Muchos conocen la maravillosa labor misionera del P. Ignacio María Doñoro entre los niños más pobres de los pobres del amazonas en el Hogar de Nazaret. Aunque ya había escrito un libro “Hogar Nazaret, el sueño de Dios” en el que contaba algunos de los impactantes testimonios que se daban en esta obra apostólica, en esta ocasión en su nuevo libro “El fuego de María” nos cuenta cómo fue germinando el proyecto en su corazón y cómo fue creciendo hasta nuestros días.

El Padre habla desde el corazón de su amor a los niños pobres. Afirma que los más pobres son los preferidos de Jesús, y si son niños, todavía más; y si encima son niños crucificados, aún más. ¿Cómo se puede ser feliz cuando la sangre de los niños crucificados te está cayendo directamente en la cara? Quizá la respuesta no es tanto si yo estoy feliz o si los niños están felices —que eso se les nota en el brillo de sus ojos y en su sonrisa—, sino si Jesús está feliz. Hacerle feliz a Él es la razón última de nuestra existencia.

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¿Por qué decidió escribir un libro titulado “El fuego de María” sobre la obra del Hogar Nazaret?

La editora de Nueva Eva se puso en contacto conmigo y me propuso el proyecto de este libro. Se trataba no solo de contar cómo es el Hogar Nazaret en la actualidad, sino de ver dónde surgió el germen, que fue hace muchos años, aunque yo todavía no fuera consciente de ello. Se podría decir que a lo largo de mi vida se han sumado acontecimientos y encuentros con personas muy especiales que han ido dejando su huella en mí. En cuanto al título, “El fuego de María”, hace referencia a mi nombre. Yo me llamo Ignacio María. Ignacio significa “nacido del fuego”. Y María, además de ser mi segundo nombre, es el nombre de la Virgen, que me ha acompañado desde que era muy niño, manteniéndome siempre bajo su protección. Ahora es Ella quien protege, de un modo inigualable, a sus hijos del Hogar Nazaret.

Ya había escrito anteriormente otro libro con la editorial Planeta...

Sí. Mi primer libro se llamaba “Hogar Nazaret, el sueño de Dios”. En él aparecían distintas historias sobre los niños del Hogar Nazaret en las que quise plasmar algunos detalles, a modo de pinceladas. No pretendía abordar cada caso en toda su complejidad, sino dar voz a los que no tienen voz, a los últimos, a los humillados.

¿Por qué es importante dar a conocer este gran testimonio del amor de Dios en medio de un mundo cada vez más inseguro y desesperanzado?

El Hogar Nazaret es un altavoz del inmenso amor de Dios. Él lo ha elegido para que sea un trocito de cielo desde el que demostrar al mundo su amor. Dar a conocer las historias de los niños del Hogar Nazaret puede servirnos de ayuda para ver lo grande que es Dios y lo que puede hacer en nuestras vidas si le dejamos, tal y como ha hecho en las vidas de los niños y niñas del Hogar Nazaret. Es cierto que cuando llegan están rotos y que necesitan un tiempo para sanar sus heridas, pero después, cuando están curados, cuando ya no tienen heridas ni llagas, cuando están guapos por fuera y también por dentro, cuando su alma es una preciosidad, cuando ya no pueden pasar un día sin rezar el rosario porque el rosario es parte de su vida, cuando necesitan de Dios, cuando son portadores de una alegría tremenda, cuando son felices… entonces esos niños pueden volver a sus familias y transformar a esa mamá o a ese papá que había abandonado a su hijo y después se da cuenta de que su hijo no es una cruz ni una carga, sino un regalo maravilloso de Dios… Comprender eso puede ayudarnos a nosotros también, porque esos niños están cantándole al mundo que no hay que perder nunca la esperanza.

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¿Cómo percibe cada día el amor de Dios y su presencia en el Hogar Nazaret?

Los más pobres son los preferidos de Jesús, y si son niños, todavía más; y si encima son niños crucificados, ¡ahí es que estás viendo directamente el rostro de Dios! Para mí, servirles, lavarles los pies y atenderles es una necesidad de amor. Muchas veces pienso que Dios me dio la gracia de poder verle en los últimos no para sentir pena de Jesús, sino por querer ser uno con Él, por querer estar ahí, sufrir con Él y ver cómo me ama… Dios ha querido elegir el Hogar Nazaret para que sea un trocito de cielo desde el que demostrar al mundo su amor. Desgraciadamente, no todo es tan bonito como pueda parecer. A los niños que llegan al Hogar Nazaret les han robado la infancia y sus vidas son historias de cruz. Vivir con ellos es meterse en las llagas de Cristo e intentar consolarle, porque el primero que vive el dolor de esos pequeños es Jesús. Ellos son sagrarios vivos en los que mora Jesús, ellos son Jesús… En la casa de Carhuapoma, donde viven los niños y chicos adolescentes, al entrar por la puerta lo primero que ves es una imagen del Corazón Inmaculado de María, y no puedes hacer otra cosa que mirarla, porque cada día te parece más hermosa. Entras, miras a la Virgen María, ves que Ella te mira, luego ves la luz que indica que el Santísimo está en la capilla… y te llenas de Dios. ¡En esa casa vive el mismo Jesús! Después, o al mismo tiempo, ves a Dios en la sonrisa de los niños. Eso es Carhuapoma, el cielo en la tierra, el Reino que ha irrumpido entre los más pobres, la sonrisa de Dios.

Cada niño pobre es irrepetible...y Dios quiere ayudarle a través de personas generosas... se obran muchos milagros de niños en situaciones graves que se recuperan... ¿Cómo se puede apadrinar a uno de estos niños?

Hoy en día conocemos en tiempo real lo que ocurre en diferentes partes del mundo. Yo lo que estoy haciendo es mostrando esta realidad y dando también una oportunidad para amar. ¿Cómo lo podemos hacer? Es muy fácil. A través de la página web www.hogarnazaret.es Ahí hay una captación de fondos. Yo soy la única persona que lleva la administración y cada céntimo que entra es un céntimo que llega a Perú. Y también, por supuesto, se puede rezar por esta obra, para que no nos salgamos de lo que Dios nos pide.

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¿Es usted feliz viviendo entre los más pobres de los pobres?

No es fácil responder a esta pregunta. ¿Cómo se puede ser feliz cuando la sangre de los niños crucificados te está cayendo directamente en la cara? Quizá la respuesta no es tanto si yo estoy feliz o si los niños están felices —que eso se les nota en el brillo de sus ojos y en su sonrisa—, sino si Jesús está feliz. Hacerle feliz a Él es la razón última de nuestra existencia.

¿Por qué afirmó usted que los pobres eran el octavo sacramento?

Aunque el Concilio de Trento definió siete sacramentos, para mí, desde la vivencia del Hogar Nazaret, los más pobres de los pobres son como un octavo sacramento, porque son un «signo visible y eficaz de gracia». Así como los sacramentos nos restituyen, nos dan la gracia, nos la aumentan y son el medio que Dios ha puesto para llevarnos al cielo, los más pobres de los pobres son un kairós, un momento especial, un signo que vemos y que produce en nosotros un gran aumento de gracia que sana nuestras heridas. A eso me refiero cuando digo que son un octavo sacramento.

De hecho el día del juicio el mismo Cristo hablará por los pobres... porque tuve hambre y me disteis de comer...etc.

Jesús se sienta a la mesa del Hogar Nazaret en cada uno de los niños que forman parte de esta gran familia. Él nos dijo: «Dadles vosotros de comer». ¿Y cómo? Como lo hizo el muchacho del Evangelio: poniendo los pocos panes y peces que encontremos. Esos son los que darán de comer a una multitud de desheredados, de últimos. Si nosotros ponemos nuestro esfuerzo, nuestro tiempo, nuestra dedicación y lo poco que hayamos podido conseguir, Dios lo multiplicará. Jesús también nos dijo que «cada vez que lo hagáis con cada uno de estos, mis pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis». Ahora ya sabemos lo que tenemos que hacer y eso precisamente es lo que están haciendo los sacerdotes de la Prelatura de Moyobamba, bajo la dirección de Monseñor Rafael Escudero, el Obispo. Los sacerdotes que viven en las comunidades conocen la realidad de la población y son ellos los que nos traen a los más pobres de los pobres. Les estoy inmensamente agradecido por traerme a Jesús a mi casa, porque eso es impagable. Además, después ellos les hacen el seguimiento a los niños y les siguen atendiendo. Es una labor de la Iglesia Católica que nació en el Año de la Misericordia del Papa Francisco.

¿Qué supone para usted presentar el libro el Intxaurrondo?

La Comandancia de la Guardia Civil no es que ha sido, sino que es mi casa. El primer libro lo quise dedicar a mi familia y este libro de “El fuego de María” está dedicado “a la Benemérita Guardia Civil, por ser los mejores hombres y mujeres de España”. Uno repite lo que ha aprendido y yo he aprendido muchísimo de la Guardia Civil, y me siento eternamente agradecido.

Para concluir, ¿por qué merece la pena leer este libro?

Porque es una oportunidad doble. Primero, porque el lector podrá comprobar el inmenso poder sanador que tiene el amor, lo que probablemente sirva para llenarle de esperanza. Si esos niños han sido capaces de superar historias tan terribles y recuperar la felicidad, ¿por qué no nosotros? En segundo lugar, porque es una ocasión de acercarse a Jesús, que está completamente loco de amor por el ser humano. Hacernos conscientes de lo que Dios nos ama y de que su amor no va a terminar nunca nos ayudará a poner en perspectiva y a relativizar muchos problemas que ahora nos quitan la paz.

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