Siempre es triste una despedida, más en vida, cuando uno ha estado en lo más alto y lo ha dado todo en y por su profesión. Pero si ésta es por agradecimiento a lo mucho recibido a cambio, el dolor parece que se amortigua un poco. 

Hablamos de un adiós anunciado, no querido, como la novela, porque “de él hay mucho que contar”, dice su biógrafo. Hablamos de un visionario, de un virtuoso de la guitarra, un grande entre los grandes, un maestro de maestros,  Victor Monge “Serranito”, que deja a partir de ahora, un hueco huérfano a los 65 años con una magistral gira  aniversario de despedida, “Como un sueño”.

Un espectáculo casi onírico, pero muy real, de esos que hay que apuntar en la agenda. Bajo una producción impecable de la mano de la gurú  del Flamenco, María Larroca, que arrancará, a pesar del los calores que decía aquel, el próximo día 14 de julio, en El Festival internacional de la guitarra de Córdoba para contemplar, para deleite por última vez sobre las tablas, a este “guitarrista de guitarristas”, autor de sus propias cuerdas, como prolongación de su cuerpo que hace vibrar el duende “Ramirez” que esconde su guitarra y clama sus emociones.  Que le llevará por otros muchos escenarios, manidos en su viaje de vida profesional, Jerez, Sevilla, Algeciras… Sentidos antaño, que han consagrado su merecido reconocimiento, plasmado ahora también en “Emérito, Victor Monge, Serranito”, libro autor de su amigo José Manuel Gamboa,  que “recoge el penúltimo, nunca el último, aplauso colectivo” quien le acompañó durante esta sentida despedida en el recién abierto Corral de La Morería.  Aunque, como señala, “un maestro nunca se retira, simplemente se despide”.

Madrileño chispero de nacimiento, andaluz de cuna del Flamenco de adopción. Autodidacta desde los 8 años. Genio de la sonata solista, trío irrepetible junto a su hermano mayor, de ahí su apodo y al lado de otros grandes como Paco de Lucía y Manolo Sánlucar. Ahora Doctor universal en su disciplina, con una cátedra de la Universidad de Sevilla que lleva su nombre al igual que, recientemente, se ha bautizado también un premio anual.  

Su carácter afable le ha valido este reconocimiento del respetable que añora ya su marcha. Que llega con ésta retirada regalo, meditada, quizá una victoria anticipada.  Un hasta siempre arropado por los suyos, por tantos a los que enseño este difícil arte de saber callar y hacer hablar al instrumento.  Perfecta sincronía entre el fondo, inspiración,  y la forma, su técnica.

El próximo 23 de junio recibirá de manos de los Reyes  la medalla de oro al mérito de Las Bellas Artes que le fue otorgada por el ministerio de Cultura en 2019, que no se le pudo entregar por motivos de la pandemia.  Ahora sí.

Ahora sí. Serranito se va, pero su arte continúa. Un hasta siempre, con su legado hecho ya leyenda viva del Flamenco. Con 20  trabajos discográficos bajo el brazo y más de 60 años de carrera que se dice pronto.  Nos deja, generoso, sus composiciones, el sentido de su armonía. Un estilo único que marcará para siempre los designios de la guitarra española en los siglos venideros. Ya dice el refrán que “de bien nacido es ser agradecido”. El gusto es nuestro. ¡Gracias, maestro!

Texto: César Serna