Comportarse con justicia, mejor sin Dios ni dioses. Por Luys Coleto

Cuatro siglos antes de Jesús, rabino liberal de Galilea, Aristóteles en el Libro Primero de La Ética a su querido retoño, Nicómaco, aseveraba que  “vivir bien y obrar bien es Io mismo que ser feliz”. Y poco después agrega, “el hombre feliz vive bien y obra bien, pues se dice que viene a ser una buena vida y buena conducta". Eudaimonia, areté faro y norte.

Ser decente sin necesidad de creer en  fantasmas

Una sólida, profunda y arraigada ética sin necesidad de advenimiento de Mesías alguno. Y todo ello culminado en la antigua Grecia, por supuesto, con mis amados cínicos. Dejando, con el transcurrir de las calendas, un hondo legado entre los estoicos. Nuestro cordobés Séneca, culmen. No conmoverte, no inquietarte, no preocuparte por cuestiones nimias, ni por los bienes materiales ni por aquello que no puedes cambiar. Apatheia y ataraxia, fusionadas. La cúspide de la bondad, bondad canina desde luego. Vida frugal, libre, libérrima, simple y capaz de lanzar eficaz bocado a quien sea con tal de no consentir injusticia alguna. Mordiendo siempre al opresor.

Y el estrecho vínculo establecidos por los cínicos entre bondad y felicidad transitando inexcusablemente por la senda del irrenunciable amor a la libertad. Fascinantemente excéntricos, contestatarios, antiautoritarios, irreverentes, su brújula, la libertad, extrema, extremada, extremadísima. Siempre molestando, porque molestan quienes señalan con el dedo lo absurdo de las convenciones y brutalidades a las que casi todo el mundo absurda e incomprensiblemente se adhiere. Libertad y autonomía moral, lograda sinonimia. Ser justo y recto, sin Dios ni dioses en lontananza. Ni en sitio alguno.

Entre la Escila del dogmatismo ético y la Caribdis del relativismo moral

La autonomía moral exige inexcusablemente el rechazo de toda norma basada en la autoridad. Nuestras acciones no pueden legitimarse recurriendo a los mandatos y disparatadas arbitrariedades de dioses, sacerdotes o caudillos. Ser decente recurriendo a nuestra bendita racionalidad. Y buscando afanosamente arriscado y sutil equilibrio entre el dogmatismo ético y el relativismo moral. 

La tesis de David Hume sobre la imposibilidad de hacer emanar las normas de los hechos jamás conduce al no-conocer ético, a la privación de un método racional para esclarecer las contiendas morales de manera sustantiva aunque siempre conjetural.

En otro sentido, fascinante y fascinador viraje de ciento ochenta grados, también se corre el riesgo que apunta el insuperable Tractatus Logico-Philosophicus: la invitación a la mudez que hacia el genio del siglo XX, Ludwig Wittgenstein, ante las incognoscibles cuestiones oscurecidas a la razón, con el resultante envío de la ética a lo místico, puede traducirse en una nueva reincidencia en el dogmatismo a través de la cuestionable senda del escepticismo relativista.

Coda perruna

Y retorno a mis perros. Antístenes quedó hondamente impactado por la imperturbabilidad de Sócrates frente a la muerte. Está claro que el maestro de Platón no deseaba morir, pero estaba dispuesto a hacerlo por sus ideas (justas) sin resistirse.

Tras presenciar aquello, Antístenes decidió dedicar su vida a animar esa autarquía, esa capacidad de autogobierno de uno mismo que había intuido en El Tábano de Atenas. Y dejar de preocuparse por cuestiones que no merecen atención, porque no son importantes, sino superficiales, fútiles, irrelevantes. Y transmitió ese legado a su discípulo predilecto, Diógenes de Sinope.

Y ese legado pervive en tantos perros que pensamos que pocas cosas existen más banales (y más letales) que recurrir a cualquier autoridad para justificar un comportamiento íntegro. Ni cielo ni infierno. Mordiscar a los malos y jugar con los buenos. Y aprender de ellos. En fin.

A-ver-rey-AlejandroyDiogenes

Perro_mordiendo

La religión. Por Rafael López

 
Empiezo esta nueva controversia, contra mi rival Luys Coleto, muy indignado al haberme achacado, en la última de ellas, que conocía a unos "tipos" muy raros que, hasta el fatídico domingo pasado, me eran absolutamente ajenos. ¡No admitire semejante falaz imputación ni harto de coñac! 
 
Los susodichos son un tal Hobbes que se iba de parranda con una mascota llamada Behemot (este Luys siempre tan enternecedoramente cariñoso con los animales); y dos "compañeros de pupitre" de los años mozos de Luys llamamos Giovanni Pico della Mirandola y Tomasso Campanella (según me confeso, en un correo de esta semana, cuando salían al patio, durante el recreo, resultaban un tanto "fríos" y excesivamente "quietos"). 
 
Yo como no fui a colegio de pago como él, tuve compañías menos nobles y mucho menos perturbadoras, gracias a las cuales hemos acabado, afortunadamente, en las antípodas del pensamiento. Trato de ser indulgente con el insaciable torrente educador de Luys que trata, por tierra, mar y aire, de incrustar conocimientos filosóficos, y éticos, en mi esportillada cabezota, y por ese motivo si algún Centro educativo se decide a contratar a tan insigne miembro de la actividad docente hará dos obras buenas: la primera hacia los alumnos del Centro; y la segunda hacia los lectores de este medio al minimizar la "fogosidad" de Luys en nuestras controversias, ya que estará más ocupado en menesteres más dignos. 
 
De cualquier manera los aviesos planes de Luys no se detienen "jamás nunca" y para esta semana ha planteado, con la coadyuvacion de un "tirano", una controversia que domina a la perfección: Ética y Religión. 
 
Aunque existen distintas religiones, yo sólo de una se, y probablemente no mucho, por ello me centraré en lo que, para mi, significa, y es, la religión cristiana, y pienso realizar su defensa de una manera sencilla tal como me enseñó, principalmente, mi Madre. 
 
La cuestión esencial de la religión es la fe que, como todo lo intangible, es difícil de asimilar para quien no cree en ella. Podría recurrir al ejemplo ramplon de que la electricidad tampoco la vemos y existe pero, como nada tienen que ver, considero oportuno desechar esa simpleza y afirmar que la fe religiosa permite al hombre entenderse a si mismo y a sus semejantes, disciplinarse y relacionarse con los demás y todo ello gracias a las enseñanzas que nos dio Jesús. 
 
Sin embargo, la fe alcanza mucho más de lo descrito por este juntaletras otoñal, pero como no soy doctor de la Iglesia, ni persona con conocimientos para ampliar los términos antes expuestos, me limitaré a afirmar que mis entendimientos de la fe, antes expuestos, me han sido de gran utilidad para conducirme en la vida, y que esa enseñanza vital ha sido, desde el principio hasta el fin, gracias a la religión. 
 
Complementa la fe, de una forma importantisima, la ejemplaridad de quienes la profesan; más vale un buen ejemplo que todos los libros de religión juntos. La Iglesia católica ha contado en su seno con un importantisimo número de Santos y Mártires que han sido ejemplos vivos de la fe cristiana, incluso la mayor parte de ellos han entregado su propia vida, el supremo sacrificio, por la fe. 
 
Inevitablemente, los hombres también han pervertido, en su propio beneficio, la religión, aprovechándose y lucrandose de ella, con ejemplos nada edificantes. Pero esos sacrilegos de la fe cristiana en nada desvirtúan, ni merman, la divinidad del mensaje de Nuestro Señor Jesucristo. 
 
Estoy convencido que habrá algunos aspectos de la ética que sean coincidentes con la religión cristiana, y que grandes filósofos también dieron muestra en vida de gran dignidad, bondad y sabiduría, incluso de alguno como Socrates que llegó a dar su vida por defender sus ideas. Pero debe tenerse en cuenta que las ideas filosóficas, y sobre la ética, tienen un componente 100 % racional, 100 % humano, mientras que en la religión es 100 % divino. Esa diferencia en su génesis pone muy claramente de manifiesto su distinta naturaleza. 
 
La Ética cuando abraza el concepto del viejo refrán "haz el bien y no mires a quien" está cuasi adoptando el mandato divino de "amarás a tu prójimo como a ti mismo". Es decir, existen similitudes entre el bien ético y el bien religioso, pero la religión tiene una trascentalidad de que la ética carece. Cualquiera puede pasar de la ética a la religión, pero el apóstata que reniega de la religión pasa a ser un descreido de todo, a no creer en nada, ni siquiera en la ética. 
 
Vivimos tiempos terribles para la fe, la tecnología, las nuevas formas de dominación del individuo (de destrucción del individuo diría más bien yo), la idolatría han socavado en tantos pechos el aliento divino de la fe que casi, o sin casi, la han llevado a las catacumbas de sus orígenes. Pienso que esos mismos factores también han destruido la ética, imponiendo un no se sabe que nuevo orden mundial que supone la conversión del individuo en una res al servicio del amo, cuando no para llevarla directamente al matadero. 
 
Porque el mensaje de Jesús es eterno, prevalecerá.