Todo tiene un principio y un final, todo comienza y todo termina. Para lo bueno y también para lo malo, las cosas terrenales son finitas y solo perdurables en un espacio de tiempo determinado. He de reconocer que esta temporada radiofónica, sin lugar a dudas, ha sido la más dura a la que me he tenido que enfrentar, y creo hablar no solo en mi nombre, sino también en nombre de todo el equipo de radioya y de todos sus colaboradores y amigos. Un equipo magnifico que ha hecho posible que no faltáramos a la cita y al compromiso que teníamos con todos nuestros oyentes ni un solo día.

Reconozco que nada fue fácil, que el intentar mantener el ánimo, acudiendo a la emisora, con las calles desiertas, la gente confinada en sus hogares, con nuestras familias preocupadas e informando del fallecimiento de casi mil personas diariamente, era algo más que complicado. Gran parte del merito y del éxito cosechado esta temporada, se lo debemos a todos ustedes, a los oyentes, a los socios del club de amigos de radioya, a nuestros anunciantes y productores, a todos aquellos que con sus mensajes de ánimo nos alentaban y nos animaban día a día para que ninguno de nosotros se viniera abajo. Lo peor, la incertidumbre y no saber exactamente lo que estaba pasando y a que nos enfrentábamos. Estábamos y estamos, en el peor de los escenarios, con el peor de los gobiernos posibles.

Una temporada que a todos se nos ha hecho muy cuesta arriba y muy larga, una temporada que como todos se pueden imaginar, marcara nuestras vidas. Con amigos que nos dejaron para siempre, con noticias que hubiésemos preferido no contarles y con circunstancias que han hecho de estos últimos meses, algo que no éramos capaces de imaginar ni en nuestras peores pesadillas. Hemos tenido muchas satisfacciones, gracias a esos oyentes fieles que a pesar de la dificultad del momento, conseguían arrancarnos una sonrisa, siempre apoyando, siempre aportando y siempre críticos con un espíritu constructivo, pero porque no decirlo, hemos tenido también muchas miserias. No hay nada peor que el fuego amigo, que la critica fácil y despiadada sin otra finalidad que la de hacer el mal, que la de hacer daño. No soporto a todos esos miserables que solo ven la paja en el ojo ajeno, pero nunca la viga en el propio. Aquellos que hablan sin parar, para no decir nada, esos que no aportan, pero que nunca callan, los del insulto fácil detrás de un seudónimo y un teclado, para todos ellos, mi más sincero desprecio y animadversión. Son sujetos que pululan entre nosotros, con forma humana, pero con comportamientos propios de reptiles y cucarachas. Alcahuetas con un alto déficit de cariño. Los del lamento, los que intentan darnos lecciones de ética y moral, desde el cómodo sofá de sus hogares. Radioya es una emisora cercana, un medio de comunicación  apegado a sus oyentes, difícil de calificar, y sin más pretensión que la de informar, entretener y mantenerse fiel a una línea editorial muy concreta, pero sin pretender dar lecciones a nadie y ni mucho menos sentar cátedra. No somos quien para repartir carnets ni de patriotas, ni de demócratas, ni de católicos. No nos toca a nosotros juzgar a nadie, que si denunciar. Nos debemos a la verdad, por muy incómoda que esta sea.

Una temporada que llega a su fin, una temporada dura, difícil, complicada, extenuante,  con sabor agridulce, pero con la satisfacción del deber cumplido. Es tiempo de hacer balance, es tiempo de hacer análisis y sobre todo es tiempo de sacar conclusiones. No sabemos lo que la providencia nos tiene reservado, nuestra intención,  poder estar con todos ustedes el próximo día 1 de septiembre, con ilusiones renovadas, con más fuerza que nunca, trabajando en esa radio que un día soñamos  y con la que miles de personas se sienten identificados, con sus virtudes y con sus defectos, en definitiva, la radio de todos ustedes. Por todo ello, gracias. Y ya saben lo que le dijo John Rambo a su Coronel, a la pregunta de ¿Cómo vivirás Johnny?, día a dio. Ya saben lo que tienen que hacer, vivir día a día y no creerse todo lo que escuchen por allí. Es posible que sea mentira. Nos escuchamos, nos vemos, Dios mediante en septiembre… Sean felices.