Poco más de un año después de la muerte de Beethoven, concluía el temporal devenir de Franz Schubert, a los 31 años de edad. Ese lapso temporal, tras el fallecimiento del maestro, estuvo marcado a fuego para Schubert por una dolorosa e irreversible enfermedad, además de una frenética actividad compositiva que dio como fruto sus mejores obras maestras. Prácticamente en su lecho de muerte, Schubert pidió escuchar el Cuarteto en do sostenido. Opus 131 de Beethoven. Ante nuestra próxima consumación como civilización, escuchemos a Beethoven, 250 después de su nacimiento.

Opus 131, obra imponderable, obra atípica

Obra perfecta, obra atípica, ardua en muchos aspectos. Uno de ellos es el número de movimientos. Siete. Otro insólito rasgo de este cuarteto de cuerda número 14 es que debe ser tocado enlazando paulatina y caóticamente todos los movimientos entre sí. Pero honestamente les digo que no tengo nada claro, en puridad, que se puedan considerar siete movimientos en la práctica.

Si consideramos, por ejemplo, la fuga inicial y el allegro que continúa como primer movimiento, el tempo lento podrían ser el extenso tema y sus respectivas variaciones. Luego vendría un scherzo (el presto) y luego el finale. Con dos movimientos pequeños que sirven de conexión hacia la mitad de la partitura. De verdad, con matices, los cuatro (superlativos e inigualables) movimientos del cuarteto clásico de toda la vida.

La coda perfecta

Cuatro o siete, lo mismo da. Tras el "sexto" movimiento, lied sencillo y efímero, el "séptimo", carácter poderoso y reconcentrada vitalidad en su primer motivo, mientras un segundo tema se hibrida con un desarrollo fugado que recuerda (así como en general todo el sustrato armónico) a la fuga inicial.

Mientras, portentoso giro de tuerca, tal taciturno tirabuzón que se inicia en la sexta napolitana del tono principal para ir sutilmente jugueteando con el segundo motivo, desertando cada vez más del anterior acorde. Más tarde, zascandileando con el primero, se va concluyendo gloriosamente en amplísima y sublime coda de desarrollo terminal. Y casi agónico.

La mejor coda jamás compuesta. ¿La mejor obra musical, tal vez? Les dejo con una soberbia interpretación del American String Quartet en el museo de Tel Aviv-Yafo. Disfruten, antes de que todo se derrumbe. En fin.