Ciertamente, Julio Iglesias es un gran mimado de los dioses. Le conocí hace algunos años en Manchester con ocasión de un partido del Real Madrid. Yo estaba en el vestíbulo del hotel. Se me acercaron dos chicos jóvenes, de 18 o 19 años. Me dijeron: "Somos españoles. Estamos estudiando inglés. No tenemos dinero. ¿Tú eres Miguel Ors? ... Perdona nuestra cara dura. ¿Habría manera de conseguir dos entradas para el partido? En el mercado negro están carísimas". Me hicieron gracia, y me chocó la sinceridad con que me contaron que no tenían dinero. "Voy a intentarlo", les dije. Conseguí las dos entradas. Incluso les invité a trasladarse al estadio en el autocar de los periodistas. Ahí acabó la cosa. Uno o dos años después, no recuerdo exactamente, en el vestíbulo de Televisión Española, en Prado del Rey, me sisearon: "Miguel, Miguel. ¿Me recuerdas?" Dudé. "¿No eres uno de los estudiantes de inglés de Manchester?" Afirmó: "sí". Le pregunté: "¿Qué haces aquí?" "He venido a que me hagan una entrevista. He ganado el Festival de Benidorm. Me presenté de broma, como diversión, empujado por los amigos y, mira, que lo he ganado". "Caramba, tu eres Julio Iglesias", exclamé.

 

De aquel Julio Iglesias, estudiante en Manchester y ganador del Festival de Benidorm, a este, nada menos, Julio Iglesias universalmente famoso, archimultimillonario, triunfador en todos los países, voz de mermelada, de miel, cautivador, simpático, siempre cordial y sencillo con los amigos. En diez años, de estudiante de inglés y de Derecho, y de futbolista juvenil del Real Madrid, a estrella admirada en todo el mundo. Se reía de su poca voz, y hoy es la voz más cotizada y mejor pagada. Y la suerte sigue con él, aureolándolo. Hubiera tenido que pagar mil millones -he leído- por el rescate de su padre y la policía española, y los geos, y, en fin, todos los eficaces cuerpos de seguridad del Estado, lo liberaron en una acción inteligente y valerosa, y ahora, sobre no tener que pagar nada, la historia en exclusiva del secuestro del doctor Iglesias va a proporcionarle -no sé si a Julio o a su padre, supongo que a éste- 50 millones o más.

 

Al doctor Iglesias le conocí en la Gran Vía de Madrid. Se me presentó espontáneamente él: "Soy el doctor Iglesias, padre de Julio. Le felicito. Le leo con fruición". No hubo más. Celebro la felicidad de la familia Iglesias.

 

 

Miércoles

He llegado a una conclusión: aquí, en España, demócrata puro, de verdad, deseando por igual a todos el bien y la convivencia, sólo hay un español: el Rey. ¿Cuántas veces habrá pedido don Juan Carlos a todos los españoles espíritu de convivencia, olvido del pasado, mirada puesta en el futuro? Las dos últimas veces en la última Navidad y en el discurso de la Pascua Militar. El Rey ha dicho que tenemos el deber de asumir el pasado, porque es un capítulo imborrable de nuestra Historia. Pues ni caso. Felipe González, cuyo feroz revanchismo no es capaz de ocultar, de ahí su poca credibilidad para quienes no piensan como él, ha amenazado con "acabar con el franquismo" cuando tenga el poder. Franco está muerto. Y son en cierto modo los "franquistas" quienes, por suprema voluntad del Rey, trajeron la democracia, gracias a la cual se acabaron las clandestinidades, los exilios y Felipe González es la "alternativa del poder". Si Felipe González amenaza con "acabar con los franquistas", es que sigue odiando, es que odia a una parte de la población española que en el franquismo no fue franquista ni nada. Hay cientos de miles de españoles que vivieron más que el franquismo en el franquismo, que es distinto, y guardan un recuerdo emocionado de gratitud hacia quien, con errores y virtudes, amó a España por encima de todas las cosas, porque eso es verdad. Se le imputa a Franco que discriminó a los españoles, que muchos tuvieron que vivir exiliados. ¿Qué quiere Felipe González, qué pretende: hacer lo que hizo Franco, perseguir y exiliar a los que no piensan como él? ¡Vaya un liberal y vaya un demócrata! No, Felipe González: el Rey no quiere eso. Ni lo permitirá. Desde tu libertad, Felipe, amenazas la libertad de quienes con todo el derecho del mundo no tienen por qué renegar de Franco. Hay que asumir el pasado, y digerirlo, y no pensar en venganzas, y tratar de construir el futuro. De lo contrario, volverá, lamentablemente, a haber lo que nadie quiere, excepto al parecer tú: dos Españas.

 

Pregunto ahora: ¿acaso no es golpismo desestabilizador, y una razón para estar a la defensiva, y una causa para no creer en esta democracia, la declaración de quien amenaza con "acabar con los franquistas"?

 

Jueves

El presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, en "De Costa a Costa", el programa de Luis del Olmo, contestando a preguntas de los colegiales, evidentemente redactadas por los padres o los maestros. Esto es lo de menos. Me gustó sobre todo el tono y la capacidad de síntesis del señor Calvo Sotelo, dando cumplida respuesta a las valientes y hasta atrevidas preguntas. Un éxito de Luis del Olmo, pero también del presidente. Es la vez que más me ha satisfecho, y hasta conmovido, el presidente.

 

Cartas de lectores. Curiosa la de una señora que me pone de chupa de dómine por un artículo mío en "El Alcázar" a raíz del Atlético de Madrid-Real Madrid en el que, analizando los goles madridistas en el video, decía yo que en las jugadas concretas de gol del Real Madrid éste no había sido favorecido por el árbitro. En la carta me dice de todo lo habido y por haber, a la vez que ensalza la gracia, el talento y la honestidad de Alfonso Cabeza. Naturalmente, para esta señora yo soy un "vendido" al Real Madrid, que me paga para que le trate bien. En el último párrafo, sin embargo, me muestra su simpatía porque "ideológicamente pensamos igual. Por eso le leo todos los días". O sea, este es mi triste resumen, que esta señora que ideológicamente siente y piensa como yo, lo cual debería ser motivo de alguna mínima simpatía común, antepone a la política su ideología futbolística, y porque "defiendo al Real Madrid" me zurra con supina soecidad. Luego lo que ata la común ideología política, veo que es capaz de desatarlo el fútbol. Qué país y qué paisanaje. Felipe González, queriendo acabar con los franquistas, y esta anónima comunicante, que piensa como yo, poniéndome a los pies de los cerdos por haber herido sus sentimientos rojiblancos.

 

Pregunto: "¿Seremos capaces de entendernos y autogobernarnos democráticamente? ¿Cuándo, cómo? Ahora mismo, buena o mala, hay esta democracia (mala, más bien mala, para qué engañarnos). Pero ¿qué pasará el día que el PSOE esté en la Moncloa, lo cual puede suceder tras las próximas legislativas según sondeos recientes? ¿Será revanchista el PSOE? ¿Qué hará Felipe González con los "franquistas"?"

¿Puede un país vivir tranquilo y confiado en medio de tanta confusión y amenaza?

Mediten.

 

Heraldo Español nº 84, 27 de enero al 2 de febrero de 1982