El primero que comparó a una mujer con una flor, fue un poeta; el segundo un imbécil” Voltaire, filósofo y escritor francés.

Un pelo de coño tira con más fuerza que dos bueyes” Dicho italiano

No sé por qué hoy escribo sobre las mujeres que han asesinado a sus maridos. Será porque he leído un reportaje sobre la mantis religiosa, ese insecto que se merienda al macho mientras se aparean. Y otro sobre la araña “viuda negra” que, tras copular con el pobre macho, suele devorarlo tan pancha. Sobre las causas de esos comportamientos los expertos no se ponen de acuerdo, como tampoco se ponen de acuerdo los psiquiatras y psicólogos sobre los motivos que conducen a una mujer a asesinar sin el más mínimo escrúpulo al hombre con el que se unió para compartir la vida. De las últimas mujeres que han asesinado directamente o participando y planeando el asesinato, me vienen a la memoria cuatro de las más recientes. Sus nombres son María Jesús, Conchi, Rosa y Marta que, tras esos nombres perfectamente inocentes, escondían un voraz apetito por los machos y una sensibilidad y sentimientos que no les llegaban más arriba de las ingles.

María Jesús tiene un poderío sexual nada común, simultaneaba cuatro amantes además del pobrecito marido. Una vez detenida declaró que mató a su marido porque “quería ser libre” y para ello “tenía que asegurarse una pensión mediante la muerte del marido” Maravillosamente romántico.

Conchi simulaba estar parapléjica y tener desmayos escondiendo tras esas mentiras lo que verdaderamente tenía: un alma negra, si es que tiene alma. Fue detenida por la muerte de su marido con quien se había casado quince días antes, pero en el avance de la investigación se descubrió que este era el asesinado número cuatro. No está nada mal para una parapléjica.

Rosa, la guardia urbana de Barcelona de la que dicen que “es imposible no sucumbir a sus encantos”, mantenía al mismo tiempo tres relaciones que ahora se denominan “sentimentales”. Esta, además de asesina, debe ser de armas tomar, porque ya ha sido trasladad de prisión tres veces por peleas con las reclusas. Mató a su marido en connivencia con un compañero también guardia urbano que, “rendido ante sus encantos” no pudo evitar aceptar participar en el asesinato. El amor camina a veces por caminos inescrutables.

Marta sedujo a un pobre taxista que, arrobado por sus zalamerías, le descerrajó unos tiros al marido en el garaje. Fue difícil involucrar a ella porque mientras el taxista empuñaba la pistola, ella tenía una coartada con una amiga. Al final al taxista se le abrieron los ojos y lo cantó todo. Ella declaró que el motivo del asesinato era que “quería ser libre” (otra que para ser libre ella, encierra en la fosa a su marido). Las cuatro están entre rejas esperando juicio. La que todavía no está a la espera de juicio es Beatriz F.C. que enterró vivo a su marido discapacitado policía municipal, esta demás, involucró a su hijo de 17 años. No se puede tener un alma más negra… si es que esta mujer tiene alma.

De siempre la dulzura y la ternura han ido unidas a la mujer, pero no debemos olvidar que los crímenes más sofisticados siempre son cometidos por mujeres, en la mayoría de los casos valiéndose de sus encantos. La mujer ha sido y es la musa de muchos poetas que la han mitificado. Sin embargo, los psiquiatras y psicólogos saben muy bien la perversión que un bello rostro y unas dulces palabras pueden esconder.

NOTA AL MARGEN: Estos asesinatos y según la justicia española, no se consideran violencia de género, para que así fuera tendría que haber sido el hombre el que asesinara a la mujer. El asesinato de un hombre por una mujer no es violencia de género. “Cosas veredes Sancho…”