Todos los medios, idénticos de toda identidad. Caja tonta, radio o prensa, lo mismo da. En internet, salvo contadas- contadísimas- excepciones, ídem. En España, cojan La Razón o El País, Cope o La Ser, La Sexta o Distrito TV. Todos lo mismo. Todos, eso sí, clave, idénticos (o muy semejantes) propietarios: fondos de inversión. Todos, balando como sumisas ovejitas, repiten sin cesar las mismas y calcadas mentiras de la falsa pandemia. ¿Matices, diferencias, distingos? Claro, hombre. Unos dicen Sánchez asesino y negligente. Y otros, Díaz Ayuso criminal y amiga de Kike Sarasola. Pero todos mienten. A sabiendas, en muchos casos.

Mentir por tu “bien”

No se pueden tomar a vuela pluma, ni mucho menos a la ligera, las rocosas aptitudes y habilidades para la mentira y el baboso servilismo de los periodistas en la gestión de la " crisis" de la falsa pandemia. Tal vez, puede ser, gracias a sus ímprobos y bien remunerados esfuerzos, la salud mental de la peña no se deteriore todavía más. Además de poder sosegar, con su cochina tarea, las turbulencias sociales. En el caso de que los caballeros de la prensa no cumpliesen tan magistralmente su función embustera y calmante, cual analgésico social, la "democracia" se encontraría en un grave "aprieto".

Mentir, derecho y deber

La infoxicación, o mejor dicho, su control total y totalitario, deviene la clave de bóveda de toda gestión de "crisis". Operación psicológica militar, obvio. El control de las patrañas masivas- y la implementación de la subsiguiente censura newtrolera- es una necesidad para el Leviatán. Es importante que las decisiones tomadas por las autoridades para la "protección" de la población sean mansamente aceptadas por todos. ¿Y si las autoridades son terroristas? Pelillos a la mar. ¿Y son abiertamente ilegítimas? Bueno, pasemos página. ¿Y si las decisiones tomadas son absurdas, incongruentes, ineficaces y, muchísimo peor, abiertamente liberticidas, con evocaciones genocidas? Corramos un tupido velo.

 

Mentir “bien”

Una gran parte de la peña está jodidamente asustada, ignorando absolutamente los inquietantes detalles de lo que le espera. Los medios mayoritarios, aquilatados anestésicos, evitan explicar dichos detalles. Resultaría demasiado sádico. La angustia agravaría mucho las cosas. Mentir madurada y desorejadamente, con la mayor eficacia posible, se transforma no sólo en algo socialmente útil, sino en un acto "humanitario". Pero hay que mentir de manera aceptable, verosímil, lo que requiere cierta destreza intelectual (no mucha, no se vayan a creer) para ir determinando los recursos (de corte castrense) más eficientes para obtenerlo.

Mentir, necesidad

La mentira, obscena y generalizada, y los diversos cauces para hacerla creíble son una “necesidad” social. La verdad (actual y, sobre todo, de lo que está por venir) ampliamente divulgada por los medios tendría consecuencias dramáticas. Memento la celebérrima frase de Mark Twain. "Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos de que han sido engañados".

Duros como la piedra, de otra manera perderemos. Como me aclaró la lúcida Bego en su día, harrixe bezain gogorra. No queda otra. En fin.