Cuando suene la última trompeta,

volverán a despertar

los difuntos que aguardaban

el día del Juicio final.

 

La carne resucitada

recuperará su ánima vital,

y juntas ya para siempre

comparecerán ante el tribunal.

 

 

Justos y pecadores

serán juzgados por igual,

pero la suerte de cada uno

bien diferente será.

 

La sangre de los mártires

clamará reparación,

y en el infierno los réprobos

arderán sin remisión.

 

Santos y virtuosos

reconocidos serán por Dios

y en el cielo con visión beatífica

gozarán de su Señor.