Vacunas altamente experimentales, la inmensa mayoría transgénicas, con mecanismos modificadores de nuestro organismo. FARMAFIA,  experimentar masivamente, con cobertura y dinero públicos, con tecnologías similares a las terapias génicas en seres humanos

Tres formas de manipulación genética

De las primeras cuarenta vacunas en fase de "experimentación", más de la mitad se basan en técnicas de ingeniería genética no probadas nunca antes en seres humanos. Esas vacunas transgénicas han sendereado, grosso modo, tres rumbos. Uno que usaría un plásmido (pequeña molécula circular de ADN) como vector para chutar ADN en nuestras células. Un segundo que introduce ARN directamente en las células. Y un tercero que nos casca ADN por medio de un virus, que a su vez es manipulado con ingeniería genética para que no pueda replicarse.

Al contrario de las ya por sí ineficientes y mortíferas vacunas tradicionales, las vacunas transgénicas, en cambio, introducen ADN o ARN foráneo en nuestro organismo, donde se produciría una suerte de "codificación" para crear una proteína similar a las del inexistente Sars-Cov-2 (virus todavía sin aislar), utilizando nuestros propios recursos celulares. Por ejemplo, para crear una proteína S o espiga (las espinas que “fundan” una corona en el fantasmagórico virus). Si funciona, ésta sería registrada como ajena por nuestro sistema inmunológico, que engendraría anticuerpos para notificar de próximas “infecciones”.

Seres humanos transgénicos

Sin duda, la forma de actuar de estas "nuevas" vacunas nos transforma de hecho en seres transgénicos, al menos (en principio) temporalmente, porque no es una proteína foránea ante la cual nuestro sistema reacciona, como se presupone que actúan las vacunas "clásicas", sino que manipula a nuestro organismo para crear el presunto enemigo dispuesto a atacarnos.

Se lo aclaro. A los ya habituales riesgos con las vacunas, ahora más  con dichos productos transgénicos. Por ejemplo, una vez introducido el ADN o ARN en nuestras células para crear la proteínas S, no está nada claro cómo se detendrá la producción de ese antígeno ni qué efecto tendrá la presencia continuada del ADN/ARN sintético en las células, que además, en el caso de las de ADN, llega con un promotor génico muy activo.

Piensa mal (de la vacuna transgénica) y acertarás

Tampoco queda suficientemente claro qué células se verán afectadas, si las proteínas o el ADN introducido penetran en el sistema circulatorio y arriba a otros órganos. Los receptores ACE2, que son los que capacitan a las proteínas S a introducirse (su “llave” ) en las células, existen en riñones, pulmones y testículos, lo cual podría provocar respuestas inflamatorias graves, reacciones autoinmunes y, por supuesto, flagrantes y ciertos casos de esterilidad masiva.

En experimentos con animales, este tipo de vacunas transgénicas han ocasionado procesos inflamatorios muy chungos y la denominada respuesta paradójica, consistente en que el organismo atacaría a otros virus presentes en nuestro cuerpo (todos los seres vivos convivimos con virus y bacterias naturalmente, de hecho somos feliz y constitutivamente virus y bacterias), provocando hinchazones plurales y otras sintomatologías adversas. Muy adversas, les aclaro.

Somos sus cobayas (¿lo seguiremos permitiendo?)

Habitamos un laboratorio vivo. Somos cobayas, experimentan con nosotros de todas las maneras desde hace tiempo. Ahora, otro, muy grave. Experimento transgénico, traduzcan trashumanidad. Transhumanidad, estación previa a la posthumanidad. En fin.