La abadía de Montserrat y la Generalidad han retirado el monumento al requeté que estaba en un paraje de la Abadía. Sabíamos del odio de la Generalidad y del favor independentista y marxista de la Abadía. Por lo tanto, esto no puede extrañar a nadie. Creerán que es una victoria.

Tantas décadas de deriva marxista e independentista han hecho que Montserrat sea hoy la nada eclesial. Su discurrir sigue el mismo camino que lleva al despeñadero a tantas ordenes y centros de enseñanza, antes religiosos y hoy convertidos en cuevas de adoctrinamiento político marxista e independentista y filosofía Nueva Era.

Hace muchas décadas que la Abadía es un centro encamado con el marxismo y el independentismo, por lo que: “dime con quien andas y te diré quién eres”.

Para mí que en la Abadía están convencidos que sus amigos marxistas e independentistas les van a mimar. No quieren ver que esos amigos son revolucionarios, que están en plena revolución. Puede que ellos mismos se crean revolucionarios luchadores por la pesadilla independentista. Pero, la revolución los arrastrará. Porque las revoluciones suelen acabar devorando a sus criaturas. Y cuando llegue ese momento pedirán ayuda, gritarán socorro. Pues que estén convencidos que nadie acudirá en su auxilio.

Dice el refrán que “de mal nacido es ser desagradecido” y ellos han demostrado su desagradecimiento con aquellos que dieron sangre, vida y hacienda en defender Montserrat, a sus monjes y en devolver la Abadía a su antiguo esplendor, después de que en 1936 los mismos revolucionarios marxistas e independentistas arrasaran el lugar y dieran muerte y martirio a los monjes. Son los mismos revolucionarios, los mismos partidos que asesinaron a más de 7000 eclesiásticos entre 1936-39.

Dice el Evangelio: “No deis las cosas sagradas a los perros, no sea que se revuelvan contra vosotros y os hagan pedazos. Y no echéis vuestras perlas a los cerdos, para que no las pisoteen” (Lc7,6). Esto mismo ha pasado con la retirada del monumento a los requetés caídos por Dios, por España, por Montserrat.

Pues bien. Abadía, Abad y monjes, os aseguro que no moveremos un dedo por vosotros cuando volváis a gritar auxilio. La Santa Biblia nos enseña que algunas cosas deben ser arrasadas para ser levantadas de nuevo sanas y santas. Sin rebuscar mucho, ahí está el Diluvio. Pues eso, como Noé, cuando llegue el diluvio nos taparemos los oídos, cerraremos las puertas y diremos “no os conozco” “apartaos malhechores” (Mt.7,23).