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Yo tenía 15 años y lo que hoy se me ha venido a la cabeza sucedió la Nochevieja de 1955. Mi padre había arrendado, con mi tío Venancio, una panadería en Córdoba capital (En la calle Pintor Palomino, del barrio "La Huerta de la Reina", por la carretera del Brillante) y yo estudiaba Magisterio. En la panadería, además de mi tío, mi padre seguía en el pueblo con la panadería de la familia, trabajaban tres oficiales, de nombres Angel, Salvador y Rafael y  la jornada diaria comenzaba a las 2 de la madrugada y terminaba sobre las 10 de la mañana. A mi me tocó hacer de repartidor, con un triciclo de los que llevaban el cajón de la carga en la delantera y los pedales atrás. Eso sí, si faltaba alguno de los tres oficiales me tocaba a mi suplirlo.
            Y eso fue lo que sucedió aquella noche, que llegó la hora de empezar y el tal Rafael, "Rafa", no se presentó y yo tuve que ponerme el traje de faena, muerto de sueño, porque entre la panadería y las clases en la Escuela Normal de Magisterio, yo apenas si tenía tiempo de dormir.
            Pero, a eso de las 4 de la madrugada llamaron insistentemente a la puerta (el timbre era una campanilla que se había instalado justo encima de las máquinas de hacer la masa para el pan, y poderlo escuchar y ver,  porque se movía) y salí yo a ver quién llamaba a esas horas.
                  Y era el llamado Rafael, que venía con un aspecto horroroso, empapado, lleno de barro, el pelo revuelto y una gabardina atada con una cuerda a la cintura...y llorando entrecortadamente.
                     --- ¡Dios  --casi le grité yo en cuanto entró y vi que apenas podía sostenerse en pie-- ¿qué te ha pasado "Rafa"?.
                    Pero, el hombre se sentó, apoyó los codos contra la mesa y se echó a llorar, ya abiertamente, hasta que fue quedándose sin lágrimas...y entre quejidos
sólo dijo: 
                  --- ¡ Me  he suicidao !
                 ---  Pero ¿qué dices, hombre?... si estás aquí.
                  --  SÍ, ESTA TARDE ME TIRÉ AL RIO y si estoy aquí es porque dos amigos que me vieron arrojarme se tiraron detrás y entre los dos consiguieron sacarme del agua...
                     Bueno, y cuando se pudo recuperar y se tomó el café que enseguida le preparó mi tía "Sensión", nos contó la "tragedia" que había vivido.
                    Al parecer, esa mañana, le dijo a su mujer (estaban recién casados) que se iba al pueblo a ver y saludar a sus padres (que vivían en Palma del Río, otro pueblo de Córdoba), pero que volvería con tiempo de sobra para celebrar la Nochevieja con su familia... Y así lo hizo. Se fue en autobús y con sus padres y dos hermanas que tenía se quedó hasta después de comer.
                   O sea, que serían las 7 de la tarde cuando llegó a su casa... y allí se produjo lo que le había trastocado la cabeza. Porque, sin esperarlo
                   --- ¡¡¡Y cómo iba yo a esperarlo, y cómo iba yo a esperarlo!!!...
repetía una y otra vez... se encontró a su mujer acostada en su cama con otro hombre, y más grave aún...que el otro hombre era su cuñado, o sea el propio hermano de su mujer... 
                   --- ¡¡ Y me volví loco!!... 
                     Y así, entre sollozos, terminó de contarnos la historia. Pues, como loco deambuló por las calles de Córdoba hasta que llegó a la Ribera... y allí, mirando y remirando las aguas del Guadalquivir, de pronto, salto la valla del Puente Romano y se tiró.
                   ¡ Dios, y no sigo con más detalles, me duele recordar la tragedia y la escena que viví aquella noche!.
                    Pero, estas cosas suceden.