COMO yo currelo -a temporadas, según: unas veces más y otras menos, pero tanto cuanto más como cuanto menos con la misma intacta ilusión de siempre- en la casa grande de Prado del Rey, o sea en TVE, y mi código de lealtad, tanto cuando me va bien como cuando mal, no me permite hablar mal o regular de la empresa en que trabajo y me paga, rara vez hablo o expongo juicios de valor sobre la discutida, envidiada y zarandeada casa grande de Prado del Rey. Pero, miren por donde, acepté la invitación de mi amigo Alejandro Fernández Pombo para participar en un coloquio en el aula Jovellanos, de "Ya", sobre la información en TVE. Allí estuvimos Ramón Colom, Jesús Hermida, Alberto Delgado, Juan Luis Cebrián y yo. Juan Luis Cebrián, algo más delgado, de moderador. Lleno en el aula. Audiencia mayoritaria de alumnos de la Facultad de Ciencias de la Información. Cada uno expusimos nuestro punto de vista sobre la información, o la calidad de la información, en TVE y, oh milagro, hubo, quizá para aburrimiento de la audiencia, unanimidad.

 

Alberto Delgado, velocista hablando, lo cual se lo reprochó una alumna, estuvo simpático e ingenioso, lo que sorprendió, toda vez que una cosa es hablar por la televisión, sentado detrás de una mesa, y otra hablar en un coloquio, o fuera de pantalla con los amigos. Hay quien fuera de pantalla es igual a como aparece en ésta. Son contados los casos, pero los hay. Lo usual es que entre el señor tal cual es y el que se asoma a la pantalla haya radical dicotomía. Los que aparecen serios en pantalla, como distantes o secos, son todo lo contrario: abiertos, chistosos y encantadores. Del mismo modo, y no señalo, que hay locutoras que en pantalla están para comérselas y fuera no dan ningún apetito, y viceversa. La pequeña pantalla engaña mucho, muchísimo. ¿A que sí? Yo mismo. Soy bajo y, sin embargo, me creen alto; lo cual motivó que, hace algunos años, en una cafetería, una chica, con todo descaro, me dijera:

---¿Eres tú Miguel Ors?

 

---Sí. Soy Miguel Ors.

 

----Yo te hacía un tiarrón de un metro, ochenta -me dijo toda decepcionada.

Yo, contrito y tímido:

 

----Créame que lo siento. Mido exactamente un metro, sesenta y ocho. Ni un centímetro más, ni uno menos. Palabra. Sin zapatos, claro.

 

La televisión es una caja boba, como la llaman algunos, y una caja engañadora, y una caja que ni es tan boba ni engañadora como algunos, por envidia, celos o mala baba, tratan de describirla.

 

Como parto del principio de que el hombre debe ser ante todo sincero y espontáneo (lo cual, como ya habrán inferido, me incapacita totalmente para el ejercicio de la política), dije en el coloquio “mi verdad”. Esto:

 

“La televisión es la cenicienta de los medios de comunicación social, sólo que en vez de hermanastras tiene padrastros. En el franquismo, tuvo el padrastro de la censura, y ahora está mucho peor, porque tiene los padrastros de los partidos políticos. Una cosa es la televisión y otra los que trabajamos en ella. En la televisión, informativamente, estamos siempre “encorsetados”, y el periodista de televisión no tiene los techos que el de una emisora de radio o un periódico”.

 

En la televisión, como expresé, la información -antes, con Franco, y ahora, con la partitocracia- ha sido siempre deficiente, insuficiente, rara vez complaciente y generalmente poco valiente. Y lo razoné. Así: Fraga se quejaba hace tiempo de que la televisión lo ignoraba, y ahora los socialistas se quejan de que Fraga sale mucho. Fernando Castedo, hombre de UCD, pretendió "democratizar" la televisión, o sea -lo que hizo- "izquierdizarla", y se lo cargaron; y ahora los socialistas, que, paradójicamente apoyaban a Fernando Castedo como si éste fuera del PSOE, están como enfurruñados con Carlos Robles Piquer porque consideran que éste está más a la derecha que Castedo, a pesar de que no ha hecho cambios profundos, ni verticales, en los estamentos de la casa, manteniendo en sus puestos a muchos de los hombres que promocionó Castedo.

 

Luego, ¿cómo ofrecer una información como la que dan las emisoras de radio o los periódicos? Casi imposible. Por eso dije, y digo, que la información es deficiente, insuficiente, rara vez complaciente y generalmente poco valiente. Pero la culpa de que así sea no es de los mandos, ni muchos menos de los periodistas, sino de los "factores externos de presión".

 

Cada cual manda en su casa, suele decirse. Sí. Menos en TVE, donde mandan los forasteros.

 

---¿A qué ha venido usted a TVE, forastero? –podría decirse parodiando una escena de western.

 

---Pim, pim, a hacerle esto como se porte usted como yo diga.

 

A la casa grande de Prado del Rey, o sea a TVE, la denuesta todo el mundo, todo el mundo le pega patadas en las espinillas, todos los que trabajamos en ella somos bobos de baba, ninguno sabemos nada de nada, no parece sino que TVE es un medio informativo subnormal o casi, y todo, claro, porque, respetuosamente, resignadamente, silenciosamente, tenemos que aguantar estoicamente, sin posibilidad de réplica o aclaración, lo que escriben de nosotros, y a fe que muchas veces se nos enjuicia sin conocimiento de causa. Porque es más fácil pegar y luego averiguar, en lugar de tratar de averiguar antes de pegar.

 

Por lo que a mí respecta, y como comentarista de fútbol, conté que a veces me reprochan como pecado mortal que confundo a éste con aquel jugador, a lo cual contesté que eso es usual, y lógico, porque a veces nuestros puestos de comentaristas están lejos del campo, y porque se estropean los monitores (generalmente pequeños), y porque por la noche la identificación es más difícil, y porque, como también dije, si cogen ustedes y hacen la prueba de un comentarista de radio contrastando lo que cuenta con lo que aparece en la pantalla, verán que se equivocan tanto o más que los de televisión, sólo que a los radiofónicos se les perdona todo y a los de la televisión no. Pero el comentarista de TV es tan falible como cada quisque, y comprobado tengo que menos de lo que dicen los colegas de la radio.

 

Todo esto, sin embargo, no sirve de nada ni para nada. En el franquismo, porque sí, se le pegaba sistemáticamente a la Tabacalera y a la RENFE. Ahora, TVE ha sustituido en el suplicio de recibir fustigazos a la RENFE y a la Tabacalera.

 

Por eso estoy deseando que se autoricen canales privados. La crítica entonces podrá comparar y repartir justicieramente los latigazos que ahora descargan sobre TVE, unas veces sin piedad y otras con razonada objetividad, según. Porque también en esta viña hay que distinguir.

 

Miguel Ors

Heraldo Español nº 85, 3 al 9 de febrero de 1982