quino a través de su alter ego en Mafalda.

Ahora estudiamos para orientarnos una y otra vez la gran pandemia de la mal denominada Gripe española del 1918, que duró más de dos años y fallecieron debido a su causa directa cerca de 50 millones de personas en una tierra poblada por unos 1500 millones de personas. Actualmente, hemos multiplicado por cinco la población mundial y nos sentimos poderosos con los avances tecnológicos y las comunicaciones humanas por tierra, mar y aire como si nunca nos pudiera afectar nada que sea imposible de superar.

Hoy tenemos que recordar, por ejemplo, que en el año 2009 sufrimos una pandemia de la gripe A, que afectó fundamentalmente a las personas jóvenes y adultas, pues las personas muy mayores tenían probablemente inmunidad adquirida total o parcial de la gripe del siglo XX. Las cepas de esta nueva gripe se han incorporado a las nuevas vacunas que cada año tenemos para nuestro bienestar mundial en las campañas de vacunación invernales contra la gripe.

En el 2012 la península de Arabia Saudí sufrió una epidemia de una cepa de coronavirus que produjo una enfermedad pulmonar muy grave conocida como MERS.

Durante el año 2014 tuvimos una epidemia con alta tasa de letalidad en África conocida como la enfermedad del Ébola. Con algunos casos importados en Europa. Y muy mediático el caso del sacerdote que trajimos a España y el contagio de la infección a una joven auxiliar de enfermería.

Acaso no recuerdan la epidemia del Zika en el 2016 que tanto alteró a los y las grandes deportistas en los Juegos Olímpicos en el Brasil. Y los miedos por la posible trasmisión en las mujeres embarazadas y por su afectación cerebral en los recién nacidos. Y no olvidemos el repunte del Ébola en la República Democrática del Congo en el 2019.

Así que la humanidad estaba avisada, pero no hay peor sordo que el que no quiere escuchar, ni peor ciego que el que no quiere ver. Solo que se pensó o pensaron que sería una epidemia que se quedaría controlada en la China donde se produjeron los primeros casos (Wuhan, diciembre del 2019).

Resulta muy paradójico que una época donde está tan avanzada la medicina un
pequeño organismo ponga en jaque a toda la humanidad.

Si. Es realmente preocupante que nos produzca esa sensación de paradoja pues se nos ha olvidado recordar y enseñar de forma continuada y reiteradamente en las escuelas que los virus y las bacterias son microorganismos que vivieron muchos siglos antes que aparecieran otros seres vivos e incluso los seres humanos en el planeta Tierra.

Que muchos microorganismos son necesarios para la vida humana, que los llamamos saprófitos y a los que nos hacen daño e incluso nos pueden acarrear la muerte los que denominamos patógenos.

Pues bien, el virus del SARS-CoV-2 es un nuevo virus de la familia de los coronavirus que ha debutado como patógeno para la especie humana y que produce una enfermedad con síntomas respiratorios graves (fiebre, dolor de cabeza, dificultad respiratoria), entre otros síntomas como falta de olfato (anosmia), de gusto (ageusia), diarrea, dolores musculares y varios más inespecíficos.

La Organización Mundial de la Salud ha denominado la enfermedad que produce como la COVID-19 porque los primeros casos estudiados y analizados fue en el mes de diciembre del año 2019 en Wuhan (China).

Es un virus RNA que se replica rápidamente en las células y como tales microorganismos se expulsan a través de gotitas de Flugge de unas 5 nano micras que salen de nuestra respiración al exhalar el aire y a través de las gotas de la saliva, pero también al toser, gritar, cantar etc.

Vivimos en la época de la comunicación tecnológica, científica y humana, sin barreras globales después de haber vivido un siglo XX con dos grandes guerras mundiales, otras muchas locales y una pandemia como fue la gripe, mal denominada la española, del año 2018. Y posteriormente la pandemia del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y la enfermedad del SIDA de los años 80. Pero en una segunda parte del siglo XX hemos tenido grandes avances médicos y farmacológicos como son los antibióticos y las vacunas conocidas por todos en el calendario vacunal infantil, además del calendario vacunal de adultos. Y un crecimiento general de la economía mundial.

Los movimientos migratorios por trabajo (deslocalización de fábricas y empresas), por estudios y cultura (el gran deseo de trasmisión de conocimientos y de actividades culturales entre los diversos países), por ocio y turismo (la capacidad de viajar a bajos costes y paquetes turísticos se ha popularizado) y una larga lista de actividades o situaciones humanas muy relacionadas. Todo ello ha producido grandes efectos en el ecosistema de la Tierra. Ya no podemos negar el calentamiento global de la atmósfera por el exceso industrial con materias fósiles y otras actividades comerciales o sociales. Pero los humanos nos creemos superiores y esto nos confunde con la realidad de toda la naturaleza de la Tierra. Somos simples seres humanos y con todo lo que destruimos creo que poco inteligentes.

A partir de este primer gran aviso, hay un margen de maniobra para prepararse de cara al futuro... ¿Cómo se pueden prevenir futuras pandemias?

Cuando respondo a esta entrevista, hoy es el miércoles 11 de noviembre del año 2020. Ese mismo día, en el pasado marzo de este año, la OMS declaró la pandemia mundial de la infección del virus del SARS-CoV-2. Ya han pasado ocho meses y nos encontramos en la segunda oleada de la pandemia, con características en las curvas epidemiológicas distintas, pero con las mismas afectaciones sanitarias y de fallecimientos. Principalmente han sido afectadas personas mayores y frágiles, pero también algunos jóvenes que no solo se han infectado y transmitido la infección, sino que han sufrido la enfermedad y sus secuelas.

En la primera ola pandémica ante tanto desconocimiento epidemiológico, clínico, sanitario y farmacológico se produjo una alarma general porque la enorme posibilidad de bloquear la atención sanitaria de los hospitales y del Sistema Nacional de Salud era una realidad que se observaba día a día.

Esta grave situación llevo, por ejemplo, a que España desde el Parlamento y a propuesta del Gobierno decretara el Estado de Alarma y el confinamiento general de la población desde el 14 de marzo. Y que este Estado de Alarma se fueran prorrogando de quince en quince días hasta el 21 de junio con las limitaciones pertinentes. Solo existían las excepciones para las actividades y salidas humanas nombradas en el BOE para las actividades sanitarias, de farmacias, veterinarias, la de provisión de alimentos y otras necesidades esenciales para cubrir fundamentalmente las necesidades vitales. Todo ello, bien definido en el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19. Fue una auténtica Alarma para toda España. Algo similar se hizo en otros países europeos y americanos en función del estado epidemiológico.

Tuvimos una gran cantidad de infectados, enfermos ingresados en los hospitales, de enfermos muy graves en las UCIs y miles de muertos acumulados tanto por la enfermedad de la COVID-19 como por la desatención sanitaria de otras patologías graves. Especialmente con personas frágiles y muy mayores que vivían en residencias geriátricas.

En esa primera ola de la Pandemia (el 20 de junio y según la agencia EFE) tuvimos un total de 43.240 fallecidos contabilizados por el Sistema de Monitorización de Mortalidad diaria (MoMo) de las cuales solo pudieron confirmarse fallecidos por la COVID-19 un total de unas 28.315 personas, pues fueron infectados con PCR (+). El resto de las personas, que alcanza un 65% de mortalidad, pudieron fallecer por otras causas relacionadas, aunque no se les hicieron pruebas diagnósticas para saber si además estaban o no infectados por el coronavirus. La mayoría fallecieron en las residencias de mayores, en soledad, recluidos y sin la atención médica geriátrica y/o sanitaria por la saturación de los hospitales.

Algo aprendimos del golpe por los hechos acaecidos y por la gran cantidad de estudios basados en los enfermos y sus experiencias clínicas. También con los ensayos de los tratamientos al obtener los mejores resultados deseados y esperados, según expresaban la evolución clínica de los y las pacientes, además se daban los datos no solo de los fallecidos sino también de los que se curaban.

El estudio de seroprevalencia promovido por el Instituto de Salud Carlos III (Ministerio de Sanidad y Ministerio de Ciencias) durante los meses de abril y mayo nos mostró que solo el 5% de toda la población española (unos 2.350.000 de personas) había tenido contacto con el coronavirus. En la Comunidad de Madrid y algunas ciudades limítrofes como Segovia, Soria etc., la prevalencia llegó alrededor del 12% de la población. Quedaba mucho recorrido en el tiempo hasta llegar al 60% de contactos que hicieran posible la defensa inmunológica de grupo humano en España, sin contar con las vacunas, ni tratamientos específicos contra el virus SARS-CoV-2. El Estado de Alarma supuso un cierre total.

Afortunadamente, durante esos meses de la primera ola pandémica estuvieron muy implicados los medios de comunicación y las redes sociales para que solo informaran desde las fuentes oficiales del Ministerio de Sanidad y de las sociedades científicas que proveen los conocimientos reales y no inventados a fin de evitar la Infodemia, tal como avisaba la OMS, que se ha producido y se produce todavía en la actualidad.

Parece que en esta segunda ola, pese al aumento de brotes, la enfermedad ya no es tan agresiva o al menos está más controlada...

En España después de la primera ola pandémica, que ahora la estudiamos y observamos desde primeros de marzo hasta finales de junio y cuyo pico máximo lo encontramos entre los últimos días de marzo y los primeros días de abril, nos ofreció una curva con un solo pico muy elevado y que comenzaba a descender semana a semana durante el Estado de Alarma. Después de tantos meses de confinamiento familiar y social nos parecía que entrábamos en esa nueva normalidad.

Así que nos confundimos con una normalidad que nunca existió porque el virus no desapareció. Todas las familias y amistades estaban ávidas del encuentro de los grupos y de poder disfrutar de las vacaciones estivales tanto en sus ciudades, pueblos o lugares dentro del territorio nacional, ya que el turismo extranjero estaba limitadísimo algunos corredores de vuelos que se hicieron de forma diplomática por el turismo de las islas Baleares y Canarias.

Lógicamente la expansión de virus sucedió continuamente porque lo portamos los humanos, aunque estuviéramos asintomáticos y se extendió por doquier, así que a mediados de agosto y principio de septiembre ya comenzaba a notarse el incremento de casos positivos por el coronavirus y sobre todo el goteo de ingresos en los hospitales y en las UCIs.

La curva de esta segunda ola epidemiológica es verdaderamente más prolongada como una especie de meseta en picos de sierra. Aún así a fecha de hoy tenemos acumulados más de 40.769 fallecidos por la COVID-19 con PCR (+), aunque afortunadamente se han curado más de 150.000 personas y se han atendido a más de 1.460.000 casos, a través de la vigilancia epidemiológica en la Comunidad (test masivos, medicina de atención primaria, rastreadores, aislamientos domésticos, seguimientos de casos, etc.).

Probablemente los comportamientos humanos, las medidas de control y de seguridad han prendido en la mayoría de la población. También el intentar recuperar la nueva normalidad con la apertura de los centros escolares, academias, universidades y los trabajos tanto presenciales como por teletrabajo, además de las normativas preventivas en los centros comerciales y empresariales. Todo un aprendizaje de vida en una situación pandémica. Y por supuesto, con la ayuda de los medios de comunicación y las administraciones públicas para informar constantemente.

Nunca, como ahora, hemos podido enseñar y aprender tantos conocimientos sobre las medidas preventivas para realizar de forma continua y constante como son las tres M, que son las siguientes:

Incrementar el lavado de las Manos, tanto con agua y jabón como con los geles de hidroalcohol. Hacer una buena limpieza en el hogar, la oficina, el despacho, en espacios culturales, de ocio, de mercado, etc. Incrementar los Metros de distancia entre personas cuando nos juntemos a comer o trabajar. Incrementar el buen uso de las Mascarillas, tanto higiénicas como quirúrgicas para poder proteger y que nos proteja. Y también que tenemos que recordar lo importante que es disfrutar con seguridad entre todos y todas a fin de disminuir las dos C, que son las siguientes: Disminuir las Concentraciones con muchas personas y durante mucho tiempo. Y disminuir los Contactos físicos, aunque sean entre las personas de la familia, pero que no convivan en la casa cuando se celebre una reunión, comida o encuentro festivo.

Todas las medidas preventivas relacionadas con los comportamientos individuales, grupales y sociales son claves para controlar la cadena epidemiológica mientras no tengamos las vacunas validadas y contemos con excelentes tratamientos que nos salven la vida, si sufrimos la COVID-19 en forma grave.

Todos los lugares comerciales de compras y ventas, de ocio, de cultura, de enseñanza, de sanidad, de viviendas, de transportes, de administraciones y un largo listado se pusieron a informar con cartelería, con medidas de higiene, con separadores de espacio, con horarios restringidos, aprendiendo cada día las normas y nuevas normas que salían diaria y semanalmente. Era combatir la pandemia el objetivo principal a pesar de observar las discrepancias excesivas de los gobernantes en relación con los asuntos claves desde sus puntos de vista. A veces muy diferentes de las necesidades de la población.

¿Cree usted que vuelve a haber riesgo de un nuevo confinamiento general de toda la población española?

En esta segunda ola epidémica muy extendida por todo el territorio español va cumpliendo las máximas que desde el principio se observaron y que son las siguientes:

Que cada territorio, ya sea pueblo, ciudad o comunidad autónoma va a tener la curva epidémica similar a las otras en diferentes o iguales tiempos en función de sus casos positivos, enfermos agudos hospitalizados y enfermos ingresados en la UCI, entre otras variables epidemiológicas.

Que las medidas epidemiológicas de vigilancia comunitaria (rastreos poblacionales, control y seguimiento de casos positivos, los testados de antígenos y anticuerpos, las pruebas de diagnóstico por PCR y una gran batería de técnicas de laboratorio al servicio sanitario público y privado) están dando buenos resultados.

Que funciona la cogobernanza política, jurídica, administrativa, asistencial, laboral etc., aprobada por la mayoría en el Parlamento a propuesta del Gobierno y anotada en Real Decreto 926/2020, de 25 de octubre, por el que se declara el estado de alarma para contener la propagación de infecciones causadas por el SARSCoV-2, para atender adecuadamente y de forma más cercana a la ciudadanía de la Pandemia de la Covid-19 por las distintas Comunidades Autónomas y las dos Ciudades Autónomas en España.

Podemos observar cómo cada territorio en España, en función de sus necesidades y ayudadas por sus técnicos y expertos en Salud Pública, toman las decisiones más favorables para controlar la pandemia y evitar el colapso de sus servicios sanitarios tanto de la Atención Primaria como Hospitalaria. Son medidas normativas del máximo nivel de la comunidad o ciudad autónoma a propuestas de las consejerías de sanidad, dónde ha recaído la función de coordinación y seguimiento. Por ello los servicios de salud pública tienen que estar muy coordinados con los servicios asistenciales. Y todo para evitar que las personas se contagien, enfermen o lo peor e irreversible que fallezcan.

As que la segunda ola no la esperamos como un solo gran pico sino como una cordillera llena de sierras, tal como podemos observar ya en la actualidad epidemiológica.

El tema de la vacuna es un proceso de años y mucha gente sospecha que pueda estar en unos meses.

Desde el comienzo de la pandemia sabíamos lo peligroso que era enfrentarnos al problema sin los recursos clínicos, técnicos y farmacológicos en nuestras sociedades desarrolladas donde solo vemos la curación desde los hospitales.

Que gran error hemos cometido, pero que seguimos cometiendo por no saber que la Medicina Preventiva y la Salud Pública salvan más vida que todo el arsenal hospitalario que es como la punta del iceberg en una pandemia.

Han sido precisamente las medidas preventivas, algunas de ellas comentadas en las primeras líneas de este texto, las que están haciendo posible que no haya más contagios y por tanto más enfermos o fallecidos en la población general. Una demostración palpable son los resultados de los estudios de prevalencia serológica en población muestral o general.

Las vacunas son las medidas preventivas más eficaces contra una enfermedad concreta y también de primera elección sanitaria cuando existen.

Y afortunadamente China dio a conocer rápidamente al mundo sanitario a través de la OMS las cadenas proteicas y ribonucleicas de este nuevo coronavirus del SARS-CoV-2. Se conoció desde enero del 2020 que era un virus RNA y muchas de sus cualidades estructurales. Todo ello facilitó un enorme interés científico y grandes equipos de investigación se pusieron en marcha para encontrar una vacuna contra el virus. Más de cien grupos de investigación con unos doscientos ensayos y más de una decena de países con gran potencial investigador y con la industria de las biotecnologías desarrolladas se pusieron a trabajar rápidamente como nunca antes en la historia. Los distintos niveles de investigación de laboratorio y las tres fases clínicas que se tienen que superar para poder tener una vacuna eficaz y fiable para desarrollar contra la COVID-19 se han facilitado como nunca en el mundo de las vacunas. Pues tienen una gran tarea que demostrar antes de poderlas introducir en el cuerpo humano. Las vacunas tienen tres objetivos principales que alcanzar, como los siguientes: que son seguras, que activan el sistema inmunitario humano y que son efectivas contra el virus del SARS-CoV-2.

Hoy tenemos varias muestras de importantes laboratorios y de diferentes países en puerta de salida para una producción industrial, mantenimiento y distribución general según las demandas de los países receptores en función de unas necesidades y de su capacidad logística que esperamos que se valoren de forma ética y también redistributiva según las situaciones epidemiológicas del mundo.

Se hablan de cantidades millonarias tanto en las dosis de vacunas como del presupuesto económico que cada país va a poder disponer para ello. Pero en este asunto tiene que prevalecer el adagio de la antigua Grecia del “Más vale prevenir que curar”.

Así pues, esperamos que en menos de un año contado desde ahora que escribo podamos conseguir que alrededor de un 10% de la población mundial esté vacunada. Estamos hablando de más de 700 millones de personas. Y en España serían unas 470.000 personas.

Igualmente hay gente reacia a ponérsela por diversos motivos.

Uno de los problemas que ha existido y existirá durante la pandemia es la denominada INFODEMIA desde la OMS.

La rápida y excesiva información a través de las redes sociales es una gran novedad que cuenta este siglo de la Era Digital. Hay muchas personas y grupos humanos que desprenden un gran escepticismo a todo lo que se refiera como científico. Los sentimientos y las creencias como valores absolutos se imponen a la racionalidad de los datos estadísticos epidemiológicos y clínicos.

Se unen con otros grupos humanos que se definen como negacionistas sobre la realidad contada desde las administraciones, ya sean sanitarias, medio ambientales, culturales o educativas, que contrasten con sus creencias.

Y hay algunas personas que hacen de su experiencia un axioma general. Todos estos grupos de personas solo tienen el recorrido que le quieran dar los demás, pues la ignorancia o el miedo no es una excusa para aceptar los avances de la ciencia en favor de la prevención sanitaria y la curación.

Y por supuesto hay personas y grupos maledicentes, denominado como tóxico, que engañan a personas crédulas o con necesidades confundiéndoles con medias verdades. Suelen buscar un objetivo de lucro personal y/o alcanzar unos adeptos a sus causas.

El calendario vacunal infantil ha salvado a millones de niños y niñas en el mundo. Ahora tenemos un calendario del adulto que procura mayor prevención en personas longevas y en pacientes crónicos que al superado los setenta y ochenta años largos y con buena salud.

Hay profesionales sanitarios, incluso médicos, que se han mostrado reacios a las vacunas. Estos profesionales se les ha olvidado lo que estudiaron cuando tenían la asignatura de Medicina Preventiva y Salud Publica, quizás por un exceso de celo en su especialidad clínica o quirúrgica. Por el ninguneo de esta materia médica y sanitaria de primer orden que se ha recibido en la carrera y que se ha olvidado con gran facilidad.

Solo cuando hemos vivido una pandemia como la actual o nos hemos especializado en enfermedades que tienden a la cronicidad, gracias a los fármacos y los cuidados sociosanitarios, y por lo cual alcanzamos una gran longevidad es cuando recordamos que fue de nuestro estilo y modo de vida. Y lo poco que hemos invertido individualmente en nuestra propia salud, por muchos consejos que hayamos recibido en nuestra infancia o juventud.
También en el tema del uso de las mascarillas muchos médicos afirman convencidos que puede ser muy perjudicial para la salud de las personas el uso prolongado de la mascarilla. ¿Por qué no se habla tanto de esto?

Las mascarillas tanto higiénicas como quirúrgicas han demostrado a lo largo de la Pandemia que tienen una importante función preventiva contra las gotas de Flugge que expulsamos al hablar, toser, cantar o gritar.

Al principio de la Pandemia la falta de uso y por tanto la escasez de mascarillas en Europa contrastaba enormemente con el gran uso que hacían de la misma en los países asiáticos. Y que todo el mundo podía ver en sus pantallas de televisión o en sus ordenadores.

En una primera etapa durante los meses de febrero y marzo que se pedía por activa y pasiva que se utilizara solo en los centros sanitarios y por los sanitarios, a fin de preservar la gran escasez de EPIs que sufrimos en los centros sanitarios, sociosanitarios y servicios médicos.

También porque lo que se conocía de la cadena epidemiológica en la infección solo las personas infectados eran los que deberían llevar las mascarillas cuando escasean los recursos. Pero más adelante y con muchos estudios y referencias ya se observó que era una medida de prevención clarísima tanto para personas asintomáticas como con síntomas.

Había que hacer como fuera para protegerse y proteger. Ahora es todo más fácil y se pueden comprar mascarillas higiénicas o quirúrgicas y así preservar la salud a los demás, en el caso de que la persona estuviera con un resfriado o pensara que estaba infectado. En este final del mes de noviembre, ya se están hablando de las posibilidades de varias vacunas y toda la logística que se debe tener preparado para cuando estén accesibles y poder poner en marcha una de las campañas de vacunación más importante a nivel global para poder combatir esta gran pandemia que nos ha trastocado nuestra vida cotidiana y las relaciones económicas, sociales y políticas en todo el mundo.