¡Ah Teresa, Santa Teresa de Jesús,

torbellino de pasiones,

que solamente en la Cruz

hallabas descanso y consuelo!

Tan alta vida esperabas

que por no morir morías,

pues larga se te hacía

en esta mala posada

la mala noche que es esta vida.

Obediente sólo a Dios

(sólo Dios basta),

visionaria, mística, poeta,

enfermiza y fuerte a la vez,

excesiva y asceta.

¡Española tenías que ser,

Teresa de Ávila,

tan valiente y tan mujer,

tan ferviente, tan inquieta!