Hoy, después de unos cuantos años he decidido quitarme mi pulsera con la bandera de España que tan orgullosamente portaba hasta ahora. Quizás haya sido este arresto domiciliario y abusivo que hemos sufrido por parte del sistema criminal o los libros que he leído y me han hecho reflexionar sobre el concepto de la Patria.

El caso es que, después de un par de fines de semana saliendo a beber un poco de zumo de cebada con unos pocos amigos, me he dado cuenta de la multitud de jóvenes y no tan jóvenes que lucen con orgullo la bandera nacional en sus muñecas. Probablemente, no hace mucho tiempo me hubiese emocionado ver tal paisaje, pero ahora tengo una visión distinta sobre este fenómeno.

Veo que esta muchedumbre tiene un amor material hacia algo tan sagrado como lo es la Patria, llevan su pulsera porque les gusta España como les podría gustar una camiseta de Polo Ralph Lauren. No entiendo como pueden sentirse orgullosos de una nación en la que se dejan morir a ancianos diariamente, se promueve el asesinato de bebés inocentes, se fomenta la holgazanería etc.

Para ellos, tampoco existe la injusticia laboral, pues todos son hijos de papá y mamá que se pueden permitir cualquier lujo material (yo quizás también). Pero creen vivir en un país perfecto, maravilloso, en el que no es necesario cambiar nada.

Hoy pienso que el amor a la Patria, tiene que ser un estilo de vida, una manera de sentirse capaz de afrontar todas las adversidades y una idea que debe permanecer en los más profundo de nuestras almas. Debemos amar a España, pero no a la de ahora, sino a la de nuestros mejores momentos, aquella defensora a ultranza de la Hispanidad. Como dijo José Antonio, amamos a España porque no nos gusta y queremos cambiarla.

¡Arriba España!