Que muchos males de este país vienen por parte de la acción política es verdad; pero que quienes los ponemos ahí somos nosotros también lo es. ¿Entonces de qué nos quejamos?

            Hemos alimentado un sistema falso desde hace décadas basado en la consecución de ayudas sin sacrificio: todo en base de ser más pícaro que el otro y que, por pedir, no quede. Así nos va. Nos viene una situación complicada y no sabemos dar la talla. Para colmo, siempre damos el espectáculo desde el punto de vista internacional.

            Y si nos encierran es por nuestra culpa: porque sabemos cómo va el tema de los contagios, qué hemos de hacer y qué no. Y es que, tontos en este país hay para aburrir. La supuesta juventud que ha de levantar este país tras todo esto (la mía), no está preparada para ello: quizás sí a nivel profesional, pero no a nivel personal. Personas sin valores, donde nunca han tenido objetivos sinceros consigo mismos, y que lo único que han buscado es vivir al día y gastar lo máximo con el mínimo esfuerzo.

            El ejemplo de nuestros padres parece ser que no ha servido. Es más, ellos se irán de este mundo con la tristeza de su fracaso como “educadores en casa”. Pero eso no debe ser así: todos somos víctimas de un sistema social viciado, al cual pertenezco, y del cual quiero salir. Pero esto es un enjambre y por muy optimista que sea, pues no le veo a este horizonte algo de luz. No, no lo veo.