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AYER
--Pues, sí, Horacio, aunque te parezca mentira ya están enfrentadas otra vez las dos Españas...              
          --Pero, señor, yo no creo en eso de las dos Españas. Eso es una perfecta imbecilidad. España es España... Una, grande y libre.
          --No, Horacio, amigo mío... España nunca ha sido España. Aquí hay tantas Españas como españoles. Porque jamás un español será igual a otro español. Mira, existe la España de los ricos y la España de los pobres. Existe la España católica y la España anticlerical. Existe la España militar y la España antimilitar. Existe la España nacional y la España anarquista e incendiaria. Existe la España culta, heredera de Cervantes y Lope, y la España analfabeta, zaragatera y triste. Existe la España aventurera, descendiente de Hernán Cortés y Pizarro, y existe la España del "tanto tienes, tanto vales"...
         --¡Ay, señor, yo me resisto a creer en esas tonterías...! España no hay más que una: la que limita al Norte con Francia; al Este con el Mediterráneo; al Sur con África y al Oeste con Portugal y el Atlántico...
       --Pues, te equivocas, Horacio... Sobre todo, ahora. Porque ahora sí que es cierto lo de las dos Españas. Hay una España que defiende que mañana será "demasiado tarde".
      -- Sigo sin entenderlo, Hamlet.
     -- Sí, hombre, sí... y  hay otra España que piensa que todavía es pronto para un golpe militar.
                    sí, sí... para un golpe militar... y que...
     Todavía es pronto para que reaccione y se una la derecha... y que
     Todavía es pronto para que la Iglesia ponga el grito en el cielo y hable de Cruzada... y que
     Todavía es pronto para que el capital se asuste --como siempre-- y empiece a pagar la subversión...y que
     Todavía es pronto para que el pueblo despierte de su letargo y dé un paso al frente... y que
     Todavía es pronto para que las personas honestas se subleven y se pongan en su sitio... y que
     Todavía es pronto para que los buenos vascos, los buenos catalanes, los buenos gallegos, los buenos andaluces y... los buenos españoles se lancen a la calle y acaben con el terrorismo separatista que nos invade.
     Todavía es pronto para que las mujeres de España se pongan los pantalones y actúen contra la desintegración de la familia y todo eso del aborto, el amor libre, las experiencias prematrimoniales, el divorcio, las feministas y demás gaitas de claro carácter marxista y ateo.
     Todavía es pronto para que los amantes de la paz y de la verdadera libertad pierdan el respeto a estos gobernantes de pacotilla y pongan los puntos sobre las íes a tanto farsante y demócrata de toda la vida.
      Todavía es pronto para acabar con la intoxicación masiva de la juventud... y que
      Todavía es pronto para plantarse ante Europa y mandar a la "merde" a los Giscard de turno... y que
      Todavía es pronto para romper con el decadente sistema capitalista, con el "motor del cambio" y buscar un nuevo José Antonio Primo de Rivera.
      --Ay, mi señor, no sigas, no sigas! Ya siento sobre mi cuello la cuerda de los "aperturistas"...
      Pues, no, Horacio. Las cosas son como son y así hay que aceptarlas. Dar la espalda a la realidad que estamos viviendo es de cobardes y yo no quiero ser cobarde.
      Existe otra España. Sí. La. España del "demasiado tarde". La España ciega
Pues, aunque tú no lo creas, también están (o estamos) los que pensamos que ya mañana puede ser.
      Demasiado tarde para que actúe el Ejército y salve a la Patria.
      Demasiado tarde para que se una la derecha y se olviden los protagonismos y las ambiciones personales.
      Demasiado tarde para que reaccione la Iglesia y los obispos recuerden a sus antecesores mártires de la vesania roja.
     Demasiado tarde para que el capital se decida a colaborar con sus poderosas razones (¡ay, que poderoso caballero es don dinero!).
    Demasiado tarde para que el pueblo despierte y pase a la acción si es que de verdad todavía queda algo del pueblo español.     
     Demasiado tarde para que los honestos se pongan en su sitio y hagan frente a la ola de sinverguenzas que nos invade.
     Demasiado tarde para que los vascos, catalanes, gallegos, andaluces y demás españoles que la verdad se sientan como tales, pierdan el miedo y se enfrenten a esas minorías separatista que sólo pretenden acabar con  la España eterna.
    Demasiado tarde para que las mujeres españolas se subleven  contra  el hundimiento de la familia.
    Demasiado tarde para que las gentes sencillas, que sólo esperan paz, trabajo y progreso, pongan sobre la mesa lo que hay que poner.
    Demasiado tarde para frenar en seco la corrupción y la destrucción de la juventud española.
    Demasiado tarde para mandar a la porra a la Europa de los mercachifles y abrir la "nueva frontera" de la verdadera libertad.
     -- ¡Ay, mi señor, no sigas, por favor, no sigas...! ¡Que ya te veo venir!
    --Pues, sí, Horacio, sí. Hoy España ya no es España. Porque frente a la España cobarde que se escucha en el "todavía no ...todavía es pronto", está la España que esgrime como un "bazoca" el "demasiado tarde".
    ¿Cuándo, dime, amigo Horacio, cuándo y dónde está la frontera de la división entre ese "todavía" y ese "demasiado tarde"?
     Porque la verdad, la pura verdad, es que en esa línea divisoria está ahora, precisamente, el futuro de España.
     Haz caso de los del "todavía no" y España puede amanecer un día no muy lejano republicana, marxista y satélite de Moscú.
     Haz caso a los del "demasiado tarde" y España puede encontrarse otra vez con los capitanes Galán y García Hernández... o de turista en Siberia.
      Pero, señor, ¿y el Gobierno? ¿Por qué no contamos con el Gobierno?
      --Horacio, amigo mío, no seas incauto. Aquí ya no hay Gobierno ni hay Poder... El Poder, como el Gobierno, ya están en el arroyo... ¡Y serán de quienes quieran cogerlo!
      HOY
 Pues , mi Señor, a mi me gustaría saber en qué España están el Rey Don Felipe y los generales que juraron la defensa de la Unidad de España... si en la del "Todavía no" o ya han tirado la toalla y están ya en la del "Demasiado tarde"... ¡¡ Ay, Horacio, amigo mío, tú siempre tan pesimista¡¡¡... ¡Hombre de poca fé¡¡  ¿O has olvidado que la fé mueve montañas?... Sí, y en los milagros.