La ministra Irene Montero en la presentación de su “agenda feminista” ha dicho entre otras cosas: “hay que vencer al machismo y al heteropatriarcado”

En estos primeros años de este siglo XXI, España ha sufrido y está sufriendo diversas pandemias. La pandemia de Zapatero, la pandemia populista – comunista, la pandemia de Sánchez y, por fin, la pandemia del covid. Estas dos últimas, para desgracia de España y los españoles, han venido de la mano. Pero no quiero olvidarme de una pandemia que lleva azotándonos desde más allá del inicio de siglo: la pandemia del feminismo que, además de pandemia, huele a ingeniería social.

Es milenario el deseo de la mujer de dominar el mundo, de gobernarlo; si no lo ha hecho hasta ahora, ha sido por culpa del varón, no porque ellas no estén capacitadas; al fin y al cabo, ellas son perfectas en un mundo imperfecto por causa del varón. Cuando ellas gobiernen, apartado el varón de la toma de decisiones, este mundo alcanzará ¡al fin! La felicidad para la que fue creado.

Señora Montero, tranquila. Los hombres vamos a crear una nueva doctrina moral social y política a la que vamos a llamar MASCULINISMO y que transformará el mundo. Esta nueva doctrina va a favor íntegramente de la mujer y surge tras una profunda reflexión de nosotros los hombres que, sometidos durante los últimos años a continuos ataques desde todos los ángulos de la sociedad, hemos decidió entregar las llaves del mundo a las mujeres. ¡Se acabó definitivamente – si es que alguna vez lo hubo – el reinado del hombre sobre la Tierra, se acabó el heteropatriarcado! En un acto de generosidad sin precedentes, renunciaremos a todo y lo pondremos en manos de la mujer, ese ser perfecto, sin mácula, el más inteligente jamás creado que ¡al fin! logrará lo que lleva reclamando siglos y siglos; todos sus deseos de poder en todas las áreas de la vida, se verán hechos realidad y universalizados. Por ejemplo, en política: Nadie más perfecto para ejercerla que la mujer, ella es más astuta, más mentirosa, más hipócrita, tiene menos escrúpulos, más camaleónica, más ladina y con la lengua más suelta. Toda la política en manos de las mujeres, y así como en política, en todo y en todos los quehaceres de la vida. ¿No lo quieren todo? Pues lo tendrán todo. Así los hombres nos libraremos de ese castigo bíblico del trabajo, incluso de los trabajos más duros, más expuestos, los que requieran más aportación física; pues hemos llegado a tal desprestigio del macho, del varón, del hombre que se creen que hasta en la fuerza física, ellas son superiores ¡pues que apechuguen! El Masculinismo va a abogar desde hoy mismo por dar el poder, todo el poder a las mujeres; pero eso sí, mediante el trabajo. Ellas harán y desharán como y cuando quieran. Nosotros, los hombres, liberados ¡al fin! del castigo bíblico del trabajo, podremos dedicarnos a las labores nobles, al silencio, a la meditación. Las más elevadas actividades del espíritu serán nuestro patrimonio. Mientras ellas estén entregadas a todo tipo de trabajos al haber alcanzado su sueño secular de dominar el mundo; nosotros, libres de las ataduras que durante milenios nos han impedido expresar nuestros más íntimos sentimientos, nos consagraremos a la plácida búsqueda de la verdad, al pensamiento, a la reflexión cosas que nos han estado vedadas durante milenios por tenernos que dedicar al trabajo, a la obtención del sustento con el sudor de nuestra frente; a partir de ahora mismo serán ellas las que suden. El Masculinismo implantará la verdadera justicia al conseguir la realización universal del feminismo y, al mismo tiempo, la verdadera felicidad de nosotros los hombres. Una nueva era se avecina, la era del Masculinismo. Nosotros, los fundadores del Masculinismo, al fundar esta nueva sociedad nos sacudimos de nuestros hombros el yugo milenario del trabajo y de la responsabilidad nunca reconocidos cuando es el hombre quien los soporta y, además, que todo hay que decirlo, ¡¡que estamos hasta los bemoles de oír constantemente que las mujeres son las únicas que sufren y que son superiores a nosotros por el simple hecho de ser mujeres!! ¡¡Que ya está bien!!

Nosotros, los primeros en formar parte de este movimiento que, esperamos se extiendan por toda España, ya hemos renunciado al trabajo y lo hemos dejado en manos de nuestras mujeres en la confianza de que ellas lo gestionaran mejor, pues son superiores a nosotros pobrecitos perdularios heterosexuales y heteropatriarcados. Mientras, pasamos nuestro bendito tiempo en el “dolce far niente” de una vida dedicada a la contemplación de las bellezas que nuestra Tierra nos ofrece y que antes no podíamos apreciar atenazados como estábamos por el trabajo y la responsabilidad.

Señora Irene Montero, dentro de poco no tendrá que preocuparse por los problemas derivados – según usted - del heteropatriarcado; con la llegada del Masculinismo, ya no habrá heteropatriarcado, toda España será un enorme matriarcado en el que las mujeres se responsabilizarán de todo, todo, todo porque dominarán todo, todo, todo; sueño milenario que, ¡por fin! las féminas alcanzarán gracias a nuestra generosidad.

Nota. Este artículo ha sido entresacado del libro Gog de Giovanni Papini