¿Y si en lugar de pensar cómo va a ser nuestro futuro tras este aciago 2020 nos lo traemos aquí, al presente? Nos olvidamos un momento del COVID, y pensamos en la oportunidad que nos da parar y reflexionar, reinventarnos.

Hoy les hablaremos de como puede ser el futuro de nuestra movilidad y de nuestras ciudades y pueblos, en unos años no muy lejanos.

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Vehículo autónomo en pruebas

Esta imagen muestra uno de los muchos prototipos de vehículos autónomos en pruebas por nuestras calles y carreteras, en todo el planeta.

Hay quien dice que la revolución de la Inteligencia Artificial será para la humanidad tan importante como la máquina de vapor y la electricidad, que permitieron grandes avances como desplazarse sin depender de la fuerza animal, la iluminación o los ascensores, ampliando nuestro mundo en distancias horizontales y verticales. Dentro de nuestras capacidades, ¿podemos hacer el ejercicio de imaginarnos cómo afectará a nuestras vidas la irrupción de estas IA como Siri o Alexa en otros ámbitos de la vida, como nuestra movilidad?

El confinamiento y la pandemia han demostrado a empresas y trabajadores que no son necesarias las pérdidas de 2h para ir y volver del trabajo, las reuniones en la oficina pueden ser virtuales y muchos trabajos se pueden desarrollar enteramente desde casa, aunque no todos.

Hoy se prima la seguridad del transporte privado frente al público, pero, una vez pase este bicho, ¿se imaginan nuevos tipos de transporte que no sean los de masas de turistas?

Los aviones y trenes seguirán existiendo, seguiremos por supuesto en una economía global, pero, a pequeña escala, este tipo de transportes compartidos podría revolucionar nuestras calles y carreteras.

Un transporte para 8-12 personas en el espacio que ocupa una persona con su coche. Un vehículo autónomo, compartido, permite reducir los costes sólo al uso, un pago al año reducirlo y transporte de hasta la autonomía del vehículo sólo indicando el destino. La IA conduce el vehículo con seguridad en la ruta compartida óptima y permite a sus ocupantes dedicarse a otras cosas. ¿Qué creen que hace el piloto automático de los aviones?

Así que, ¿sería posible un cambio en la forma de entender los coches y la movilidad?

 

UN EJEMPLO: JAPON.

En Japón, uno de los países con el precio por m² más caro del mundo por sus singularidades geográficas y su altísima densidad de población, el coche es un problema privado. Existen calles para circular, autopistas, y transporte público (uno de los mejores del mundo en dotación y puntualidad), pero el coche se lo aparca cada uno en su casa, trabajo o en el comercio al que se acude, no en la calle sin coste.

Prima lo social frente a lo individual, pero además rige el mercado, un solar para aparcar estará mucho más cotizado en el centro de Tokio en que un pueblo del extrarradio, y esto condiciona la arquitectura, como se pueden observar en las imágenes a continuación

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En Japón no sólo hacen coches como los deCars, piensan que se trata de un problema privado.

 

UN CAMBIO DE PARADIGMA.

Una plaza de aparcamiento ocupa 12-15 metros cuadrados. Queremos aparcar en la puerta de casa y allá donde vayamos, pero no nos damos cuenta de los costes económicos y de espacio.

La culpa de la cantidad de estacionamiento, y nuestra expectativa de que sea gratis, es el sistema de planificación del uso del suelo. Todos los PGOU y Normas Subsidiarias establecen cantidades mínimas de estacionamiento fuera de la vía pública para nuevos desarrollos, con el fin de proteger el estacionamiento en las calles (casi siempre gratuito).

Existen tres tipos de política de estacionamiento: convencional, gestión de estacionamiento (tipo Zona Azul o SER) y estacionamiento basado en el mercado (Japón es un ejemplo del tercer tipo).

La planificación urbana del siglo XXI, debe buscar reducir el uso de automóviles y aumentar la densidad urbana, las políticas de estacionamiento introducidas en la década de 1950 para lograr los efectos opuestos se han mantenido esencialmente intactas. Pero ya no estamos en el siglo XX

Los costes directos e indirectos del estacionamiento (incluido el terreno) se absorben en los costes de desarrollo y vivienda, subvencionando a los usuarios de automóviles sobre otros usos del suelo y modos de transporte, como la creación de suelo público se asume en los costes de urbanización privada.

Pero teniendo ya nuestros centros construidos, ¿no se les ocurre una manera de liberar espacio para terrazas, parques, espacios para que los niños usen la bici en la calle?

El espacio de aparcamiento de vehículos está ahí, y no es necesario aparcar en la puerta de ningún sitio, tal vez eso que parece que es calidad de vida, nos esté quitando un espacio que querríamos para otros usos.

En este artículo de citi.io, se establece una opción estudiada en otras latitudes para usos alternativos del espacio ocupado por el aparcamiento, sacando los vehículos de las calles, quitándolos de la ecuación..

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Esquema de un centro utbano tipo, y las posibildiades que ofrecen usos alternativos al aparcamiento.

Me consta que las noticias que aparecen son sólo de los vehículos autónomos y sus accidentes, casi siempre provocados por otros conductores “humanos” (el de la foto anterior sufrió un alcance de un conductor que no guardaba la distancia de seguridad), pero esto sólo muestra el avance imparable de esta tecnología, para el transporte en carretera de viajeros y mercancías.

PENSEMOS EN EL FUTURO

Y si vamos más allá. Puede que de verdad el coche, en unos años (cuidado los que se lo compren ahora), sea de verdad un lujo inasumible para la familia, que ahora tienen hasta dos y tres coches y que tienen una oportunidad para optimizar recursos, como analizamos en cuanto a la vivienda.

Estos vehículos pueden ser puestos a disposición para estas familias, ayuntamientos, comunidades de vecinos, o por empresas de autobuses.

Avanzando en el tiempo. Tenemos un parque de vehículos supera los 32 millones (asegurados), y sobre esta cifra, parémonos a reflexionar, que pasaría si pudiésemos reducir este parque al 50, 80 o 90%, especialmente el vehículo privado, el menos eficiente.

¿Cuánto cuestan estos seguros?

¿Cuánto pagamos de zona azul, de peajes, de aparcamientos públicos?

¿Y el mantenimiento de estos vehículos, todos los cambios de ruedas, aceite, repuestos…?

¿Y su combustible?

¿Y la destrucción y achatarramiento de estos vehículos obsoletos?

¿Cuántas vidas se pierden en accidentes de tráfico, cuántos heridos, cuántas familias rotas?

¿Es esto ecológico, sostenible, es este el mundo que queremos para nuestros hijos?

Ni lo es, ni es una movilidad accesible para los que menos recursos o capacidades tienen, como muchos mayores ya sin carnet.

IMAGINEMOS

Imaginen a todos los políticos sin coche oficial, como los de los países nórdicos que siempre nos ponen como ejemplo.

Imaginen las puertas de los colegios sin la doble y triple fila, o que el vehículo autónomo lleve a los niños con seguridad al cole, imaginen enseñar a sus hijos no mirar de reojo el cochazo de tal o cual padre, porque se considere un desperdicio no sólo de dinero, sino de los recursos de todos.

Imaginen este espacio disponible en sus casas, en sus jardines o chalets, en los bloques de viviendas con plantas y plantes de garajes, no porque el coche sea un lujo, sino porque no lo necesitasen.

Imaginen eses espacio libre para que los niños jueguen en la calle, como muchos hacíamos de pequeños, que cantidad de espacio para pasear, para coger la bici, el patinete, o para jugar con la pelota. Que bonito debería ser ver los aparcamientos exteriores vacíos de coches, pero llenos de gente. Porque no hablamos de una ciudad vacía como la gran Vía en Abre los Ojos, no como nuestras calles en el confinamiento, con la población en sus casas.

Imaginen su futuro dorado eliminando aquello que para algunos es una herramienta de trabajo y para otros les resulta su posesión más valiosa, un símbolo de estatus, pero que ocupa tantísimo espacio y recursos.

Dejemos las autopistas para los transportes y las IA, y las calles para las personas, y miremos hacia delante, hacia después de este 2020, hacia un futuro lleno de espacio y de oportunidades.

7.000 millones de habitantes no pueden tener un coche, nuestro planeta no puede sostener ni una mínima porción de esta cantidad. Tal vez sea el momento de pensar de otra manera, quitar los coches de nuestras vidas, aprovechar el tiempo de otra forma, sin que por ello tengamos que confinarnos ni reducir nuestra movilidad.

Salgan a la calle, miren a su alrededor, y piensen cómo sería la vida de otra manera, la tecnología ya está ahí, sólo hace falta que las personas nos lo creamos, lo pidamos, cambiemos las normas, para que surja la oferta que le dé servicio.

Santiago Durán García

Arquitecto Técnico (UPM) MDI Máster En Dirección Inmobiliaria (UPM) EEM Gestor Energético Europeo (UPM European Energy Manager)

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