Maximino cambió su mono de trabajo por el uniforme gris de la policia armada, fue a su vuelta de la mili cuando su taller, que había dejado en manos de otras personas, se lo encontró en una situación que lo hacía inviable, cuando decidió entrar en la policía armada, cuando un amigo del cuerpo " yo era una persona que me buscaba la vida y amigos míos policías,  que yo conocía, me dijeron no te compliques la vida vente a la policía que no se está mal, me lo pintaron muy bonito y dije, bueno lo mismo que entro para un lado entro para otro, tampoco tenía especial interés en entrar o no entrar y, entonces eché las oposiciones las aprobé, entré ...los primeros seis meses maravillosos, entré en la Comisaría de Carabanchel en radio patrulla, luego pasé a brigada policial...."
 
A Maximino lo distinguieron con la Cruz Roja al mérito policial, por una intervención cuando estaba fuera de servicio, en la que resultó con lesiones graves, pero consiguió detener a tres de los cuatro atracadores de una peletería que formaban una banda muy activa y peligrosa, recuperando el botín cuando se daban a la fuga.
 
Asegura que " el síndrome del norte existe aunque no le guste a los mandos...nosotros tomábamos nuestras propias medidas, cambiábamos de sitios, no éramos  frecuentemente en sitios concretos....bueno pues esto después de terminar los catorce meses que estuve en el norte, hoy por hoy después de cuarenta y tres años de servicio, no tan extremo por supuesto, pero es una cuestión psicológica , yo cuando voy con amigos a un restaurante , siempre busco guardarme la espalda y tener la puerta de frente..no lo puedo evitar".