El crimen más atroz se ha consumado.

Después de ser con saña perseguido,

flagelado, injuriado, escarnecido,

ya inerte está Jesús crucificado.

 

El cielo con estruendo ha retumbado

y la tierra de pronto ha ensombrecido.

Vacío se ha quedado de sentido

este mundo por Dios abandonado.

 

A los pies de la cruz, con desolado

llanto inefablemente dolorido

la Virgen Madre llora a Su Hijo Amado.

 

Hecho está, ya lo hemos conseguido:

matar con nuestra vida de pecado

a Aquel que en nuestro auxilio había venido.