Este artículo se lo dedico a mi amigo Manolo Piedrahita (viejo compañero en el "Pueblo· de Emilio Romero), el hombre que más sabe de aceite en España, o al menos el que más y mejor escribe del aceite de oliva virgen, porque sé que él va a ser el único que no se ría por lo que aquí voy a contar.
              También tengo que decir antes de hablar de mi "descubrimiento" que yo nací y me crié entre olivos, pues nací en Nueva Carteya, uno de los pueblos más bonitos de la Campiña cordobesa, un pueblo de olivos, tan invasores que a veces hasta se cuelan en los patios de las casas, como lo reflejó el mismísimo Federico García Lorca en una visita que hizo en 1932: "Que raro es que un pueblo cordobés y andaluz tenga más molinos de aceite que tabernas"
                Pero vamos a lo que vamos y no se rían.
                Hace ya más de un año (concretamente 1 año, 3 meses y 7 días) que la COVID19 rompió el silencio de los corderos que vivíamos gracias al somnífero que nos está dando el Eteocles Sánchez desde que llegó a la Moncloa...y que mis médicos me alertaron de la máxima peligrosidad que el virus asesino que nos invadía podía ser para una persona que, como yo, arrastra una EPOP de elefante y vive con un solo pulmón. Naturalmente yo tuve que aceptar todas las Normas de la Alarma impuesta (sicológicamente criminal): confinamiento, mascarilla, gel de hidroalcohol, distancias obligadas y saludos de codos y etc... 
             Pero, entonces, tuve la idea, recordando viejas y ancestrales costumbres de mi madre, "medicarme" por mi cuenta con  tres cucharadas de aceite de oliva virgen (desayuno, comida y cena) y les puedo asegurar que estoy tan sorprendido de sus efectos que ya no tengo más remedio que contarlo,  pues no sólo me está salvando del virus asesino sino que hasta respiro mejor.Tres cucharadas grandes de aceite puro de oliva virgen,la primera en cuanto me levanto, otra con la comida y otra con la cena. Aceite de mi pueblo, por cierto con la Denominación de Origen de Baena, el pueblo de mi amigo Piedrahita.
              La verdad es que no sé qué cualidades curativas, médicas, tiene el aceite de oliva virgen (me dicen que 1 gramo de aceite tiene 9 calorías, que el ácido oleico que contiene es bueno para el corazón y que es fundamental para luchar contra cualquier tipo de virus), pero a mí me está salvando del COVID19 y eso ya es un milagro, porque desgraciadamente durante el maldito año que va transcurrido desde la invasión ya se me han ido tres buenos amigos, cuatro compañeros y no sé cuántos conocidos.
            Así que, amigo Piedrahita, ya puedes añadir a tus historias de olivos y aceites mi caso. Porque yo no tengo dudas:el aceite de oliva virgen me está salvando del virus asesino... y eso que no he podido encontrar aquel verde oscuro que mi madre usaba siempre.
           Tanta confianza tenía en su "aceite verde" que en cuanto nos veía con fiebre, y antes incluso de la aspirina obligatoria, ya nos estaba dando las cucharadas de aceite de rigor.
            Bueno, menos mal que parece que esto se está terminando, aunque yo  por si acaso, seguiré con la receta de