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Ahora que ya nadie habla de "La teología de la liberación" se me ha venido a la cabeza (¡Dios, qué no habrá escondido en el baúl de MIS RECUERDOS!) una conferencia que nos dio para un grupo de amigos  el peruano Gustavo Gutiérrez Merino, uno de los padres del movimiento neo-cristiano que conmovió los cimientos de la Iglesia de Roma, . Sucedió allá por los años 70 y confieso que, al menos a mí, me sirvió para reencontrarme con "mi" Iglesia, la del cristianismo primitivo, la de los pobres, la del todo de todos, la itinerante, la de la fé verdadera, la de Jesús el de Nazaret.

                         Pero la "teología de la liberación" fue mucho más, porque cuando acordaron sus propios iniciadores o teóricos la América Latina, la española, la de los pobres, ya estaban con ellos. Oir decir que la salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad del hombre... que la liberación como toma de conciencia ante la realidad socioeconómica latinoamericana y de la necesidad de eliminar la explotación, la falta de oportunidades e injusticias de este mundo.

Que la situación actual de la mayoría de los latinoamericanos contradice el designio histórico de Dios y es consecuencia de un pecado social.

Que no solamente hay pecadores, sino que hay víctimas del pecado que

             Pero, yo me quedé con lo que dijo al final: la teología de la liberación es un compromiso de vida, un estilo de vivir, una forma de confesar la fé,  es la espiritualidad del cristianismo primitivo.

                 ¡Dios. y que queda de "aquello" en este mundo de hoy!