En las laderas de los montes Charanandri, en la región del Decán (actual estado indio de Maharashtra), y a lo largo de una línea continua de dos kilómetros, se excavaron entre los siglos VII y XI una serie de monasterios y templos pertenecientes a tres de las grandes religiones del subcontinente: hinduismo, budismo y jainismo. A diferencia de otros lugares de la India, como las vecinas cuevas de Ajanta, Ellora nunca dejó de ser visitada.

Recién estrenado el siglo XVIII, el médico y viajero veneciano Niccolao Manucci, al servicio de la corte mogola, había llegado hasta allí y se había sorprendido de la calidad artística de sus esculturas y pinturas. Incluso cronistas mogoles como Muhammad Kazim admiraron la habilidad y sofisticación de los artistas que excavaron Ellora.

A principios del siglo XIX, John B. Seely, un oficial británico acantonado en Bombay, oyó hablar de las cuevas de Ellora, con sus magníficas esculturas y pinturas, y decidió visitarlas. Seely era un joven inquieto, curioso y apasionado por aquella India tan distinta a su Inglaterra natal.

Sus superiores en Bombay intentaron disuadirle y le advirtieron de los peligros que corría, pero no lograron frenar su entusiasmo ante la que consideraba la aventura de su vida.
El 10 de septiembre de 1810, Seely emprendió un viaje que le llevaría 500 kilómetros al norte de Bombay, a través de tierras dominadas por bandidos, selvas infestadas de mosquitos, altos pasos de montaña y ríos infranqueables, bajo unas temperaturas de más de 40 grados y el acoso constante de nativos hostiles. Le acompañaba una extensa comitiva: bueyes para transportar su tienda, porteadores que llevaban su cama de campaña y su escritorio, varios sirvientes y una escolta armada de seis cipayos y un cabo. Tras varios días de agotador viaje llegaron a Poona, la cosmopolita capital de la confederación mahratta, un reino indio independiente. En Señor, Seely cambió la guardia y compró nuevos bueyes y un camello, pero en Toka sufrió unas fiebres y tuvo que descansar varios días. Parcialmente recuperado, Seely atravesó la jungla, y por fin, a lo lejos, observó la aguja de un templo. Estaba en Grishneshwar, un pueblecito cercano a Ellora. Seely se dirigió rápidamente a Ellora, que se hallaba a un kilómetro y medio.  Cuando por fin alcanzó su objetivo, quedó extasiado ante lo que vio:

«Es totalmente imposible describir los sentimientos de admiración y asombro suscitados en mi mente al advertir por primera vez aquellas maravillosas excavaciones y ver los
magníficos edificios entre los que la gente hormiguea».

Hay 34 templos en Ellora: 17 hinduistas, 12 budistas y 5 jainistas. La mayoría son cuevas abiertas en la montaña, y sólo dos son templos aislados, también excavados en la roca pero separados gradualmente hasta quedar prácticamente exentos.

Uno de ellos es el templo hinduista más grande y extraordinario de la India: el Kailashanta o Kailash, que significa «montaña sagrada», la residencia de Shiva, dios de la creación y de la destrucción.

El colosal templo fue construido por el rey Krishna I en el siglo VIII en un solo bloque monolítico, y se excavó desde la cima de la montaña hacia abajo. De 30 metros de alto, su entrada está flanqueada por dos columnas de 15 metros cada una y todo el edificio está repleto de intrincados relieves escultóricos.

Seely hizo montar su tienda frente al Kailash, que fue el primer templo que exploró, y pasó el día siguiente escalando las galerías y penetrando en los templos más pequeños, donde registró y dibujó todo lo que veía. En una de sus incursiones, Seely descubrió el Lankeswar, una enorme capilla excavada en la roca y mayor que todo el conjunto del propio Kailash, con 27 columnas pétreas macizas que sostenían el techo.

La profusión y belleza de tallas, relieves y esculturas de budas gigantescos en el interior de los templos budistas impresionaron al joven oficial. En el Teen Tal, un templo de tres pisos, encontró una hilera de siete budas en posición de enseñar y que aún mantenían parte de su policromía original. Seely tuvo que cruzar un kilómetro y medio de terreno escarpado para visitar los templos jainistas. En el de Indra Sabha contempló una enorme estatua sedente de Mahavira, el 24 y último tirthankara (ser que ha alcanzado la trascendencia) del jainismo.
Pero el esfuerzo de explorar todos y cada uno de los rincones de Ellora, llenos de polvo y alimañas, empezó a pasar factura a Seely, que decidió abandonar el lugar. Nunca regresó.

A pesar de no ser un erudito, Seely realizó una descripción minuciosa y precisa de todo lo que vio en su libro Maravillas de Ellora, publicado en Londres en 1824, pocos años después de que el italiano Giovanni Belzoni diera a conocer al mundo los templos de Abu Simbel.

En su libro, Seely habla con pasión de aquel lugar que le marcó tan profundamente: «En mi humilde opinión no existen monumentos de la Antigüedad comparables a las cuevas de Ellora […] Lector, ¿no es una completa maravilla? ¿O es de menor categoría que los lugares mencionados por Belzoni?».

 

 

CONCLUSIONES:

 

¿Qué tenemos? Un conjunto de 34 monasterios “excavados” en la pared de un acantilado de basalto a lo largo de dos kilómetros, con forma de media luna. Que ciertamente recuerda a la ciudad perdida de Petra (Jordania), porque están en una pared rocosa.

Que en el caso de las cuevas de Ellora es de basalto. Uno de ellos; el templo de Kailash que es de una belleza absolutamente “divina” y al igual que los otros templos es monolítico. Es como una escultura, la escultura más grande del mundo.

Los arqueólogos nos dicen que las instrucciones de maestro arquitecto fueron seguidas de manera estricta y que fueron sacadas entre 200.000 y 400.000 toneladas de basalto durante siglos.

Después de hacer esta aseveración era de esperar que hicieran una estimación aproximada de cuantos siglos y también podían decir cuales fueron esas instrucciones del maestro arquitecto, pues sin duda serían muy interesantes, sin olvidar también que nos dijeran donde están las 200.000 ó 400.000 toneladas de material sobrante, puesto que ese supuesto templo está sin terminar de construir y se aborto la construcción de una forma repentina, ese material tendría que estar ahí. Y sin duda los arqueólogos e historiadores oficiales lo divulgarían para probar su teoría.

En lo que no se equivocan es al asegurar que el templo fue exhumado de la roca. Pero una vez más despachan el asunto de una manera poco creíble, en un intento de dar explicación a algo que no la tiene, al asegurar que fue construido con martillos y cinceles.

Teniendo en cuenta que el basalto tiene un grado de dureza 7 en una escala de 10, estarían picando todavía desde la época del Rey Rastrakuta, y luego tendríamos que hacer otra estimación por los otros 33 templos, claro. Eso sin entrar a considerar el trabajo artístico, ya que tiene un estilo muy recargado, con muchas figuras y relieves, interiores y exteriores.

También dicen que el templo fue excavado desde arriba porque desde el frente no era posible. Lo que no explica cómo fue posible desde arriba.

Lo que es increíble es que ese templo sea de una sola pieza, con toda su ornamentación y dependencias internas, ya que se construyo con la misma tecnología que la ciudad perdida de Petra y todos los mal llamados templos que hemos visto hasta ahora. Además llama la atención que esa maravilla este claramente sin terminar de construir, como todo lo que hemos visto.

Si nos fijamos a ambos lados de esta maravilla hay dos obeliscos, ¿Qué nos recuerda esto?.. Evidentemente nos recuerda a los obeliscos de los templos egipcios y puedo decir que esto no es una casualidad, ni se debe a un ornamento arquitectónico, sino que tiene una funcionalidad en esa máquina maravillosa que realmente son todas estas construcciones que están por todo este planeta.

A la izquierda de la imagen y en el techo, podemos ver la mitad de una especie de escudo que tiene dos figuras zoomorfas que se asemejan a leones, pero que no son leones. Y en tal caso podemos pensar que son inventadas y forman parte del bestiario de ese templo. Pero teniendo en cuenta la clase de tecnología implicada a todos los niveles y en todas las ramas de la ciencia, así como quienes eran y de donde vinieron los verdaderos constructores. Esos animales podían existir perfectamente en el lugar de origen de los constructores.

Pero si nos seguimos fijando en esa especie de escudo que hay en el techo, podemos ver que hay cartuchos, como los cartuchos egipcios… ¡Eso es escritura! ¿Por qué no se sabe lo que pone en ese escudo? Sin duda se está hablando de ese supuesto templo, no solo en este escudo, sino en otros que también hay. Nos diría quién construyo ese lugar, qué es ese lugar en realidad, puesto que no es un templo tal y como nosotros lo entendemos, nos hablaría de quienes eran los constructores, así como de la tecnología empleada.

¿Cómo es posible que no se sepa lo que dice esa escritura: Si este lugar lo construyo el Rey Rastrakuta en el siglo VIII, no es posible que de semejante civilización se haya perdido la conexión histórica y eso no esté traducido, ni exista la más mínima referencia de nada. ¿Entonces por qué no sabemos lo que pone ahí?

Como sabemos esta civilización vino a este planeta a dejar su A.D.N., su civilización y su cultura. Dejo su A.D.N., que somos nosotros, pero no dejo su cultura ni su tecnología porque no dio tiempo. Se aborto la construcción de todos estos supuestos templos que están por todo el planeta en el mismo instante; se aborto el proyecto Tierra y no pudieron dejarnos su increíble tecnología y su enorme saber.

Ni siquiera aprendimos a leer y me refiero a ninguno de los distintos asentamientos humanos que dejaron por todo el mundo, que pertenecemos a distintas razas, que tenemos distinto estilo arquitectónico, distintos idiomas, y distinta iconografía para representar eso que llamamos religión y que no sabemos bien lo que es. Y tampoco sabemos si creérnoslo o no, ya que todo quedo a medio construir, las religiones quedaron incompletas y no se saben explicar de una forma creíble y además tienen una serie de contradicciones que no ayudan mucho en este sentido; aunque también es muy difícil no mancharse de barro en un barrizal y carecemos del apoyo y la guía de la civilización a la que pertenecemos.

Nos están diciendo lo que saben: Que el alma es inmortal y en esto no nos mienten, pero inmortal no en el sentido religioso que nosotros “entendemos” sino desde el punto de vista de los verdaderos constructores que tenían una tecnología que tal vez esté un millón de años por delante de la nuestra actual.

Como acabamos de comentar se aborto la construcción de todos estos supuestos templos en todo el planeta y en el mismo instante; ese instante trágico para todos nosotros. ¿Eso de que nos está hablando? Tal como veremos nos está hablando de una huída.

El templo de Kailash es uno de los 34 monasterios y templos que se extienden sobre más de 2 kilómetros, excavados en la pared de un acantilado de basalto formando una media luna.