No se asusten, amigos, que no les voy a contar mis pecados personales, entre otras cosas porque ya no me acuerdo del último, el vaso de mis pecados humanos rebosó hace tanto tiempo como el que ha transcurrido desde que mi Cardenal amigo me convenció que eso del pecado lo inventó el Papa Alejandro VI para tapar los suyos.
               No, yo les voy  a contar hoy mis dos pecados profesionales...y que conste que hasta hoy me da vergüenza hablar de ellos... ¡jo, macho, y han pasado más de 50 años!.
                   Verán. el primero lo cometí cuando un día (julio de 1963) el Redactor Jefe de las páginas de Huecograbado del "ARRIBA". Salvador Jiménez, gran periodista y mejor poeta, me mandó hacerle una entrevista al filósofo Gabriel Marcel, que había llegado a Madrid, invitado por las Autoridades de la Cultura, y que se hospedaba en el hotel Velázquez (C/ General Mola, por aquellos años) y yo, que estaba de prácticas y sólo cobraba por lo que publicase (por colaboración, se decía) me pasé varias horas leyendo todo lo que pude del francés y allí estuve a la hora acordada... pero el hombre propone y Dios dispone, que dice el refrán, porque en cuanto me recibió el Secretario (hoy se les llama Director de Relaciones Públicas) ya me adelantó que la entrevista no se podía realizar porque "Monsierur Marcel, enfermo, nuite mal", pero que él me contestaría las preguntas que yo quisiera... Bueno ¿y qué podía hacer yo?, pues lo que hice. Mostrarle las preguntas que ya me llevaba  preparadas y anotar las respuestas del "Monsieur Secretaire". Sin embargo, yo escribí la entrevista ocultando que las respuestas no eran del filósofo y describiendo, incluso, a Don Gabriel como si lo tuviese enfrente y charlando conmígo. ¡¡ Y ese fue mi pecado !!... ya que mi Jefe, hasta me felicitó cuando le entregué mis dos folios y medio y publicó la entrevista con lujo de espacios y fotos, lo cual provocó que al  Relaciones Públicas del filósofo le faltara tiempo, en cuanto vio el periódico a la mañana siguiente, para llamar a mi Jefe y darle las gracias y felicitar al Redactor por haber hecho una entrevista tan bonita "sin ni siquiera haber visto a "Monsieur Marcel"...¡¡ Jóder, y el Salvador Jiménez, vanidoso, orgulloso y mandón como era, casi me mata!!... Bueno, se conformó con no dejarme escribir más en sus páginas de Hueco, que él las cuidaba como si fueran su cortijo.
                  Sí, lo reconozco, fue un pecado. Pero, más graves eran los que cometían otros y se hacía la vista gorda.
                    Y como ya me falta oxígeno del otro pecado les hablaré mañana.