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No tendría yo ni 8 años cuando un día llegó al pueblo una "Compañía de cómicos" (para mis paisanos todo el que cantara, bailara, recitara o tocara la guitarra eran "cómicos") en la que figuraban como "estrellas", según decían los carteles que pegaron en algunas calles, entre ellas la mía, la calle Montilla, una jovencísima y guapísima Lola Flores y un "cantaor" ya conocido en Nueva Carteya, llamado Manolo Caracol... y allí que estuve yo con mi padre, que era un forofo  aficionado del flamenco.

                  Pero, si recuerdo aquella visita de Lola Flores es por su "Zarzamora", la copla que conquistó a mi padre hasta los tuétanos del alma. De tal manera que "La Zarzamora" llegó a ser como el himno de mi casa y naturalmente la tuve que aprender. "En el café de Levante/ entre palmas y alegrías/ cantaba la Zarzamora/ Se lo pusieron de mote/ porque dicen que tenía/ los ojos como las moras....Decía la gente que si era de hielo/ que si de los hombres se andaba burlando/ hasta que una noche con rabia de celos/, a la Zarzamora pillaron llorando/. Qué tiene la Zarzamora que a todas horas/ llora que llora por los rincones"...

            Y no quedó ahí la "Zarzamora", porque mi padre no dejó de cantarla mientras vivió...y algo más curioso. Pasaron los años (más de 30), murió mi madre, yo me casé y mi padre se fue a Madrid a vivir con mi hermana, hasta que un día que fui a verle me pidió un favor increíble:

                     --  Oye, Julio, estoy escuchando el programa ese que hacéis en Radio Intercontinental y he visto que tenéis con vosotros a Lola Flores... ¿sería mucho pedirte que un día me lleves a verla y saludarla? ¡Me encantaría!.

                     --- Eso está hecho, cuando tú quieras... Si quieres mañana mismo.

                     Y así lo hicimos. Pero, la cosa resultó sorprendente, pues cuando le dije a Lola que mi padre quería verla y saludarla y le recordé aquella vez que estuvo en mi pueblo y cómo se había enamorado de "La Zarzamora" aceptó encantada... y fue sorprendente porque aquella tarde cuando Lola terminó la entrevista que hacía cada día (en aquella ocasión entrevistaba nada menos y nada más que a Don Manuel Fraga) cogió el micro y dijo:

                     ---  Y ahora, señores, queridos radioyentes, me van a permitir que en honor de un viejo amigo que tengo sentado a mi lado le cante "la Zarzamora", la copla que me vió nacer como cantante en su pueblo de Nueva Carteya, de Córdoba, y que a él le ha acompañado toda su vida. ¡Vá por usted, Don Francisco!

  y Lola, con toda la fé que pudo, cantó una  "Zarzamora" que nos hizo llorar a todos, pero más que a ninguno a mi padre... que acabó cantando con ella el estribillo: ¿Qué tiene la Zarzamora que a todas horas llora que llora?.

                     ¡Dios, qué cosas esconde este baúl de MIS RECUERDOS!