La semana que comenzó el día después de su querida manifestación mi madre se recuperaba de un ictus en la un hospital de Madrid, con la ilusión de recuperarse completamente, despacio tal y como habían pronosticado sus médicos y reincorporarse a su tratamiento contra el cáncer, un cáncer curativo según el diagnóstico comunicado con tremenda alegría por su doctor y recibido con lágrimas de emoción. 

Todo funcionaba, sus miedos lógicos no vencían a sus ganas de vivir, de continuar abrazada a nosotros y recibir en ese abrazo a Martín, un pequeño que la derretía el corazón antes incluso llegar a verse. 

Pero desde el lunes 9 de marzo, la atmósfera cambió en el hospital, el gesto de los médicos y enfermeras era distinto, había miedo circulando a la velocidad a la que circulaba su covid. Los gestos no pasaban desapercibidos, médicos pulsando los botones de los ascensores usando sus batas como escudos, señales rojas de peligro en habitaciones cerradas, recomendaciones básicamente personales de algún auxiliar pidiendo restringir las visitas. El peligro ya era visible para todos, casi denso. 

Pero su palmero, el señor Simón, a sus órdenes siempre y con un guión escrito para sostener su deseada manifestación, hablaba, horas antes de lo que les cuento, de un tipo de gripe,  de la falta de necesidad de suspender tan infame manifestación arrastrando así irremediablemente también otras concentraciones. 

Todo era evidente sin necesidad de acudir a las fuentes de información que ustedes disponen. Habían prendido sin remedio la escalada exponencial de contagios pero su manifestación ideológica ya estaba en  todos los telediarios. Los besos de sus ministras y las expresiones de victoria ya se habían emitido en todas las pantallas. Todo un acto de tremenda prepotencia, irresponsabilidad y despotismo. Nada les ha importado, todo es pequeño bajo sus objetivos políticos.

Un martes, tres semanas después, mi madre caminaba con ayuda, mi madre comenzaba a mover su brazo perdido y había tomado su segunda sesión de quimioterapia, seguía apostando fuerte, estaba convencida, pero amaneció con fiebre.

Se nos encogió el corazón, iba a ser una víctima de su falta de sentido protector y una víctima también de su gestión sanitaria, del control nefasto que han hecho.

Entramos en las urgencias saturadas y angustiados por la falta de recursos sanitarios que conocíamos, que habían sido publicados en muchos medios. Una falta letal a la que ustedes y su incompetencia no supieron anticiparse. A mi madre la clasificaron como persona no prioritaria para ocupar esos recursos que deberían haber estado preparados. Deberían haber estado peleando hace semanas previendo esto, era su obligación máxima, su obligación única. Qué tenían en la cabeza, por Dios!

Mi madre aguantó una semana, totalmente aislada, apenas comunicada con quién podía darle fuerza, con quién podía ayudar a empujar, con quién podía darle calma y serenidad que a veces es simplemente medicina. Separados,  ella cumpliendo su pena y nosotros la cuarentena impuesta a todos, excepto a ciertos personajes oscuros de la casta que tienen otros derechos. Me refiero al señor Iglesias y sus pases para el consejo de ministros

El personal del hospital ayudó lo que pudo, poco bajo mi punto de vista, aunque apuesto que debido a su manera, querido presidente, de afrontar esto. 

No les han dejado espacio, recursos, ni tiempo para prestar una atención tan humana y necesaria en esta situación. Solo les han provisto de miedo. Eran las mismas personas que hace 3 semanas cuidaban con delicadeza de ella. Ahora no podían hacerlo, ustedes ya habían provocado el desborde y la frustración y la tristeza inmensa de un sistema y de unas personas que funcionaban antes con el cariño que la sanidad necesita. 

Mi madre no tuvo un respirador y les culpo a ustedes por preocuparse de vender y sacar adelante su manifestación en lugar de haberse esforzado en comprar los recursos que a día de hoy aún muchos no tendrán. En lugar de poner barreras para echar atrás su virus.  

Mi madre lo iba a perder  todo en cuestión de días, sola. Eso es lo que vivimos la gente de verdad.

Ahora ustedes envuelvan está tristeza, este ahogo y está rabia en papel de regalo, con sus anuncios en el ente público, con sus arengas sin periodistas para que sean perfectamente a medida, sin dar cuenta de nada en el parlamento. Envuélvanlo en papel de regalo junto con todo lo que dicen que hacen o van a hacer y no han hecho ni harán. 

Estamos en la era del marketing, el envoltorio es lo importante. La manipulación y tergiversación empieza sin pudor,  incluso estando lejos de terminar esta tragedia que pudo ser menos si hubiéramos tenido políticos de verdad o simplemente alguien al frente preocupado por la gente.

losVazquezHernando

Carlos Vazquez Hernando, Ignacio Vazquez Hernando y Raquel Vázquez Hernando