Salgo a pasear con mi perra Minerva por los helados caminos de las tierras. La cencellada esta noche ha sido impresionante y el paisaje parece un cuento de hadas. Árboles blancos por los cristales del hielo y parcelas congeladas nos hacen parecer a Minerva y a mi que estamos en Siberia en vez de en Zamora. Pero la comparación es válida en cuanto al frío pero también en cuanto al número de habitantes. No he visto a nadie en mi solitario paseo y las ideas se agolpan en mi mente.
 
Por Castilla y León, por Galicia, por Extremadura, por Asturias, por Castilla La Mancha, por Aragón. Por las serranías de Andalucía y el Levante, por el interior de otras regiones ricas el problema se plantea de una manera inclemente. Dentro de unos pocos, demasiados pocos, años, estas tierras por el destino natural de las gentes de edad avanzada, se quedarán sin habitantes. Un desierto del que se separaran indefectiblemente las regiones ricas.
 
Ya en el pueblo por fin me encuentro a alguien y saludo cortésmente al tío Ramiro. Se queja de algún achaque pero la verdad es que esta fenomenal para los 88 años que tiene. Y acaba quejándose de lo de siempre, que si no ha visto a nadie, que el pueblo se muere, que cada vez somos menos....
 
Y estoy hablando de una comarca abundante en agua y bien comunicada con Benavente y con Zamora. No estamos en ningún erial ni montaña escarpada. Por ello hay que analizar bien el problema y descubrir por qué los jóvenes no quieren vivir en estos sitios.
 
Y la lógica se impone rápidamente. Nadie en su sano juicio quiere matarse a trabajar para apenas cubrir costes al final, cuando se resuelven las cuentas. Esta es la principal razón. Y el relevo generacional en el campo dejó de producirse hace mucho tiempo y así vamos a lo que vamos.
 
Y la industria es nula, con las sucesivas crisis que venimos padeciendo cada vez hay menos, además. Solo en las regiones ingratas se produce la acumulación de industrias y de hombres. La reindustrializacion de la España vacía es imprescindible pues.
 
Hasta aquí hemos hablado de los problemas materiales de estas tierras, pero vayamos ahora a los que nadie echa cuenta y quizás sean más importantes. Los problemas espirituales....
 
330 abortos al año en una provincia en vías de extinción, jóvenes a quienes sus padres prefieren verlos viviendo de un subsidio o pensión del abuelo en vez de verlos sudar en el campo. Jóvenes que ven la vida pasar en las ciudades, sin saber muy bien que hacer, viviendo de sus padres, en vez de sudar en el campo. Sociedad que ha renegado del trabajo manual sin encontrar alternativas a ello.
 
Por ello creo sinceramente que aunque aprobásemos todas las medidas materiales necesarias para repoblar nuestras vacías tierras (las que expongo en mi libro Contra la despoblación, Europa en la encrucijada), sin una renovación o regeneración espiritual esto sería imposible.
 
Ya se que es impopular lo que estoy diciendo, pero vuelvo a insistir en que nuestros mimados jóvenes prefieren estar en el paro antes que en el campo o en el ejército sirviendo a la patria. Y no hablemos ya de servir a Dios convirtiéndose en religiosos...
 
Por ello además de la mejora de las condiciones materiales de nuestra patria, es urgente y necesario una renovación espiritual que acabe con las aberraciones del aborto, la eutanasia y la corrupción de menores. Solo volviendo nuestros ojos a Jesucristo encontraremos las fuerzas necesarias para acometer esta titánica y Herculea tarea como es la de repoblar nuestro vacío interior peninsular.
 
Espero haberme explicado bien para hacerme comprender lo que quiero decir. Minerva me reclama para seguir dando nuestro paseo por este pueblo que un día llegó a tener seiscientos y pico habitantes y que hoy en dia somos 180 mayores, casi en su totalidad, de 50 años. Esperemos que pase este crudo invierno y que vuelva a reír la primavera.