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"En aquella prodigiosa redacción de "Pueblo" estaba lo peor de cada casa, éramos unos golfos y unos bohemios, allí he conocido a los mejores, nada que ver con las redacciones actuales. Aquello era un garito, pero con una pasión por buscar la noticia que se mataba". Pues estas palabras de mi amigo Raúl del Pozo, vertidas en el libro que Jesús F Úbeda y Julio Valdeón han escrito sobre él y que yo recojo de las páginas de "La Razón", han abierto de par en par mi "Baúl de los recuerdos". Porque da la casualidad que yo estaba allí y durante esos años, los más triunfales de aquel gran periódico que dirigía Emilio Romero, yo fui subdirector. O sea el "baranda" que tenía que lidiar con aquella pléyade de genios y figuras insustituibles, únicas.
Hoy, por ello, me van a permitir que les cuente algunas anécdotas que definen muy bien lo que fue aquel "garito" del que habla Raúl. Son cuatro anécdotas con nombres y apellidos, que no he olvidado, ni podré olvidar mientras viva. La primera va unida al nombre de "Yale" (Felipe Navarro), el periodista cordobés, increíble reportero, único, como lo demuestra lo que  hoy quiero recordar para completar lo que dice Raúl  de que en aquel "Pueblo" se mataba por una noticia. Un día se presentó en la Redacción, y por tanto en mi despacho, con un reportaje asombroso:  una familia, padre, madre, y cuatro hijos que vivían en un árbol, en el que se habían fabricado su propia vivienda con cuatro tablas y cuatro pieles de cabra. Increíble, pero cierto. Naturalmente aquella foto fue la portada de aquel día... y les juro que hoy me gustaría reproducir el texto que escribió (y además, el cabrón era el único que me ganaba al ajedrez en aquella redacción de grandes jugadores).
 
La segunda me saca del baúl a otro golfo, Felipe Mellizo, aquel corresponsal de "Pueblo" en Londres que escribía sus crónicas, las mejores que se publicaban en aquellas fechas en la prensa de Madrid, desde Villalba, el pueblo de la Sierra de Madrid donde tenía una pequeña casa... y el "affaire"  se descubrió porque un día un un ciudadano de la localidad se presentó en mi despacho asombrado y me hizo partícipe de su asombro, ya que suscriptor y lector de "Pueblo" se extrañaba que Don Felipe escribiese crónicas tan bonitas y reales de Londres estando en Villalba. ¡Dios y lo más gracioso es que yo mismo le felicité más de una vez y hasta don Emilio por la "realidad" de la capital inglesa que reflejaba desde lejos. Y no sigo, porque de Felipe Mellizo podría contar algunas más.
La tercera corresponde a otro famoso, el asturiano José Luis Balbín, aquel que se hizo después de su paso por "Pueblo"  superfamoso con "La Clave" en  Televisión Española. Estaba de corresponsal en Bonn (todavía la capital de la Alemania Federal) y, ciertamente, sus crónicas encantaban en España y muy en  especial al gran jefe Don Emilio. Pero un día, estalló un escándalo  en el Gobierno, en plenas elecciones (las ganaría Willy Brandt) y de pronto, dejaron de llegar sus crónicas y Don Emilio dio órdenes de que se le buscara por las buenas o por las malas por tierra, mar y aire...
Lo que resultó más difícil que localizar "al soldado Ryan",  ya que, así era José Luis, se había olvidado hasta de las Elecciones y se había ido a Budapest, que todavía estaba tras el telón de acero y naturalmente no había modo de localizarlo.
Ojo, que aquel gran Balbín  no se había ido de turista, sino, siendo como era un verdadero especialista en la política y situación de  los Estados Satélites de Moscú, a estudiar una posible Rebelión contra Moscú... y a pesar del cabreo del jefe se lo reconquistó, y nos reconquistó a todos, con el genial informe que hizo a su vuelta de la Alemania de Brand.
Y la cuarta, quizá la más llamativa y graciosa, fue la que vivimos con Raúl del Pozo, (aprovecho para decir que yo tuve en "Pueblo" tres debilidades: José María García, Raúl del Pozo y Carmen Rigalt), cuando lo enviamos de corresponsal a Moscú (y en este caso  digo, "enviamos", porque recuerdo que una noche Don Emilio me adelantó que quería enviar a Rusia a un corresponsal y que estaba dudando a quien podía designar, teniendo en cuenta que tenía que prestarle más atención a describir  la Rusia de ese momento que al sistema político y al Gobierno... y los dos sin dudarlo soltamos el nombre de Raúl del Pozo), quizá también porque por aquellas fechas Raúl era el más comunista de la Redacción (bueno, de puertas afuera) y allá que se fue lleno de ilusión, eso es verdad, el bohemio a Moscú. Y en Moscú pasó algunos meses, pocos, pues al poco de llegar ya estaba mandándome recados angustiosos por el telex: "Merino, sácame de aquí, no aguanto más"   Y mis respuestas, por indicación del propio Don Emilio eran simples: "Enhorabuena, cabrón, el jefe dice que eres el mejor ¡y que sigas ahí!"... Y es que al margen de sus ideas, de sus genialidades, de la belleza de sus escritos, Raúl del Pozo, mi amigo, mi admirado, era tan comunista como Picasso y le ha gustado siempre vivir bien. Y me quedan para otro día otras figuras que pasaron por aquel "Pueblo" de genios, el hoy gran escritor y gran periodista y Académico de la Lengua, Arturo Pérez Reverte, Julio Camarero y Vicente Talón. No se me olvidará nunca el día que Don Emilio me "entregó" a Arturo con estas palabras: "Merino, este joven que nos viene de Cartagena, de la mano de nuestra amiga Luisa María, quiere ser periodista. En tus manos lo dejo". Hoy aquel Arturito que enseguida conquistó a las fieras que había en la Redacción  dice cuando le preguntan por sus inicios periodísticos: "Pueblo" fue la mejor escuela de periodismo de España".