Tengo un mar y una playa y un paseo,

tengo un cielo celeste tan cercano

que lo tengo al alcance de la mano,

tengo al Dios verdadero en el que creo.

 

Tengo un ángel guardián que con gran celo,

cada vez que me pierdo o me amundano,

impide que se vaya todo al guano

llevándome de nuevo al buen sendero.

 

Hijo soy de la Reina de los Cielos

cuyo amor y favor siempre los gano

cuando el bien de mi alma yo le ruego.

 

Los misterios que rezo y que desgrano

en plegarias a Ella con denuedo

me enseñan el valor de ser cristiano.