El plan de Berglogio sigue su rumbo, y el vértigo en el mundo católico se advierte con claros signos de contestación. Jamás un pontífice tuvo menos predicamento entre los suyos ni despertó más anuencia en los demás. Berglogio ha conseguido las dos cosas. Demasiado lastre para un pontificado que tuvo su primera gran falta cuando llamó a los padres y madres de familias numerosas “conejos”.

Berglogio ha pasado de las maniobras tácticas y globos sonda a hacer valer su posición prominente en la Iglesia sobre el miedo al cisma. De este modo, a pesar de criticar tan furibundamente el clericalismo, es lo que viene practicando para hacer valer su autoridad, aunque sin poder salvar la inquietud que cada día afecta a más fieles en temas relacionados con la enseñanza y la moral; sin dejar de mencionar el bochorno que produce cuando aborda, desde una simpleza imposible de sostener, el gravísimo problema de la inmigración.

En cuanto a lo que son cuestiones teológicas, enseñanza evangélica y moral, Berglogio ejerce una pedagogía conductista de raíz dialéctica interpretativa, que fue el método pedagógico de la teología de la liberación. Así, para Berglogio, toda la enseñanza evangélica hay que interpretarla acorde con los tiempos, esto es, desde un sentido ético-filantrópico a fin de que puedan abarcarse otras culturas; y respecto a la moral, haciéndola descansar sobre la conciencia personal, hasta el punto de enfatizar que no debemos someternos a la conciencia de otros, por cuanto esto es clericalismo. Sin dejar de mencionar su oposición a lo que se da en llamar la “mentalidad patriarcal” en la sociedad, y en la Iglesia, núcleo argumental del feminismo ideológico, por entender, igual que entiende el feminismo ideológico, que esta mentalidad actúa en menoscabo de la mujer. Y todo esto es el conjunto de enseñanzas que algunos berglosonianos han calificado de “proféticas”.

Enseñanzas que dan lugar al ecumenismo falsificado de Berglogio, por cuanto sin liturgia sacramental no hay culto solemne a Dios, aunque se celebren encuentros de oración; toda vez, además, que esas oraciones se dirigen no al Dios de Jesucristo, sino al dios invisible e innombrable, no sensible, al dios masón.

Y qué decir del bochorno que produce oírle hablar del gravísimo problema de la inmigración, cuyo acertado criterio sería proceder sabiamente y con visión racional desde los aspectos varios que dicho problema tiene, y no dando soluciones propias de una mentalidad atolondrada que se enreda en los diferentes aspectos del problema, subordinándolo finalmente a un imposible compromiso que por falso e inoperante se queda en lo abstracto. Y eso que la solución es sencilla.

Sencilla, porque la solución sería alejarse de toda concepción no realista y demagógica como es la de “fronteras abiertas” o “puertos expeditos”, al tiempo de marcar distancias con las ONG que han hecho del drama de la inmigración su estupendo modo de vida. Y en segundo lugar, no confundiendo la política migratoria con la de asilo, que son y deben ser realidades diferentes. Cuestiones ambas sobre la premisa de que Europa ya no puede aceptar más inmigrantes sin poner en peligro su cohesión y orden social. Sin descartar, antes al contrario, que hay una prioridad de acogida por razón de afinidad cultural, lo que obligaría rechazar a los musulmanes, a los que Berglogio defiende más allá de toda lógica de razón atacando sin sentido alguno a los que se supone somos los “suyos”, los católicos. ¿Qué problema hay para no ver la inmigración en esta dimensión de realidad? ¿Quiénes nos obligan a no verla así? ¿Qué intereses se esconden en propiciar una migración que Europa no puede aceptar por múltiples y variadas razones?

¿Por qué digo que Berglogio, Papa Francisco, puede que no sea católico? La consideración no es baladí y la hemos podido evidenciar todos. Me explico. Prescindiendo de referirme al sentido ecuménico que está imprimiendo en la Iglesia, que ya hemos comentado, me fijaré sólo en el impacto que supuso para el mundo cristiano en general, y para el católico en particular, los viajes del Pontífice argentino, Jorge Mario Berglogio, a Arabia Saudita y Marruecos, en cuyos países vimos al Pontífice encantado de conocerse, dejándonos muchas perlas para la confusión a la que nos tiene tan acostumbrados. Pero pongamos sólo un ejemplo.

A la pregunta que se le hizo ya en el avión, de vuelta al Vaticano, sobre la libertad religiosa en Marruecos, Francisco responde: “En Marruecos hay libertad de culto y libertad religiosa, pero, para que estas dos libertades sean plenas, se requiere una evolución histórica que a la propia Iglesia le ha costado siglos llevar a acabó, hasta el punto de que todavía hay católicos que no aceptan lo que el Concilio Vaticano II ha dicho sobre la libertad religiosa”.

Es decir, que para Francisco la represión brutal que Marruecos ejerce sobre la fe cristiana está plenamente justificada. Ahora bien, carga contra los católicos por disentir de algunos de los postulados doctrinales del Concilio Vaticano II, durante su elaboración el propio Pablo VI dijo a. Ahora bien, disentir, que es un ejercicio intelectual, no es rebelarse contra la unidad, y mucho menos ejercer violencia sobre otros.

Por cierto, Vicario de Cristo, que es lo que es el pontífice en la Iglesia de Cristo, católica, apostólica y romana, no puede haber más que uno, ejerza de pleno derecho o no. Entonces, ¿qué hacemos con Mario Berglogio? Pues, le dejamos como obispo de Roma y representante del auténtico Pontífice de la Iglesia: Benedicto XVI, que se ha quedado para corregir, advertir y seguir dando luz a la Iglesia.

En el próximo Conclave, si es que nos queda tiempo, los señores cardenales deberían hacer caso al Espíritu Santo, y no concertar camarillas.

Pablo Gasco de la Rocha

1. El conductismo es también una terapia de la psicología que está constituida por tres niveles de organización que se complementan: el conductismo (conducta constituida entre relaciones y respuestas), el análisis experimental (perfeccionamiento a través de la experiencia), y la ingeniería del comportamiento en virtud de ciertos conocimiento