Pasodoble. Por Rafael López
Aunque mi apreciado rival don Luys Coleto (tiene nombre de personaje de don Juan Tenorio ¿verdad?) y yo no nos llevamos tantos años, creo que la controversia de este domingo va a ser, casi, de tipo generacional, y también, porque no, entre las costumbres populares de los pueblos de la España profunda y las de los urbanitas. 
 
Hecho este preámbulo, indicar que siguiendo mi personal manera de "atacar" estas controversias me ceñire a mi experiencia vital, dinámica totalmente opuesta a la de mi antagonista que suele zaherir a los, por lo demás, muy pacientes lectores de esta sección y a mi mismo, con una exhuberante profusión de autores, más viejos que Matusalem, y de delirantes citas bibliográficas. 
 
Creo que la mayoría de las personas que siguen estas amenas controversias del Correo conocen que la mayor parte de mi vida ha transcurrido en Teruel, entendiéndose tanto la capital como principalmente sus pueblos. Como todos los pueblos cerealistas de España, las fiestas patronales se desarrollan en las fechas en que antaño se habían completado las faenas del campo y se había recogido la cosecha. Para que, los lectores, se hagan una idea temporal solían empezar a finales de junio, por San Pedro, y acababan una semana después de pasada la Virgen de agosto, en una sucesión de fines de semana, cada uno en un pueblo distinto. 
 
La dinámica entre los jóvenes de mi época era muy similar: todos los veranos, llegaba el fin de semana y se acudía al pueblo más cercano donde había fiestas, para en un ambiente sano, y algo etílico todo sea dicho, bailar y pasar un rato agradable con los amigos. La música que se ponía en aquellas verbenas combinaba, con gran acierto, las piezas de baile tradicionales como el pasodoble, los corridos mejicanos, los boleros y las rumbas, con música algo más actual. Normalmente las sesiones vespertinas tenían un componente más tradicional, y las nocturnas con piezas más modernas y los ceñidisimos "lentos" que es como se llamaban tanto a los boleros tradicionales como a esos "tórridos" italianos tan populares por aquellos años. 
 
He de confesarles que además de ser un juntaletras otoñal que parece, casi siempre, zurdo de las dos manos, para el baile soy, directamente, zurdo de los dos pies. Tuve la fortuna de que mi querida Esposa baila estupendamente bien y esa sobresaliente cualidad suya disimulaba algo mis severos déficits rítmicos (aunque, por desgracia, no evitase que le diera innumerables pisotones). A mi me gustan mucho los pasodobles, los corridos, los boleros, en definitiva los bailes de "agarrao", como siempre se han llamado. Tenían la virtud de servir de mecanismo coadyuvador en las relaciones personales entre chicas y chicos y, además, la calidad musical de aquellas "viejas e intemporales" canciones era, y es, de primer nivel. 
 
En este punto debo destacar las estupendas, y numerosas, orquestas que había entonces. Sólo por citar las que más profundo recuerdo causaron en mí, estaban "Patrick y Chicago", Tobazzo", y algo posterior en el tiempo "Apache". Realmente eran formaciones musicales de un grandisimo nivel, y sus componentes personal muy majo. 
 
Esa edad de oro empezó a decaer, vertiginosamente, con la aparición de las Disco-movil, ya que, al ser mucho más económicas, fueron reemplazando paulatinamente a las grandes orquestas. Pero su aparición también alteró, severamente, las propuestas musicales que se realizaban quedando solamente orientada a la música moderna y llevando al ostracismo a la estupenda tradición de las canciones para bailar como Dios manda, y no como estas modernidades que parecen patos hormonados mareados. Para colmo de males, como siempre, la política ha acabado, también, por destruir todo lo bueno y divertido que hay en España, y con la escusa del virus chino, se han prohibido todo tipo de celebraciones tradicionales entre las que se encontraban las fiestas patronales donde se desarrollaban las verbenas y los bailes  antes comentados. 
 
Pero no quiero envenenarme con estos malnacidos y criminales dictadores socialpodemitas que nos malgobiernan, y más en una controversia tan alegre y armoniosa. Así que, ya como forma de despedida, les detallo unas estrofas de uno de mis pasodobles favoritos titulado "El beso en España":
 
En España, bendita tierra
donde puso su trono el amor 
sólo en ella, el beso encierra 
armonía, sentido y valor 
 
La española cuando besa, ¡olé! 
es que besa de verdad 
y a ninguna le interesa 
besar por frivolidad 
 
El beso, el beso, el beso en España 
lo lleva la hembra muy dentro del alma 
le puede dar un beso en la mano 
o bien darle un beso de hermano 
y así, la besará cuando quiera 
pero un beso de amor 
no se lo dan a cualquiera
 
(Palabras mayores ante las cuales hasta mi sempiterno rival tendrá que agachar la cerviz) 
 

Sieg Heil, Swing Heil!!! Por Luys Coleto

El_reichstag_eligiendo_a_Wagner

La libertad es tesoro que me pertenece. Y que tú - quien seas - jamás me vas a arrebatar. Y bailo para recordártelo. Como lo hacía antes de la plandemia. Y siempre lo haré. Swing, mucho swing, en Matadero Madrid, cautivadora zona de Legazpi. Bailo porque existo, bailo "música americana negrojudía de la selva", definición que el ministro nazi de Instrucción Pública y Propaganda, Josef Goebbels, daba al venerable jazz. "Música degenerada, música de monos", agregaría posteriormente. Eso sí, vuestras músicas "arias" y vuestra paridoras valkirias, por el ojete os las metéis. Y, por supuesto, a rebosar, charleston, fox-trot, boogie-woogie o tango. Y el punk, hogaño, que no falte. Entartete, lo turbio, lo "decadente". Música libérrima, traduzco. Metáfora, alegoría, de libertad. Los putos amos de la pista. Y tendrán que nacer trillones de Goebbels o Sánchez para prohibirme nada. Y ni con esas. Obvio.

Swing, metáfora de libertad

Y cuando amas la libertad sobre todas las cosas, nadie te la podrá quitar. Ni los tiranos de ayer. Ni los de hoy. Se disfracen como se disfracen. Swing heil, eternamente.  Benny Goodman y su hipnótico Sing, sing, sing, siempre mal visto por dictaduras o regímenes autoritarios. Patrióticos o globalistas. Las satrapías, para ellos. Una música que también despreció el apartheid sudafricano o el comunismo de los cien millones de asesinados. En el antiguo bloque del Este, sobre todo bajo la doliente Polonia del siniestro general Jaruzelski, brutal represión.

Una música, en definitiva, arrítmica y caótica, feraz y feroz, inmanejable e indomeñable, que permite que los diferentes miembros que participan en ella se salgan absolutamente de la “partitura”, rompiendo moldes, soltando lastre, amando ilimitadamente la vida. Rebeldes del swing. Una música que jamás podrá ser bien asumida en sociedades que promueven la inquebrantable adhesión al caudillo o al partido, al pensamiento único o defienden indisimuladamente la restricción de las libertades individuales. Ayer u hoy.

Saltarse las leyes de los déspotas

Y, desde luego,  siempre existirán los cuatro gatos que se salten las leyes del Reich o la Democracia Popular de turno y prosigan disfrutando del swing. Más tarde, deportados a los campos o detenidos por la Gestapo del momento. O enviados a la cheka o manicomio bolche correspondiente. O al lugar que les plazca. Y, mientras, esos contados félidos haciendo lo que les salga de la punta del clítoris.  Pandilleros berlineses aficionados al swing y, desde luego, los fogosos zazous de París. Y escuchando sin cesar a Archie Shepp, Duke Ellington, Eric Dolphy o Miles Davis y su indeleble Birth of the cool. O a Django Reinhardt, el portentoso guitarrista gitano. Y qué decir de los Ghetto Swingers, orquesta judía de jazz que "actuó" en los campos de Theresienstadt y Auschwitz.

Y siempre te encontrarás ciertos oficiales nazis o agentes de la Gestapo que aprecien el swing y hagan la vista gorda cuando se infrinjan las leyes que prohíben esa música. Y surfeando las injustas leyes, eso que no falte. El totalitario legislador, tantas veces un primavera. Se prohibían los discos de Benny Goodman por ser judío y sin embargo permitían los de Artie Shaw porque no sabían que su verdadero nombre era Arthur Jacob Arshawsky.

Y si bien es cierto que esos oficiales existieron, los que miraban hacia otro lado (muchos de ellos, grandes amantes del swing y del jazz), siempre fueron menos que aquellos que decomisaban instrumentos, despedazaban discos o, directamente, disparaban contra toda una orquesta y a los oyentes si los descubrían tocando en un club cualquier tipo de repertorio prohibido. O tocando pasada la hora del toque de queda. Los militarunos y liberticidas toques de queda, tan actuales.

Y coda sobre el “degenerado” pasodoble

Jardines de Albia, Bilbao, ahí continúa, pétreo e incólume, repugnante efigie de un psicópata racista. Maniaco perturbado, fundador del partido-guía de una parte de Euskal Herria (no inquieran connotaciones políticas: tierra del euskera, sin más). Y rememoremos. El baile suelto y honesto vasco frente al español baile agarrao. "Ved un baile bizkaino presidido por las autoridades eclesiástica y civil, y sentiréis regocijarse el ánimo al son del txistu, la alboka o la dulzaina y al ver unidos en admirable consorcio el más sencillo candor y la más loca alegría; presenciad un baile español, y si no os causa náuseas el liviano, asqueroso y cínico abrazo de los dos sexos queda acreditada la robustez de vuestro estómago".

Pues eso, admirado don Rafael López, siempre existe (y existirá) un taliboina o mierdecilla que intenta (o intentará) saquearte la alegría de vivir. Y la libertad. Y no lo conseguirán. Obvio. En fin.