¿Conoces, amigo que me lees, lo que es estar esperando cada mes como agua de mayo, no; como miles de océanos de aguas de mayo los únicos 270 euros que vas a recibir, en concepto de una pensión no contributiva? Yo sí, yo conozco a una señora de edad que se ha dejado toda su vida de sol a sol y parte de las noches, entre el campo y su familia en una magra, muy magra propiedad en mi origen galaico. Y como ella hay muchas. Y muchos, también. Y a lo largo y ancho de toda España.

Su vida fue la de madrugar, llevar el ganado al monte o al prado, volver y dar los desayunos a los hijos y demás familia, dejar la casa y comida preparada para el almuerzo, partir al tajo a ayudar en verano en la siega, recoger las berzas y patatas para cocer el caldero de la comida de los cerdos, atender las aves de la casa, ordeñar el ganado antes de la cena, cada 15 días amasar y cocer el pan para toda la familia y semanalmente ir al lavadero y hacer la colada de toda la familia.

Cuando no era la siega, era la corta a guadaña de la hierba como alimento de vacas, terneros y conejos, o la siembra del centeno, porque trigo se cultivaba poco, o la malla en la era, al tiempo que preparar la comida para familia y vecinos, o la siembra y recogida de las patatas y un sin fin de tareas más. Y cuando llegaba la matanza, buena parte de las tareas de este rito que daba de comer buena parte del año a toda la familia.

El poco solaz se circunscribía a la Misa dominical y la charla posterior con amigos y vecinos y si tocaba domingo de feria en la capital del municipio, andando para llevar a la feria las pocas viandas -algún huevo o queso, o gallo/gallina- para vender y si se había dado bien la venta, tomar con su marido una ración de pulpo, para coger fuerzas para el camino de vuelta.

En definitiva, esta fue su vida: mucho trabajo, ninguna vacación, magra comida y sencilla vestimenta. Hoy, una miserable pensión a la que llaman no contributiva. Otro tanto, se podría decir de ellos, de los hombres. Porque si aquello era un patriarcado, como hoy berrean y vociferan las alocadas feminazis, que baje Dios y lo vea. Algunos no dudaron en emigrar y pasar calamidades y los trabajos más penosos, gracias a ello, hoy pueden tener unas pensiones algo más dignas.

¿Acaso su trabajo no ha contribuido a sacar a España de una cruel guerra y posguerra, a dar escuela, bachillerato, universidad y trabajo a muchos jóvenes de la época, a levantar el emporio industrial de los años 60-70, a inculcar valores en sus hijos, a olvidar banderías y asesinatos en la mal llamada transición, que ya habían hecho unos y otros?

Yo también conozco a otros que poco o nada contribuyen. Más bien todo lo contrario. Pero éstos no tienen una pensión no contributiva. A éstos les damos algo más, mucho más que a mi paisana. Veamos algunos ejemplos:

Nada contribuyen y bastantes delinquen los llamados menas que nos envían sus padres marroquíes para que nosotros los criemos y soportemos. A estos les pretendemos, sin éxito, educar en buenas residencias que nos cuestan cerca de 5.000 € mes/mena y que cuando cumplen -es un decir- la mayoría de edad y hasta los 23 años les damos 643 €/mes para sus gastos o la comisión de sus delitos.

Otrosí, es el caso de los ilegales que llegan a nuestras costas atlánticas y mediterráneas sureñas en número apabullante y a los que dotamos de una paguita para sus gastos, manutención y alojamiento en hoteles de 4 estrellas, caso de Canarias y luego delinquir en las islas y en la Península, adonde son trasladados gratuitamente.

Tampoco han contribuido la gran mayoría de tuercebotas diputados y senadores, que con dos legislaturas ya consolidan la pensión máxima de jubilación. Al igual que exministros que van vitaliciamente a los aparcaderos de a 150.000 o más euros en el Consejo de Estado o a las puertas giratorias en monopolios eléctricos, gasísticos, tecnológicos, etc.

O los 14.000 o más millones destinados anualmente a subvenciones sin justificación alguna que los políticos adjudican a dedo a sus chiringuitos clientelares, poblados de vagos y maleantes, sin oficio ni beneficio, de ninis de la nada. Ellos, aquellos niños o jóvenes de los 40-50 no fueron a la escuela porque tenían que trabajar. Hoy da igual que nuestros nietos vayan o no a la escuela porque poco y malo es lo que les enseñan, fomentando desde los planes de estudio la vagancia, el demérito, la desmemoria y las perversiones sexuales.

Esto y otros disparates es lo que la que llaman nuestra democracia nos ha traído de la mano de un bipartidismo abyecto que se fue prostituyendo y corrompiendo y lo que ahora, aumentado y corregido, nos provee el pluripartidismo pletórico de pijos gañanes, secesionistas, filoterroristas, comunistas y ágrafos. Todos a robar para si mismos y algo, un poco, para el partido, mientras los secesionistas se siguen cobrando buenas raciones de pienso en contante y sonante.

Los demás, lampando y legión de mayores lampando todavía más. A razón de 270 euros al mes. Y ahí te las apañes, luego de toda una vida deslomados a trabajar. Eso sí, a alguien se le ocurrió decir que no contribuyeron nada, ni en nada. Será que hemos contribuido más nuestra generación y el listo al que se le ocurrió tal epíteto. Pero sí, estamos contribuyendo y bendiciendo el contradiós y el caos en que vivimos.