AYER
Y bien, señor, ¿qué hacemos ahora? Pasó lo de Andalucía, pasó lo del País Vasco y pasó lo de Cataluña... ¡y aquí no pasa nada! Tal y como yo se lo decía, señor. Los españoles ya no son los españoles. España ya no es España.
                 --No desatines, Horacio. ¿No ves que es noche cerrada y duermen todos? Deja que el sol rompa el horizonte y canten los gallos en los corrales. Deja que crujan y chirríen las puertas y se asomen a la calle las mujeres. Deja que los hombres se echen a los caminos y que los mozos canten... Deja que doren los trigos; deja que aumente el fuego... Sí, Horacio, deja que se despierte su señor Don Quijote. España no puede morir así.
               Pero, señor, ¿todavía cree en los milagros?, todavía cree en la primavera?, ¿todavía cree en Don Quijote?... Recordadlo,  mi señor: Don Quijote traicionó a su autor y vendió su alma por un televisor en color, un piso y un coche...
               --No digas tonterías, Horacio, que yo te tengo en más y te aprecio el buen juicio que me tienes demostrado. Mira a tu alrededor y contempla. Contempla esos campos de Castilla. Contempla ese valle del Guadalquivir. Contempla esa huerta valenciana... Sube a los montes de Asturias y paséate por los prados de Galicia. Detente un momento en el Montseny y asciende después hacia el  Pirineo... Si, recorre la ruta de los conquistadores y hacércate hasta Huelva para asomarte  al océano de Colón... ¿Y tú crees que todo eso puede morir así de tontamente?... ¿Tú crees que Ignacio y Teresa, que Miguel de Cervantes y don Miguel de Unamuno, que Velázquez y Goya, que Quevedo y Valle-Inclán, que Baroja y Azorín, que Lucio Amneo Séneca y don Juan Valera, que Ramón y Cajal y don Antonio Machado, que Rosalía de Castro y don Vicente Blasco Ibáñez, que don José Ortega y Gasset... no velan arriba y sostienen con su gloria la unidad y la grandeza de esta vieja nación española? ¡Oh, no, Horacio, no seas pesimista! ¿Qué sabes tú de este noble pueblo?... ¿Acaso puede dudar de aquella Isabel que planteó sus reales en Santa Fé y, tras conseguir la unidad,  abrió los mares que llevaban al nuevo mundo? ¿Y de Agustina? ¿Puedes dudar tú de aquella mujer que supo y quiso defender la independencia de su Patria a cañonazos?... ¡Es tanta la historia de este pueblo!
             Sí, mi señor, todo esto es verdad. Pero, también Roma fue grande y un día le llegó su hora. Porque, no lo olvide, mi señor: la Historia es implacable.
            -- Sí, Horacio, la Historia es implacable con los pueblos que olvidan su Historia. Pero, aquí, ¿tú crees que aquí puede olvidarse la Historia? Levanta una piedra y encontrarás una mezquita. Remueve la tierra y hallarás una santa. Bebe las aguas del Lozoya y te sabrán a libertad. Mezcla tierras de vinos y te saldrá un caudillo... ¡No, Horacio, España es una cosa muy seria!
             Bueno, mi señor, hoy veo que le ha dado por la española. Pero, lo dicho: ya pasó lo de Andalucía, ya pasó lo del País Vasco, ya pasó lo de Cataluña... y aquí no pasa nada. Ni siquiera ha caído el Gobierno.
          --¡ Insensato y ciego! ¡Torpe e incrédulo! Pero, ¿es que no hueles?, ¿es que no sientes?, ¿es que nos oyes ya el galope de la pasión y del honor?, ¿es que no se canta ya el despertar el gallo y del deber?... ¡Cierra los ojos y escucha! Escucha el ruido del viento; escucha el vuelo de las mariposas, escucha canto del agua que baja de la sierra... ¡Y tú, Horacio, puedes decir que España ya no es España!... Pero, ¿no ves cómo la fe ya está moviendo las montañas?, ¿no ves cómo se acerca la aurora y a lo lejos se oye cantar al pueblo?...
          Con dolor, ¡ay, madre
          con dolor me diste tú la "vía"...
          y con alegría, ¡ay, madre!
          la daré yo por la Patria mía...
 
HOY.
Pues, yo estoy de acuerdo, mi Señor, España ya no es España...la España de ayer tenía orgullo y dignidad y defendia con su via su honor y esta ¡pero, Hamlet, si los jóvenes de hoy no saben ni que son españoles!...Señor, si sólo luchan por conseguir una subvención que les permita vivir del cuento y sin trabajar... Sí Horacio, pero la nación que tiene entre sus hijos a Cervantes, a Lope, a Clderón, a Teresa, a San Juan, a  Quevedo, a Góngora, a Unamuno,  a Ortega,  a  Lorca, a Cajal... no puede morir. Señor, no sueñe, lsi los jóvenes de hoy no saben, a veces, ni quienes son sus padres... y para ellos la Historia acaba en el "botellón" de ayer. Amor libre, cachondeo nocturno, dormir hasta las 2 y poner la mano para que los papás suelten la pasta. Sí, mi Señor, España sí puede morir, España ya está muerta. ¡¡¡Oh, Dioses !!!... Menos mal que ya vienen de camino Hernán Cortés y Pizarro montados en el caballo de Pavía.