Hoy, al remover el baúl de mis recuerdos me ha salido al paso un articulito que escribí en 1979 para "El Imparcial", cuando Tejero era casi un desconocido, que decía así:
 
Hoy estuve hablando con un Guardia Civil, sí, con un Guardia Civil, porque Antonio Tejero Molina, aunque hoy sea ya Teniente Coronel y mañana pueda ser General, es simplemente un Guardia Civil. Un hombre que tiene el corazón verde. Y no me extraña que respire como respira después de haber soportado que le maten por la espalda y a traición más de 80 hombres a sus órdenes vestidos con el uniforme verde y de haberlos tenido que enterrar ("por disposición de la Autoridad") casi en secreto y portando los féretros "por vías de poco ajetreo".
Está claro: unos nacieron para políticos, otros para banqueros, otros para curas, otros para truhanes, otros para cantamañanas, otros para empresarios, otros para serviles, otros para médicos, otros para misioneros, otros para chaqueteros, otros para periodistas, otros para Reyes, otros para maricas, otros para constructores y muchos para feriantes y engañabobos. Él no. Él nació para Guardia Civil y Guardia Civil sigue siendo a pesar de sus estrellas. Vino del sur y renació en el Norte ("verde que te quiero verde"). Recorrió caminos y calles, montes y valles, playas y berrocales. Habló siempre en voz alta y clara y al pan le llamó pan y al vino, vino. Si hubiera nacido en otro tiempo habría estado entre los 13 de la fama de Pizarro o con Cortés en México. Loco o héroe, nunca villano. Loco fue aquel Colón y descubrió América. Pero Tejero sólo es un Guardia Civil, un hombre que tiene el corazón verde... y un destino incierto. ¡Ah! y si alguien se decidiera llevar su vida algún día al cine ya sabe el título de la película: "El hombre que tenía el corazón verde".