Soy médico de urgencias extrahospitalarias de la Comunidad  de Madrid, por lo que, hasta que me infecté, estuve trabajando en primera línea de fuego frente al covid-19.
A la luz de los hechos parece evidente que el gobierno de Pedro Sánchez y su gabinete de crisis, en primer lugar, comenzaron a actuar demasiado tarde, debido fundamentalmente a que antepusieron su agenda ideológica al interés general y a la salud de los ciudadanos. Así, en contra de las recomendaciones de la OMS, en contra del informe de expertos en salud de la Unión Europea, en contra de los propios datos que manejaban desde febrero en relación a la expansión de la epidemia en España, cuando países como Italia, Francia o Alemania, entre otros, ya habían prohibido la realización de eventos multitudinarios y cuando 66 millones de chinos se hallaban confinados en sus domicilios desde hacía más de un mes, este gobierno no sólo permitió sino que, incluso, alentó la asistencia a las múltiples manifestaciones convocadas para el 8 de marzo. Evidentemente, estas concentraciones resultaron ser bombas de relojería que, por supuesto, acabaron estallando, como demuestra la posterior evolución de la epidemia en todo el territorio español.
Durante la semana siguiente al 8M el gobierno permaneció sumida en la parálisis más absoluta, hasta que, de repente, el 14M decretó el Estado de Alarma. La importancia de esta falta de acción queda dramáticamente reflejada en el estudio realizado por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), según el cual en el caso de haber adelantado una semana la cuarentena el número de infectados se habría reducido un 62,3%.
Pero, para ampliar la magnitud del desastre, a partir de la entrada en vigor del Estado de Alarma,  el gobierno de Pedro Sánchez actuó sin criterio alguno, sin una hoja de ruta clara, con una absoluta falta de rigor, a golpe de improvisación e incurriendo las más de las veces en errores groseros como, por ejemplo, la compra de material sanitario a una empresa china sin licencia.
Así, a día de hoy, todavía no se ha realizado el número de test necesarios para conocer la seroprevalencia de la epidemia y, con ello, poder luchar más eficazmente contra la misma, asimismo, el personal sanitario no ha contado con los equipos de protección individual (EPIs) imprescindibles para trabajar en unas condiciones mínimamente seguras y, en fin, la escasez de ventiladores ha dificultado enormemente la atención a pacientes graves.
El resultado de todo ello ha sido que España es el país con mayor número de infectados por millón de habitantes, con mayor número de muertos por millón de habitantes y con el porcentaje más alto de personal sanitario infectado.
En función de todo lo expuesto, solo cabe concluir que la gestión de la epidemia del coronavirus por parte del gobierno de Pedro Sánchez ha sido nefasta, viniendo ello a demostrar, por la vía de los hechos, que este gobierno estaba diseñado y preparado para la confrontación, pero no para solucionar los problemas de los españoles.

Rafael García Alonso
Número de colegiado: 28/34.314-7