El Anticristo es mencionado explícitamente en varios textos del Nuevo Testamento. En la II Carta a los Tesalonicenses, Cap.2:2-12, San Pablo dice:

“Por lo que respecta a la Venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestro ánimo, ni os alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor. Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la Apostasía y manifestarse el Hombre Impío, el Hijo de Perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el Nombre de Dios o es objeto de Culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios. Hermanos, ¿No os acordáis que ya os dije eso cuando estuve entre vosotros? Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. Porque el ministerio de la impiedad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida. La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos, y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la Verdad que les hubiera salvado. Por eso Dios les enviará un poder seductor que les hace creer en la Mentira, para que sean condenados todos cuantos nos creyeron en la Verdad y prefirieron la Iniquidad”.

Aún siendo, las palabras de San Pablo, palabras complejas de comprender en su plenitud, mucho más que eso son palabras dignas de Temor de Dios (Principio de toda Inteligencia y Sabiduría, recordando Los Proverbios del Rey Salomón) y al mismo tiempo de Gozo. Vamos a hacer una exégesis o interpretación de los puntos principales:

  • ¿Quién es ese Hombre Impío, que San Pablo relaciona claramente con el que el Profeta Daniel llama “Abominación Desoladora” y en contraposición con el Hijo del Hombre Jesucristo? En la Antigüedad, los Santos Padres de la Iglesia, dieron tres respuestas:

Es un hombre singular, un hombre verdaderamente malo y dotado de cualidades personales que lo hacen capaz de dirigir o de realizar la “gran apostasía”, la gran deserción de la fe que debe preceder al fin de los tiempos y al Retorno del Rey, Jesucristo.

Como ocurre frecuentemente en Las Escrituras, La Biblia, es una figura literaria, una personificación de la Maldad ferozmente opuesta a Cristo.

Junto a las interpretaciones antes mencionadas, de manera complementaria y no excluyente, los Padres de la Iglesia señalan que el Hombre Impío o Anticristo es la totalidad de “las fuerzas del Mal” expresadas por medio de una clase de hombre y cultura alejados de Jesucristo y más o menos opuestos a Él. Este hombre y cultura serán los imperantes durante el Fin. Recordemos:

“Cuando Vuelva el Hijo del Hombre, ¿Hallará la Fe sobre la Tierra?”

“Sólo por causa de los escogidos esos días serán acortados pues de los contrario ninguna carne se salvaría”.

Otro punto importante de las palabras de San Pablo es “lo que ahora le retiene o el que ahora le retiene”. San Pablo nos dice que “el misterio de la iniquidad” ya se encuentra en clara actividad en el mundo contra los fieles, aunque sea retenido hasta la última gran prueba a la que el Retorno de Cristo pondrá fin. ¿Habrá, por tanto, algo o alguien que retenga la plena manifestación del Anticristo hasta que tenga lugar la última batalla? ¿Qué será? ¿O quién? La interpretación más extendida y aceptada por la Iglesia de los términos “aquello que lo retiene” (to catecon) y de “aquel que lo retiene” (o catecon) es la que dio Santo Tomás de Aquino haciendo la exégesis comparativa con 1Tim4:1,2 y con Judas17-19. Apoyado en esos textos, Santo Tomás afirma que la oposición a Cristo debe buscarse en la difusión de las doctrinas erróneas, más aún que en las persecuciones de los cristianos, y en aquellos que, no estando adheridos a la Verdad, se entregaron a los errores.

Así, como conclusión, viendo el contexto de las palabras de San Pablo y la exégesis más aceptada por la Iglesia:

  • ¿Podemos afirmar que “el misterio de la iniquidad” y Anticristo no están ya en el mundo?
  • ¿Es razonable pensar que no seguirá actuando (sobre todo por la propagación del error, la falsificación de la Sana Doctrina y la Abominación en el Lugar Santo o Altar) hasta el Retorno del Rey, Jesucristo?
  • Y la pregunta del millón: ¿Cuál es “la barrera que detiene al adversario”?

La acción Evangelizadora constante y eficaz, como sal en medio del mundo y fuego abrasador, para proclamar la Verdad “por causa del Reino de los Cielos”.

Esta barrera, efectivamente, ha sido quitada, en buena medida como parte de los frutos envenenados del post Concilio Vaticano II y, en concreto, del llamado “ecumenismo y relaciones interconfesionales” para los que todas las religiones o confesiones tienen algo de verdad, son respetables y formas de progresión espiritual personal.

La barrera fue quitada, el Anticristo reina, pero recordemos: “por causa de la acción de los escogidos nuestros días, los días del Fin, serán acortados para nuestra Salvación y Victoria. ¡¡¡Alabado Sea Jesucristo…Viva Cristo Rey!!!