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AYER
        --¡Ay, mi señor, sigo sin entender lo que pasa en España!. Aquí no hay quien se aclare. De pronto la izquierda ataca al centro; de pronto el centro no es centro, que es derecha; otro día Suárez ataca a Carrillo y Carrillo a Felipe... para al día siguiente ponerse todos de acuerdo en que "hay que defender a Suárez". Señor, lo dicho: no entiendo una palabra de lo que está pasando en España!
      --Mi querido Horacio, pero ¿por qué?... ¿por qué te empeñas en mirar hacia arriba y no hacia abajo?... ¡Al pueblo! A ese es a quien tienes que mirar... ¡El pueblo es el que tiene que decir la última palabra!
       Ay, mi Señor, ay... si es que tampoco entiendo al pueblo español.   Si es el pueblo el que más me desconcierta... Es el pueblo el que más protesta y el que repite una vez y otra que "esto no marcha".
       --¡Naturalmente! Porque el pueblo no entiende de componendas, ni consensos, ni pactos...
       --Pero, Señor... si luego es ese pueblo el que le da sus votos a esa gente... ¿cómo se explica eso?, ¿cómo se explica que un pueblo que está hasta las narices luego, a la hora de la verdad, apoye con sus votos a estos gobernantes?... ¡No lo entiendo!, ¡no entiendo ni jota!
      --Pues está todo muy claro, mi querido y gran amigo. Clarísimo. El pueblo es sincero cuando protesta y cuando vota... Lo que ocurre es que el pueblo es sólo público y al público, ya lo sabes, unos buenos actores le pueden hacer que ría o que llore, que patee o que aplauda. ¡Son los actores los que tienen al público en sus manos! Por eso el mundo es de los actores, de los que saben "interpretar", de los que saben "actuar" según el momento y según el ambiente...
      -- O sea, mi señor, que si entiendo lo que me estáis diciendo es que lo que ocurre en España es una farsa, es decir, puro teatro... y que sus políticos son meros actores.
      --¡Vaya, hombre, ya vas entrando en razones! ¡Naturalmente! Todo es un puro teatro, pura farsa... ¡y los políticos, todos, actores, grandes actores!... Los mejores actores del mundo, tanto en lo trágico como en lo cómico; en lo histórico como en lo pastoral; en lo pastoral-cómico como en lo histórico-pastoral; en lo trágico-cómico como en lo tragicómico-histórico-pastoral, escena invisible o poema limitado; para ellos, ni Séneca es demasiado profundo, ni Plauto demasiado ligero. Sea para recitar ateniéndose a las reglas del arte o para la libre improvisación, son los únicos del mundo. ¡Los mejores!
      Entonces ahora me explico lo del teatro español...
      --¿Qué le ocurre al teatro español, mi buen Horacio?
      --¡Ah, Señor, pero ¿no lo sabe?
      -- No, Horacio, no lo sé.
      -- Pues que ha muerto. Sí, desde que llegó la libertad aquí no hay teatro ni nada que se le parezca.
      -- ¡Claro, claro! Porque el teatro ya no está en los teatros, ni los autores escribiendo, ni los actores interpretando... ¡El nuevo teatro español está en la política, en las Cortes, en el Gobierno!
      -- Así sí lo entiendo, Señor... ¡Claro, y el pueblo es público, clá y sólo clá!
      (Pero, Hamlet ya se había retirado por el foro. ¡Ay, si William Shakespeare levantara la cabeza!... Seguro que en lugar de escribir el "Julio César" escribiría el "Adolfo Suárez".)   
 

HOY

¿HOY?

Sólo un cambio de nombres. En lugar de Adolfo Suárez, Carrillo o Felipe González pongan  a Pedro Sánchez, Casado o Iglesias y estaremos donde estábamos ayer. SON LOS MEJORES ACTORES DEL MUNDO... y el pueblo español, él más analfabeto de todos los pueblos. Porque analfabeto es el que se deja engañar tan fácilmente.