La enojosa comparativa que ofrece Wikipedia al curioso desavisado entre las fichas de Federico García Lorca y José María Hinojosa Lasarte, poetas andaluces y miembros ambos de la “Generación del 27”, asesinados en agosto de 1936 con cuatro días de diferencia, evidencia  la obra de ingeniería mnemotécnica que rescata el mascarón de proa republicano merced a la Ley de Memoria Histérica, empantanando (y es sólo una gota en el río del olvido) al adversario “hasta enterrarlo en el mar” de la amnesia colectiva.

   Goyesca, póstuma “pelea a garrotazos” de títeres de cachiporra, de (en)terratenientes exhumados hasta las rodillas para mayor escarnio por el rodillo neofrentepopulachero.

 

                        VIDAS PARALELAS, MUERTES CONVERGENTES

 

   “Ella no comprendía por qué los árboles quedaron sin hojas, ni por qué salía de mi frente un surtidor de sangre que borraba las huellas de mis pasos dejando un reguero hecho con sangre de mi sangre.”

          José María Hinojosa,  La flor de Californía (1928) [Huerga y Fierro, 2004, p. 110.]

                                                                      

   Para el lector maleducado desde el pasado siglo por la Reforma (des)Educativa —o a quien dicha Reforma le convalidó estudios de planes anteriores (titulación universitaria incluida), reeducado por el materialismo @científico de la progresía medioambiental—,

bastará el cotejo (careo, diría él; cacareo, diríamos) entre ambas “fichas” de la/elEGB, que mola más que meterse en Honduras y leerse el artículo completo de autor Anónimo, el autor más popular, por cierto, y con mayor bibliografía de la Historia de la Literatura.

 

ENCONTRAR LAS 7 DIFERENCIA (¿PASATIEMPO  O AS TIME GOES BY?)

 

 

 

                                                  DIGLOSARIO 1:

 VIDA Y MILAGROS DE SENDOS POETAS ANDALUCES (Y SOMBRAS)

 

     “Yo soy la epístola y náufrago entre almas desvencijadas de ateos comulgaré todas las mañanas con almendras amargas.

     […] Vuestros disparos no me hieren porque mi cuerpo es blanco y se confunde con las nubes y con la cal; con la espuma y con la sal. La nieve no me sirve para ocultarme, mi cuerpo ensangrentado la teñiría de rojo y los corintios se verían defraudados al encontrar mi rastro. […]

   ¡Tomad y comed! ¡Tomad y bebed! […][…] y quedará mi cuerpo flotando en el aire en espera de la resurrección de la carne y de la apertura de las primaveras y para ello no necesitaré la partida de nacimiento ni la bendición de Su Santidad. […] y caerá sobe todo el globo terrestre una capa de ceniza roja hecha con la cremación de mi carne.”

                     José María Hinojosa, La flor de Californía [pp. 102-103]  

 

       “La sangre en libertad  (antes Fuego gramado, granadas de fuego)”,  José María Hinojosa (1931).

 

   Seguiremos, para evitar suspicacias y no herir sensibilidades, el orden de antigüedad (fechas de nacimiento y muerte en las fichas), lo que da prelación (como en las fotografías, de arriba abajo y de izquierda a derecha), ¡caramba, qué coinsidensia!, a Federico Gª, quien dicho sea de paso llevaba como nombre de pila, para más INRI, el sambenito “del Sagrado Corazón de Jesús” (del que, a decir verdad, uno no tenía ni idea; eso para que luego digan que Wikipedia no tiene rigor), lo que, ya de paso, hace más sangrante (no quisiera destripar el final) su fusilamiento por los “fachas”, en ese deicidio sacrílego de disparar al “Sagrado Corazón de Jesús”, matando en el divo a un dios desconocido.

  En cuanto a Hinojosa, carece de nombre de nacimiento, aunque no de “nacimiento” (lo que ya es algo). Lástima que apareciera en Campillos (Málaga), ex nihilo, de milagro y  huérfano completo, sin padres conocidos (no como Federico, hijo de Federico y Vicenta con un par de apellidos bien puestos, hidalgo y no un hideputa, sin padre, ni madre, ni perrito que le ladre). Acaso porque Hinojosa (José y María) fuera ya en sí mismo la sagrada familia (a falta del “Sagrado Corazón de Jesús”, cuya parusía será el fusilamiento en compañía de su padre, que no estaba muerto, ni de parranda, sino acogiéndolo en su seno, pues los pasearon juntos por fachas y carcas  del P. Agrario (¡cuidado: espoiler!)

 

             CAUSA (GENERAL) DE FALLECIMIENTO: FALLO CARDÍACO

 

   “Cuando hube llegado a la meta se me ofreció como única salida un túnel recubierto de/ láminas de sangre. […] y solo, ya casi al final, me encontré con un guardia que me dijo imperativamente:

   —Lleve usted la derecha.

   Pasé momentos de angustia terribles. Hasta entonces no había apercibido de la falta de mis dos brazos y sin ellos ¿cómo averiguar cuál era mi derecha?/ […] Era falso lo que me imputaban y cuando llegó el juez le dije con la serenidad que supone la inocencia:

   —Señor juez, le juro que no he dejado un momento de llevar mi derecha.”

                    José Mª Hinojosa, La flor de Californía (1928)

 

   Porque el poeta Hinojosa también murió “fusilado”,  a pesar de que “herida por arma de fuego” como causa de su muerte pudiera hacer pensar más bien en un disparo fortuito, limpiando la escopeta de caza, que por algo era un señorito andaluz, tan pijo que, en sus ratos libres, cuando se cansaba de explotar a los braceros, “se dedicaba a la poesía”.

Y tampoco faltarían, espigadas en Poesías completas, citas ad hoc que, cual  profecía de portera, pudieran esgrimirse (y se ha hecho  hasta la náusea con Federico) como presagio, premonición o augurio de un destino trágico. Pues, “después de visto, todo el mundo es muy listo” (que no el castizo “vistos los cojones, macho”,  por odio al transvestí). ¡Con lo fácil que resultaba invocar la Causa (General) de Fallecimiento: fallo cardíaco!

   Y además sin localización de exteriores (tapias del malagueño cementerio de San Rafael, adonde lo mandaron “a paseo”(que diría el non sancto arcángel (caído) Rafael (Alberti), tras una saca de presos nacionales de la Prisión  Provincial, como represalia y a manos de milicianos). No como en el caso del Poeta García, donde sólo faltan el punto kilométrico y el número de matojo (tal vez para evitar aglomeraciones de simpatizantes sin distancia de seguridad que amenazaran el medio ambiente en tan necrófila romería).

   Se nos antoja, sin embargo, que tal imprecisión topográfica oculta una razón esotérica. Y es que, a tenor de la ficha de Hinojosa, nacido en una Málaga bajo enseña rojigualda, su muerte se produce en una Málaga paralela, de un estado virtual cuya bandera tricolor lleva a pensar, si no en un exilio dorado (o morado, más bien) en algún país hermano (y fratricida)—no alma gemela sino melliza, siamesa (para más INRI) o siamesina—, sí en la “España peregrina”, buque fantasma del judío (¿y masón?) errante, bajo pabellón de la (con)Federación de Repúblicas Socialistas Ibéricas, rumbo al País de Nu(n)ca Jamás.

   En el caso de García, nacido y  muerto en la España rojigualda, huelgan las banderas, brillan por su ausencia “los trapos de colores”, porque Él fue un “español universal” sin nece(si)dad de españolear, aunque su nacionalidad sea “española” (igual que Hinojosa, ¡caramba, qué coinsidensia!) y su “lengua materna” —pues también hablaría ingléh, ya que, a la vista de la ficha, su cosmopolitismo lo guio ¿antes? a la Universidad (privada) de Columbia (¿Poeta (estudiante visitante, oyente, sin acabar el curso siquiera) en Nueva York?) que al “erasmus” de “la Junta” (de Ampliación de Estudios) en la “Facultad de Filosofía y Letras de Granada” (la de su  hoy comisario y albacea, el eximio Luis Gª, “hermano del alma” y camarada, y en la que se matriculó, al igual que en la de ¡Derecho!, aunque esté feo el  decirlo)—, su “lengua materna”, dije, digo, era el “castellano”. Lo que no rige para Hinojosa —ya que difícilmente podía tener lengua materna un huérfano de madre—, salvo que se h/ojee su único poemario reeditado hoy como tal fuera de su Obra completa, para saber que no era un poeta regionalista andaluz sino surrealista, ni escribió en inglés, aunque alguien poco avisado pudiera creerlo si no pasa del título de La flor de Californía (sic) —pero sin el sic, como aviso para los menos avispados—.

                   

           FEDERICO GARCÍA LORCA

 

  

                   JOSÉ MARÍA HINOJOSA

 

                                                     DIGLOSARIO 2:

 CURRÍCULA, CURRÍCULOS, CURRÍCULUMS…        TÍTULOS SON AMORES (Y NO OBRAS MENORES)

 

   “Consumados el suicidio literario y la muerte a sangre fría, se cernirá todavía sobre su figura un coro de martillos para aplastar en lo sucesivo su voz. Al bando republicano, en el que se cuentan muchos viejos amigos, así como le conviene hacer de Federico un mártir no parece que le venga bien la reivindicación de la memoria de Hinojosa. El nacional, el que él eligiera, le hubiese abierto los brazos a un nuevo mártir asesinado por las hordas comunistas si no fuera porque las más de sus obras, entre ellas muy/ especialmente La flor de Californía, eran merecedoras tan sólo del fuego purificador, por retorcidas y heréticas.”

                    José Antonio Mesa Toré, “Prólogo” a La flor de Californía [pp. 34-35.]

 

   A tenor de la sinopsis del currículum, el Poeta García gana al poeta Hinojosa de calle. Sólo por el tamaño (que también importa). No hace falta tomarse la molestia de  leerlo. Ni siquiera hay que saber leer. Salta a la vista.

   Versátil y polifacético (siete ocupaciones distintas) y multidisciplinar (todo un sindicato de oficios varios en el hombre orquesta del circo de la Vanguardia), García cultiva todos los géneros (es un trans-género transversal), les da a todos los palos (que puede), tiene una docena de “obras notables” (por no entrar en obras menores, para no aburrir al lector). En fin, todo un hombre de pluma (que diría el francés). Una firma del arte total.

   Hinojosa, por el contrario, es “escritor” (menos mal que no se dice “literato”), “editor”  (de Litoral, “la revista del 27”) y, para mayor grisura, “abogado” (el señorito Hinojosa). Y sobreviene el milagro al comprobar que el hijo del terrateniente del que no consta que tuviera estudios era ¡abogado! ¿Le regalaron el título sin ir a clase por hijo del cacique?

¿O lo obtuvo en el campus local de la Univ. de Columbia, en el retablo colonial de Don Cristobita (Colón) de Palos de Moguer,  con ese desertor de la Abogacía  que fue Juan Ramón Jiménez Mantecón —quien sublimara en lírica desgrasada y sacamantecas esa consonancia de niño de mamá,  ‘regalón y delicado’ (DRAE), de su apellido materno?   ( Y ”las palabras que terminan en “ón”, esas suelen ser para morirse de risa”, que  cantaba Manolo Gª Gª, cuando Los burros no se habían quedado en El último de la fila)—.

   En realidad, estudió leyes en Granada —“fue en Granada -¡pobre Granada!-”, podría haberle escrito Antonio, el hermano de Manuel Machado (como lo calificara Borges)— y en Madrid (y luego a París, y Londres, y por fin a Rusia de carabina de los Bergamín).

   Presenta una adscripción de género único: poesía. (Podría haber sido peor: poesías.) Y como, por lo visto, carece de obras notables (de aprobadas o…suspensas, ni hablemos), se completa el ítem (se rellena el hueco, mejor) con su adscripción política, como colofón: “¡Comunión Tradicionalista!” Laico sambenito (amén de profano sanmartín), vade retro(grado), ECCE HOMO del puño y la letra con sangre entra, sello y matasello, y sin firma, ni aspa (y ¡que lo aspen!) [Acaso como redención, en un acto de justicia parapoética, de aquellos pecadillos de juventud de La (sacrílega) flor de Californía (o Californication, banda sonora de Red Hot Chili Peppers (1999), “sobre Los Ángeles”)].Y para más INRI,  el ¡del Sagrado Corazón de Jesús! era él Otro. Pero ni a uno el nombre, ni al otro la fe les sirvió de ¡detente, bala! Tal vez porque la Guerra (ci)Vil fue un contradiós.

  “Las vueltas que da la vida, el destino se burla de ti. ¿Dónde vas, bala perdida? ¿Dónde vas, triste de ti?”, que cantaba el policía nacional Yosi Domínguez, el de Los Suaves.

 

                           ¿ENCILOGOPEDIA, GÜIQUIDEMIA O WOKEPEDIA?

                                                  (ADVERTENCIA)

 

   “El aire cayó de rodillas y mi carne ardía en una hoguera encendida sobre la más alta montaña, quedando mi sangre en libertad. Y mi sangre hecha amapolas descendió a los trigales tiñendo de rojo el pan y el vino que servirá de alimento a siete generaciones consecutivas hasta que el día del Juicio Final tu sangre y mi sangre y la sangre de todos los hombres brote de la tierra de mil surtidores que inundarán nuestras tumbas y quedará enrojecido eternamente el manantial del aire de donde sólo manará aire rojo.”

                              José María Hinojosa, La flor de Californía [p.122.]

 

   Si la monumental Enciclopedia de antaño se ha ido degradando hasta mutar en esta enciclicopedia globalitaria de agit-prop que es Wikipop, me quedo con la de Álvarez.

Y eso, para el incauto lector autodidacta que se lanza a navegar en tamaño piélagoogle, porque si cursa ya enseñanza universitaria obligatoria (abductoria o reprogramatoria), saldrá tocado (quizás hundido), sonado, contactado y zombi perdido para toda la vida.

 

     Referencia: Luis Arturo Hernández (España, 1958). Licenciado en Filología Hispánica. Ex profesor de Lengua, ex-crítico literario, excritor y “escribidor” de toda la vida.