A la fiesta de todos los santos

que habitan en el cielo

estamos aquí en la tierra

todos invitados.

Si de verdad deseamos

estar allí con ellos,

los medios pongamos

que por gracia divina tenemos.

Pidámosle a Dios nos ayude

a no cometer pecados;

y si aun así caemos,

de Su misericordia imploremos

nos perdone y podamos

levantarnos de nuevo.

Nuestros corazones abramos

a Jesús y a María

como todos los santos hicieron

y que así algún día,

del mismo modo que ellos,

nimbados de luz entremos

en el Reino de los Cielos.

Entre tanto aquí en la tierra,

de fe y de esperanza llenos,

a los santos alabemos

y su gloria celebremos,

rogando nos echen un cable

para que más pronto que tarde

a su lado por siempre estemos.