No uno, ni dos, ni tres;

cuatro ventiladores tengo

en mi habitáculo, ¡pardiez!

Cual hélice de helicóptero

pende uno sobre mi cama

ventilando mi decúbito

de la cabeza a los pies.

Otro tengo atornillado

sobre mi cómoda a la pared

para que mientras me visto

su vientecito me dé.

Los otros dos los coloco

según donde yo esté,

apuntando a mi escritorio

o a mi canapé.

O me llevo uno de ellos

al baño cuando me afeito;

aquello, si no, es una sauna

que abre grifos en mi piel.

 

No uno, ni dos, ni tres;

cuatro ventiladores tengo

en mi habitáculo, ¡pardiez!

Que hace un calor en mi isla

que aguantarse no se pué.