Cielo, mar y montaña

se ensamblan en el paisaje

yendo por el camino

de Valldemossa a Deià.

Cielo, mar y montaña

en un vértigo sereno

de belleza y claridad.

Pinares y peñascales

a los acantilados se asoman

y a las cimas las coronan

casas de piedra ocre

en perfecta continuidad.

El aire se aquieta en el aire

y el sol a sus anchas se expande

en la diáfana inmensidad.

En ese lecho gigante

descansa la eternidad.

Parece que estuviera

en un sueño quien recorriera

el alto camino que va

de Valldemossa a Deià.