Señores, hoy el virus comunista que me tiene encerrado y volviéndome loco entre libros y lecturas me ha proporcionado, sin embargo, una sonrisa, o incluso algo más, porque llevo horas riéndome tras leer “La leyenda de Natalio el carteyano”. No sé si será verdad, si ocurrió o si fue el invento de alguna mente intoxicada por otro virus asesino. Pero, como yo pienso también en ustedes y me gusta que se diviertan para que no sea todo vacunas, PCR , médicos u hospitales, me complace reproducirla para que se diviertan. Así que pasen y lean y si se ríen mucho no tengan inconveniente en escribirme y contarme sus risas:     

 

         La leyenda que aquí se va a contar tiene también una  parte verdadera de historia, pues está demostrado que “Natalio el Carteyano” existió y vivió en la calle María Auxiliadora del barrio de San Lorenzo en Córdoba. Según recoge en sus “Memorias” el escritor Gabriel Araceli,  el curandero Natalio nacido en la aldea de “El Cañuelo” de Nueva Carteya,  se estableció en Córdoba en los últimos años del siglo XIX, concretamente en 1877, y desde esa fecha hasta el año 1907 que falleció fue una verdadera institución a nivel popular, ya que llegó a ser considerado como un genio de la medicina sin ser médico, pues no sólo curaba algunas enfermedades del cuerpo sino también las provocadas por motivos espirituales o psicológicos. Según algunas versiones “El Carteyano” dominaba como nadie las hierbas naturales y tenía unas manos milagrosas.

 

         Su fama le venía de antiguo,, de cuando en Nueva Carteya curaba los dolores de barriga, las úlceras estomacales y las jaquecas femeninas y recolocaba huevos salidos de su sitio sólo con sus dedos y sus toques corporales.

 

         Muy pronto su fama se fue extendiendo por los pueblos de alrededor hasta el punto de que un día decidió trasladarse a Córdoba capital para aumentar su clientela. Por entonces Natalio, con treinta y ocho años cumplidos, ya se había casado y tenía seis hijos, tres chicos y tres chicas y vivía holgadamente, tanto que hasta se permitía el lujo de vender las hierbas que le traían de varías partes del mundo.

 

         Pero, Natalio, a pesar de sus éxitos no se sentía realizado y comenzó a estudiar el porqué algunos matrimonios sólo tenían niñas y otros sólo niños y poco a poco fue llegando a la conclusión de que todo dependía del propio acto carnal entre hombre y mujer. Según su teoría el sexo del que iba a nacer dependía de la forma de moverse el varón en la vagina de la mujer. Para Natalio, que todavía la ciencia no había descubierto el punto G femenino ni la fuente del máximo placer sexual situado en el clítoris, el placer femenino no estaba situado en un punto fijo sino que se movía de forma circular durante la penetración y los movimientos  del acto carnal. Lo que definió como “El polvo circular” o sea aquel en que el hombre no sólo debe penetrar a la mujer sino una vez dentro de la vagina el pene tenía que moverse como si estuviera jugando en una ruleta. “El quid” de la cuestión era saber detener el movimiento justo cuando llegaba  a la hembra el orgasmo, si lo hacía estando a la izquierda nacería una niña, si por el contrario se detenía a la derecha nacería un niño.

 

         Esta era su teoría,  pero no encontró en aquellos años ninguna mujer casada que aceptara el “juego”,  pues ello significaba que tenía que hacer el amor con el curandero antes de hacerlo con su marido y una vez aprendida la lección.

 

         Hasta que un día la mujer de un sobrino suyo, que ya tenía seis niñas y estaba loca por tener un niño convenció al marido de que nada perdían en participar en el “juego” que les proponía su tío. El joven marido aceptó y en medio de un gran secreto una noche se realizó el experimento... Bueno el resultado de “aquello” fue que la sobrina tuvo a la postre un niño, su primer hijo varón. ¡ Ay¡, pero la pareja no pudo mantener el secreto y poco a poco se fue extendiendo la fama del curandero Natalio, pues tras la sobrina vinieron otras conocidas y todas ellas alcanzaron su deseo.

 

         Nacía niña o niño a voluntad de los padres siguiendo al pie de la letra las instrucciones del carteyano.

 

         Naturalmente, aquello causó tal revuelo en Córdoba que en los años siguientes llegaron parejas de Andalucía y de otras partes de España, hasta formarse a veces colas en la calle María Auxiliadora.

 

         Sin embargo, la fama del curandero Natalio alcanzó la cumbre cuando un día solicitó sus servicios la Duquesa del Llano del Espinar y Grande de España, la que ya tenía once hijos, todos varones y ansiaba una niña pagando lo que hubiese que pagar o haciendo lo que hubiese que hacer... y Doña Leonora, la señora duquesa, se metió un día en la cama del curandero ya  rico y  se sometió a la prueba . ¡Fue un éxito total¡, porque Doña Leonora tuvo al fin la hija deseada, que además nació con los rasgos idénticos de su padre, el Señor Duque, lo que confirmó que la labor del curandero carteyano se limitaba a transmitir al marido sus experiencias y sus métodos.

 

 Hasta que un día las Autoridades Cordobesas y el Señor Obispo, alarmados por el revuelo social y las críticas feroces de los médicos y los científicos, prohibieron al curandero Natalio el ejercicio de sus profesión, le cerraron sus instalaciones, que ya eran de lujo y lo encarcelaron.

 

         El curandero “Natalio el Carteyano” murió en 1907 en la cárcel y su método cayó en el olvido. Pero, ni la ciencia ni la medicina han encontrado aún la forma de que los padres elijan el sexo de sus hijos, tan sólo se ha llegado a identificar el sexo del feto cuando aún está en el vientre de la madre.