El creciente aumento de noticias relativas a malos tratos en las residencias de ancianos debería suponer una fuerte sacudida en la conciencia de todos, independientemente de la edad. Tanto para mejorar la situación de nuestros ancianos en la actualidad como, siendo puramente egoísta, la nuestra en un futuro.  Envejecer es algo a lo que aspiramos todos y llegados a ese punto muchos de nosotros seremos clientes de estos centros.

Y el problema no se reduce únicamente a una falta de recursos económicos que se traduce en la existencia de unas plantillas reducidas e incompetentes. En esta sociedad hay una asignatura pendiente:  promover “la cultura de la vejez”. Basada en el respeto, la admiración y el cariño. Aspectos que las personas cuando alcanzamos esa edad en la que volvemos a ser dependientes debiéramos recibir por propio derecho y que, sin embargo, seguimos reivindicando.